Los estudiantes quieren otro tipo
de política
Leonardo Boff,
25-11-2016
Sería ingenuo pensar que el movimiento de los
estudiantes ocupando escuelas y universidades en Brasil y en otros países
latinoamericanos se agota en la crítica de uno de los más vergonzosos proyectos
que hemos tenido para la reforma de la enseñanza media o en la protesta contra
la PEC 241 de la Cámara y ahora PEC 55 del Senado, contra los más vulnerables
de la nación. Lo que se esconde detrás de las críticas es algo más profundo: el
rechazo al tipo de país que hemos construido hasta ahora y de la política
corrupta hecha por algunos parlamentarios en provecho propio. Junto a esto hay
un lado más positivo: la demanda de otra forma de construir nuestro país y de
reinventar una democracia, no de espaldas al pueblo, sino con él participando
en las discusiones y decisiones de las grandes cuestiones nacionales. Ya he
abordado en este espacio este tema a propósito del movimiento de los jóvenes de
2013. Tres autores siguen inspirándonos, pues lucharon por otra sociedad y
siempre fueron derrotados. Ahora retorna la lucha con renovado vigor por medio
de miles de jóvenes en Brasil, Chile, México y en otros países del área.
El primer autor es Darcy Ribeiro en
un texto de 1998 como prefacio a mi libro El caminar de la Iglesia con
los oprimidos: «Nosotros los brasileros surgimos de una empresa colonial
que no tenía el menor propósito de fundar un pueblo. Quería tan solo generar
beneficios empresariales exportables con pródigo desgaste de gentes». Esta
lógica del ultraliberalismo actual se radicalizó en Brasil.
El segundo es Luiz Gonzaga de Souza Lima en
la más reciente y creativa interpretación de Brasil: La refundación de
Brasil: rumbo a una sociedad biocentrada (São Carlos 2011): «Cuando
se llega al fin, allí donde acaban los caminos, es porque ha llegado la hora de
inventar otros rumbos; es hora de buscar otra cosa; es hora de que Brasil se
refunde; la refundación es el camino nuevo y, de todos los posibles, el que
vale más la pena, ya que es propio del ser humano no economizar sueños y
esperanzas; Brasil fue fundado como empresa. Es hora de refundarlo como
sociedad» (contraportada). Esa hora ha llegado.
El tercero es un escritor francés François-René
de Chateaubriand (1768-1848): «Nada es más fuerte que una idea
cuando ha llegado el momento de su realización». Todo indica que este
momento de realización está en camino.
Los jóvenes que están ocupando los locales de
enseñanza están revelando más inteligencia, a ejemplo de la joven Ana Júlia
Ribeiro hablando en la Cámara Legislativa de Paraná, que la mayoría de los
representantes sentados en nuestras sedes parlamentarias, más interesados en
sus negocios que en el destino del pueblo brasilero.
Sin definición partidaria, con sus carteles
incisivos los estudiantes quieren decirnos: estamos cansados del tipo
de país que ustedes nos presentan, con democracia de baja intensidad, que hace
políticas ricas para los ricos y pobres para los pobres, en la cual las grandes
mayorías son invisibilizadas y lanzadas a las periferias, sin estudios, sin
salud, sin seguridad, sin tiempo libre. Queremos otro Brasil que esté a la
altura de nuestra conciencia, hecho de pueblo mezclado y junto, alegre,
sincrético y tolerante.
Efectivamente, hasta hoy nuestro país, como la
mayor parte de los países caribeños y latinoamericanos, fue y sigue siendo un
apéndice del gran juego económico y político del mundo. Aunque políticamente
liberados, seguimos siendo recolonizados, esta es la palabra exacta, pues las
potencias antes colonizadoras, nos quieren mantener colonizados, condenándonos
a ser una gran empresa neocolonial que exporta commodities: granos, carnes,
minerales. De esta forma nos impiden realizar nuestro proyecto de nación
independiente, soberana y orgullosa de sí misma.
Dice con fina sensibilidad social Souza Lima:
«Aunque nunca haya existido en la realidad, hay un Brasil en el imaginario y
en el sueño del pueblo brasilero. El Brasil vivido dentro de cada uno es una
producción cultural. La sociedad construyó un Brasil diferente del real
histórico, el tal país del futuro, soberano, libre, justo, fuerte pero
sobretodo alegre y feliz» (p.235). En el movimiento actual renace este sueño
exuberante de Brasil.
Caio Prado Júnior en La
revolución brasilera (Brasiliense 1966) proféticamente escribió: «Brasil
se encuentra en uno de esos momentos en que se imponen de pronto reformas y
transformaciones capaces de reestructurar la vida del país en coherencia con
sus necesidades más generales y profundas y con las aspiraciones de la gran
masa de su población que, en el estado actual, no son debidamente atendidas» (p.
2).
Con los personajes que están ahí en la escena
política, gran parte acusados de corrupción, imputados o condenados, no podemos
esperar nada sino más de lo mismo. Deben ser democráticamente apartados de la
historia para tener el campo limpio para lo nuevo.
¿Sobre qué bases se hará la Refundación de nuestro
país? Souza Lima nos dice que es sobre lo que tenemos de más profundo y
original: la cultura nacional tomada en su sentido más amplio que envuelve lo
económico, lo político y lo específicamente cultural: «A través de nuestra
cultura el pueblo brasilero pasará a ver sus infinitas posibilidades
históricas. Es como si la cultura, impulsada por un poderoso flujo creativo, se
hubiese constituido lo suficiente para escapar de las constricciones
estructurales de la dependencia, de la subordinación y de los límites tímidos
de la estructura socioeconómica y política de la empresa Brasil y del estado que
ella creó sólo para sí. La cultura brasilera escapa entonces de la
mediocridad de la condición periférica y se propone a si misma con igual
dignidad en relación a todas las culturas, presentando al mundo sus contenidos
y sus valores universales» (p.127).
El texto de Souza Lima se libra de la crítica justa
que Jessé Souza hace a la mayoría de nuestros intérpretes del statu quo
histórico: La necedad de la inteligencia brasilera (Leya 2015),
completada con La radiografía del golpe (Leya 2016).
La mayoría de estos intérpretes clásicos miraron
hacia atrás e intentaron mostrar cómo se construyó el país que tenemos. Souza
Lima, como los jóvenes de hoy, mira hacia delante e intenta mostrar cómo
podemos refundar nuestra nación en la nueva fase planetaria, ecozoica, rumbo a
lo que él llama “una sociedad biocentrada”.
O nace de estos jóvenes estudiantes un país
diferente o corremos el peligro de perder nuevamente el carro de la historia.
Ellos pueden ser los protagonistas de aquello que debe nacer.
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