Navidad en tiempo de Herodes
Leonardo Boff,
30-12-16
La Navidad de este año será diferente
de otras navidades. Generalmente es la fiesta de confraternización de las
familias. Para los cristianos es la celebración del divino Niño que vino para
asumir nuestra humanidad y a hacerla mejor.
En el contexto actual, sin embargo,
en su lugar asomó la terrible figura de Herodes el Grande (73 a.C. – 4 a.C.)
ligado a la matanza de inocentes. Celoso de su poder, oyó que había nacido en
su reino, Judea, un niño-rey. Y ordenó degollar a todos los niños menores de
dos años. Entonces se oyó una de las palabras más dolientes de toda la Biblia:
“En Ramá se oyó una voz, gemidos y mucho llanto: es Raquel, que llora a sus
hijos, y no quiere ser consolada, porque ya no existen” (Mt 2,18).
Esta historia del asesinato de
inocentes continúa de otra forma. Las políticas ultracapitalistas impuestas por
el gobierno actual, quitando derechos, disminuyendo salarios, cortando
beneficios sociales como salud, educación, seguridad, pensiones, y congelando
20 años las posibilidades de desarrollo tienen como consecuencia una perversa y
lenta matanza de inocentes de la gran mayoría pobre de nuestro país.
A los legisladores no les son
desconocidas las consecuencias letales derivadas de la decisión de considerar
más importante el mercado que las personas. Dentro de pocos años tendremos una
clase de super-ricos (hoy son 1.440 según el IPEA, por lo tanto el 0,05% de la
población), una clase media con miedo a perder su estatus y millones de pobres
y parias que de la pobreza pasaron a la miseria. Esta significa hambre en los
niños, que mueren por desnutrición y enfermedades totalmente evitables,
personas mayores que no consiguen sus remedios ni acceso a la sanidad pública,
condenados a morir antes de tiempo. Esta matanza tiene responsables: buena
parte de los legisladores actuales de la llamada “PEC de la muerte” no pueden
eximirse de la culpa de ser los actuales Herodes del pueblo brasilero.
Las élites del dinero y de los
privilegios consiguieron volver. Apoyados por parlamentarios corruptos, de
espaldas al pueblo y sordos al clamor de la calle, mediante una coalición de
fuerzas formada por jueces justicieros, el Ministerio Publico, la Policía
Militar y parte del Judicial y de los medios de comunicación corporativa y
reaccionaria, no sin el respaldo de la potencia imperial interesada en nuestras
riquezas, forjaron la dimisión de la presidenta Rousseff. El motor real del
golpe es el capital financiero, los bancos y los rentistas (no afectados por
las políticas de ajustes fiscales).
Con razón denuncia el científico
político Jessé Souza: Brasil es el palco de una disputa entre dos
proyectos: el sueño de un país grande y pujante para la mayoría y la realidad
de una élite de rapiña que quiere drenar el trabajo de todos y saquear las
riquezas del país para el bolsillo de media docena. La élite del dinero manda,
por el simple hecho de poder “comprar” a todas las otras élites (FSP
16/4/2016).
La tristeza es constatar que todo
este proceso de expoliación es consecuencia de la antigua política de
conciliación de los dueños del dinero entre sí y con los gobiernos, que viene
desde el tiempo de la Colonia y de la Independencia. Lula-Dilma no consiguieron
o no supieron superar el arte sagaz de esta minoría gobernante que, con el
pretexto de la gobernabilidad busca la conciliación entre sí y con los
gobernantes, concediendo algunos beneficios a pueblo al precio de mantener
intocada la naturaleza de su proceso de acumulación de riqueza a altísimos
niveles.
El historiador José Honorio Rodríguez,
que estudió a fondo a conciliación de clase siempre de espaldas al pueblo, dice
con razón: el liderazgo nacional, en sus sucesivas generaciones, fue
siempre reformista, elitista y personalista… El arte de robar es noble y antiguo,
practicado por esas minorías y no por el pueblo. El pueblo no roba, es robado…
El pueblo es cordial, la oligarquía es cruel y sin piedad…; el gran éxito de la
historia de Brasil es su pueblo y la gran decepción son sus dirigentes
(Conciliação e Reforma no Brasil, 1965. pp. 114-119).
Estamos viviendo una repetición de
esta maléfica tradición, de la cual nunca nos liberaremos sin el
fortalecimiento de un anti-poder, venido de abajo, capaz de derribar esta élite
perversa e instaurar otro tipo de Estado, con otro tipo de política
republicana, donde el bien común se sobrepone al bien particular y corporativo.
La Navidad de este año es una Navidad
bajo el signo de Herodes. No obstante, creemos que el divino Niño es el Mesías
liberador y la Estrella es generosa para mostrarnos mejores caminos.
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