Indignación, organización y propuesta transformadora
Franklin Pimentel Torres,
4-11-2016
En la sociedad dominicana,
caribeña, latinoamericana y mundial están apareciendo continuamente voces
indignadas. Sus espacios favoritos de expresión están siendo las calles y las
llamadas redes sociales o redes digitales. Las preguntas principales que nos
podríamos hacer serían, ¿qué están demandado esas voces indignadas? ¿Qué eco
están encontrando en la sociedad en general y en quienes tienen la mayor cuota
de poder económico y partidario? ¿Cómo articular esas voces en torno a un
proyecto de nación democrática, justa y solidaria?
Entre las voces indignadas más
relevantes de los últimos tiempos están las de Daurin Muñoz que denunció el “sueldo
cebolla” (https://www.youtube.com/watch?v=FfMEvZSkh-4y),
el policía de San Cristóbal, Francisco Díaz, que habló de su decisión de
abandonar las filas de la institución policial, antes que seguir recibiendo los
maltratos físicos y verbales por parte de los oficiales y seguir viviendo en
condiciones de miseria (https://www.youtube.com/watch?v=n_j2NccWtBs). A eso se
añade la voz indignada de una empresaria de zona franca que en un monólogo de
cerca de media hora, que ha circulado en las últimas semanas por las redes
digitales, ha estado denunciando los males del país, desde la falta de educación
y conciencia social de la población, hasta los abusos que comete el gobierno
contra los micro-empresarios (https://www.youtube.com/watch?v=7HUfhTfyUxM).
Es de destacar que hay grupos
indignados que se expresan de forma colectiva. En los últimos años es necesario
destacar las voces indignadas de los cañeros que exigen una pensión como justa
recompensa a años de trabajo semi-esclavo, en los ingenios de la caña
administrados por el Estado Dominicano, o por empresarios explotadores. Por
otro lado, otras voces indignadas se han articulado en torno al movimiento
“Poder Ciudadano”, que ha organizado varias manifestaciones públicas, llamadas
“cadenas humanas”, centradas fundamentalmente en la lucha contra la corrupción
gubernamental.
Las voces indignadas no son solo
del país; en otros lugares del mundo hemos visto como desde el 2011 los
indignados españoles, griegos o de Estados Unidos han hecho expresiones públicas
de su descontento, ante las consecuencias económicas, sociales y políticas de
la economía liberal que permite que los más ricos sean cada vez más ricos, que
las clases medias se empobrezcan perdiendo hasta su vivienda y que los más
pobres crezcan en número y en estrecheces.
En México las voces indignadas
exigen que aparezcan vivos los 43 estudiantes de la Escuela Normal de
Ayotzinapa, secuestrados y desaparecidos,
el 27de septiembre del 2014, por una supuesta coalición entre gobierno
municipal, la policía de Iguala y el cartel de narcotraficantes, “Guerreros
Unidos”. En Chile hay voces indignadas de las y los estudiantes exigiendo que
se haga pública la educación universitaria, que en el momento actual tiene un
alto costo que obliga a las y los estudiantes a endeudarse para poder estudiar.
En Chile, tenemos también las voces
indignadas contra la especulación con los fondos de pensiones que hacen
las administradoras de pensiones. En
Colombia, por otra parte, hay voces indignadas demandando la firma definitiva
del acuerdo de paz.
En España el movimiento de
indignados, que comenzó a movilizarse a partir del 2011 se articuló en torno a
un movimiento político-partidario, llamado “Podemos”. Ese movimiento surgido a
principios del año 2014 consiguió en poco tiempo tener una representación de 5
personas en el parlamento europeo y en las últimas elecciones en España, sacó
71 diputados. De tal manera que las dos fuerzas tradicionales, Partido Popular
y el Partido Socialista Obrero Español, tuvieron que tomar en cuenta las
negociaciones con “Podemos” para poder formar gobierno.
No basta con indignarse, ni salir
un día a las calles para apoyar una propuesta justa, o utilizar herramientas
tecnológicas como el twitter, Facebook, whatsapp y otros para denunciar males
sociales. Es necesario re-definir el modelo de sociedad que queremos construir,
de tal manera que la indignación no se convierta solo en una lucha sectorial
para defender intereses grupales, partidarios o personales. Y ese modelo de
sociedad pasa necesariamente por la conquista del poder político; acceder a los
lugares y espacios en donde se toman las decisiones económicas y políticas de nuestros
países.
La indignación tiene que ser
acompañada de la propuesta; es necesario fortalecer y articular el movimiento social.
Pues mientras siga siendo débil, quienes tienen el poder de decisión seguirán
mostrándose sordos, ciegos y mudos ante las voces indignadas, tal como ha
denunciado Juan Tomás Taveras, uno de los líderes del movimiento que está
reclamando mejores condiciones de vida para la policía (Acento, 4-11-16, http://acento.com.do/2016/opinion/8397925-ciegos-sordos-mudos).
La formación de la conciencia
ética, social y ciudadana, comprometida, es un desafío permanente. Es esta la
que permitiría unir voces, voluntades, capacidades y luchas por lograr mejor
calidad de vida para todos y todas, y en particular para los sectores más
empobrecidos y excluidos del territorio isleño. Ahí nos encontramos con una
lucha permanente que dará sentido al levantase cada día para retomar el camino
que conducen a asumir proyectos de vida que nos ponen en el camino de la Vida
Digna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario