Presupuesto,
deuda pública y pacto socio-económico y político
Franklin
Pimentel Torres, 16-12-2016
En el pasado mes de noviembre el Congreso de
la República aprobó La ley del presupuesto para el año 2017, por 711 mil 399,40
millones de pesos, sin modificaciones y sin prestar atención a las voces
de sectores sociales y de la oposición que exigían reformas y cambios, en vista
a priorizar algunas áreas sociales y a disminuir el nivel del creciente
endeudamiento público.
Un
aspecto que caracteriza el nuevo presupuesto es su carácter centralizador. El
alto porcentaje que manejará el poder ejecutivo
y los diferentes ministerios ($437,469,479,387, cerca de un 61%) es una muestra
de lo que estamos diciendo. A esto se añade la baja inversión presupuestada para
los ayuntamientos, que no llega al 10% establecido, así como para las
provincias que están fuera de las áreas metropolitanas del Distrito Nacional,
Santo Domingo y Santiago.
Miguel Ceara-Hatton (La inversión pública en
las provincias en 2017: ¿cuánto, donde y en qué? Acento, 17/10/2016) ha
señalado que el gobierno dominicano no está en capacidad de desagregar el
presupuesto por provincias y mucho menos por municipio, ni tampoco sabe cuál es
el PIB provincial; lo único que publica son los proyectos de inversión por su
ubicación geográfica.
El Presupuesto de 2017 consigna RD solo $78.1
mil millones para proyectos de inversión en el territorio, de los cuales el 48%
son proyectos en municipios específicos y el 52% son multimunicipales. Ha
señalado, además, el economista Ceara-Hatton, que La inversión pública por
habitante proyectada en el territorio en el presupuesto de 2017
es del orden de RD$8,271 para todo el año, lo cual es equivalente a RD$689
mensuales o alrededor de US$15 por persona.
La mejor muestra del privilegio en la
inversión provincial y municipal la constituye el Distrito Nacional, quien
absorbe el 54.4% de la inversión con el 10.2% de la población. Si los recursos
se le asignaran según la distribución de la población por provincia, solamente
le correspondería RD$7,981 equivalente al 19% de lo asignado. La provincia de
Santo Domingo por ejemplo, la de mayor población del país, tiene el 25.1% de la
población, sin embargo, recibirá solo el 15.4% de la inversión pública total en
el territorio y le debería corresponder RD$19,637, es decir, el 163% de lo que
recibirá.
Un
elemento significativo a tener en cuenta es que el nuevo presupuesto del 2017
tiene, una vez más, un alto componente deficitario y que un una buena parte del
mismo se estará financiando con un mayor nivel de endeudamiento, al ya
existente.
Según
ha señalado recientemente M. Ceara Hatton, la deuda
pública consolidada alcanza US$33.2 mil millones y representa el 47% del PIB a
octubre de 2016, de los cuales US$26.5 mil millones corresponden al gobierno
central y el resto al Banco Central. Esta deuda consolidada del 47% del PIB
implica que cada dominicano, aun los recién nacidos deben RD$3,263 (RD$151,757
que equivale casi al ingreso anual de una persona que gane el salario mínimo
legal de empresas grandes.
Y
el endeudamiento sigue, en el “nuevo gobierno” a un ritmo acelerado, nunca
visto en la historia del país. Solo en los últimos tres meses el nuevo Congreso
ha aprobado préstamos por US$3,689 millones lo que representa el 42% de la
deuda acumulada por los gobiernos presididos por Danilo Medina desde el año
2012.
En el 2017 vamos a pagar cerca de 140,000 millones de pesos de
intereses, que es más o menos lo que se gasta en educación; esos 140,000
millones que se pagarán en intereses están compuesto por alrededor de 115,000
millones que devienen de la deuda del Gobierno central, y 25,000 millones que
le va a transferir el Gobierno central al Banco Central por el pago de los
intereses de la deuda cuasi fiscal,
La
socióloga Rosario Espinal ha cuestionado la voluntad política del gobierno para
hacer un pacto fiscal. (¿Pacto Fiscal? Jajá, Acento, 24 de agosto de 2016) tal
como lo propone la Estrategia Nacional de Desarrollo (END, 2030). La socióloga
ha señalado: “¿Cuál es el problema? El gobierno necesita más dinero para
subsidiar el Estado clientelar, corrupto, y ahora también asistencial. Eso sale
caro. Para ampliar el Estado asistencial hay que ir desmontando el Estado
clientelar y corrupto, pero ningún gobierno dominicano lo ha hecho. Por el
contrario, cada gobierno lo amplía, porque cada día hay más políticos y
seguidores que demandan bienestar”.
Señaló, además, la socióloga
Espinal que se necesita una fuerte concertación social, como la que se organizó
para hacer cumplir la ley que destina el 4 por ciento del PIB a la educación,
para sancionar los fraudes bancarios, y en los noventa para mejorar el sistema
electoral y la justicia. Es necesario trabajar para lograr una reforma fiscal
que contenga el despilfarro, la malversación y la corrupción pública y que
ponga límites al uso clientelar del presupuesto, con el cumplimiento de las
normativas vigentes.
Algunos economistas entre los que podemos mencionar a Alfonso Abreu,
Germania Montás, Nelson Suárez y Ernesto Selman, han afirmado la necesidad de
defender el Pacto Fiscal, que eleve equitativamente las contribuciones, pero
con control del gasto, eliminación de los déficits y limitación del
endeudamiento que ya ronda los 35 mil millones de dólares, 8 veces el del año
2000”.
Entre
las medidas que deben ser tomadas por el gobierno como condición para la
realización del pacto fiscal estarían, según Ceara Hatton (La deuda publica dominicana: ¿hasta dónde?
Acento, 5-12-16): 1.- Mejorar la calidad del gasto. 2.- Establecer
una Ley de responsabilidad fiscal, pero con consecuencias para los que manejen
de manera inadecuada las finanzas públicas. 3.-Prohibir la política de utilizar
el endeudamiento para cubrir gastos corrientes. 4.- Revisar la política de
construcción de las Plantas de Punta Catalina que puede convertirse en un
barril sin fondo de endeudamiento. 5.- Transparentar, así como rendir cuentas
de las finanzas públicas al mayor nivel de detalles para que la sociedad pueda
tener confianza en la acción pública.
Naturalmente,
no basta con las medidas que tome el gobierno. Es necesario la articulación
concertada de las fuerzas sociales, comunitarias, económicas y políticas, para
obligar al gobierno y a la corporación dominante a un manejo más racional,
justo y equitativo del dinero que proviene de las y los contribuyentes. Solo
así podremos reducir la tendencia desbocada al gasto excesivo, al endeudamiento
sin límites y al dispendio de los bienes públicos en corrupción, clientelismo y
asistencialismo.
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