El pueblo habló. ¿Escucharán los poderosos?
Franklin Pimentel Torres - 28 de enero de 2017 -
A unas pocas horas de terminada la impresionante marcha ciudadana contra
la corrupción y la impunidad del pasado domingo 22, el ministro administrativo
de la presidencia J.R. Peralta escribió un mensaje por su cuenta de Twitter que
decía: “Cuando el pueblo habla, el gobierno escucha”. También la
vicepresidencia Margarita Cedeño, puso un mensaje aprobando y valorando
positivamente el ejercicio ciudadano realizado en las calles de Santo Domingo,
el pasado domingo.
Al mismo tiempo que se desarrollaba la marcha en Santo Domingo, se
realizaban otras actividades similares organizadas por dominicanas y
dominicanos en New York y en París. Además, se realizó una impresionante marcha
de mujeres en Washington demandando del nuevo gobernante de USA, D. Trump,
respeto a las conquistas históricas y las prácticas liberadoras, éticas y
ciudadanas del movimiento feminista, que lucha históricamente por la igualdad y
los derechos de las mujeres.
No debemos ser ingenuos y creer en las declaraciones del ministro
Peralta, ni esperar que el gobierno vaya a escuchar tan fácilmente los reclamos
que exigen transparencia, castigo a los culpables de sobornos, de corrupción y
de impunidad. Pues estamos ante una corporación, económico-partidaria, ante un
partido cartel cómplice, formado fundamentalmente por gente históricamente
autoritaria, por personas que en su mayor parte perdieron su identidad original
de ser un partido al servicio del pueblo como lo proclamó su fundador J. Bosch.
Una muestra de la falta de disposición para dialogar y escuchar las
inquietudes populares se puede apreciar en algunas de las recientes
intervenciones públicas del presidente D. Medina. Cuando recientemente un
periodista le preguntó sobre el problema de la corrupción en los más de 4 años
de gobierno, retó a quien le preguntaba a mostrar un solo caso de corrupción.
Cuando en la semana pasada otra periodista le preguntó su opinión sobre la
marcha que se organizaba para el día 22, simplemente se quedó callado. Además,
después de la marcha no ha dicho ni esta boca es mía.
Los antiguos romanos tenían un famoso refrán que decía: “Voz del pueblo,
voz de Dios” (vox populi, vox dei) para significar que cuando el pueblo habla
debe ser escuchado. No obstante, es necesario definir en el contexto de lucha
por los derechos populares qué entendemos por el término “pueblo”; pues al
mismo se le pueden dar diferentes acepciones. Desde nuestro punto de vista
entendemos como “pueblo” a un colectivo popular que tiene unos niveles mínimos
de conciencia ética y política y una práctica transformadora. Y lo
diferenciamos de la masa, que es un colectivo desarticulado y manejado
ideológica y políticamente por los poderosos, por sus partidos, por sus
ejércitos, por sus iglesias y por sus medios de comunicación.
El pueblo con conciencia y dignidad está generalmente formado por gente
empobrecida y por gente de clase media comprometida con su causa, que ha
logrado romper con el tipo de relaciones corruptas, clientelares y
asistenciales que promueven los poderes fácticos –gobiernos, líderes
partidarios, religiosos, empresariales, militares…-, para mantener a la gente
subyugada y dependientes de sus intereses corporativos y bastardos.
En la sociedad dominicana es poco común que los que tienen poder
escuchen y dialoguen con el pueblo consciente, con el que se resiste a ser
masa, que exige y demanda de los que tienen poder político prácticas éticas y
ciudadanas respetuosas, lo que conlleva el rompimiento de relaciones
clientelares, asistencialistas y dependientes.
El famoso educador brasileño Paulo Freire ha dicho que un pueblo puede
demostrar su conciencia crítica y ciudadana solo cuando es capaz de establecer
en sus instituciones, con sus comunidades, con las instituciones públicas y con
sus gobernantes relaciones dialógicas, que permitan re-crear y transformar una
realidad de inequidad e injusticia. Por eso afirmó: “No es en la resignación en
la que nos afirmamos, sino en la rebeldía frente a las injusticias”.
Para que haya diálogo es necesario que exista el real deseo de
comunicarse entre las personas que entran en el proceso dialógico. Mientras no
se da ese proceso, al pueblo empobrecido y pisoteado, pero con conciencia de su
dignidad, sólo le queda el camino de la organización, la articulación, la lucha
constante, para hacer una presión continua que haga posible el logro de sus
objetivos.
En los últimos años el pueblo consciente y organizado es el que ha hecho
escuchar su voz ante la indiferencia y complicidad de quienes gobiernan, con
los depredadores de los bienes públicos y del ambiente o Casa Común. Por eso
fue con mucha presión popular que se detuvo la instalación de una cementera en
las inmediaciones del Parque Nacional los Haitises, que se logró detener la
explotación de Loma Miranda por Falcondo, o el reparto clientelar de las
tierras de Bahía de las Águilas, o la actual lucha por la preservación del
parque nacional Juan Bautista Rancier (Valle Nuevo). Fue esa presión popular
organizada la que logró el aumento de la inversión pública en educación al 4%,
o la que logró parar el desalojo de los moradores de los Tres Ojos, luego que
una institución del Estado vendiera a particulares el terreno en donde habían
hecho sus casas y habitado por décadas.
Estamos en el momento
oportuno para retomar las calles y los espacios públicos, los callejones y los
caminos vecinales, así como las casas del pueblo y las instituciones populares
para organizarnos y proclamar que no hay otra desafío más urgente que transitar
por el camino de la decencia, de la cordura y la honestidad, de la lucha
consciente y organizada por la creación de unas sociedades justas, y
equitativas, donde sea sostenible un proyecto colectivo de vida digna en el
territorio isleño, en el Caribe, en América Latina y el Mundo; por el bien de
las presentes y futuras generaciones.
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