¿Pobres porque no se organizan?
Por Franklin Pimentel
Torres, 3 de julio del 2015
En este caluroso verano,
en que tanto a nivel nacional como a nivel internacional se está hablando de la
situación de la comunidad dominicana de origen haitiano, del plan de
regularización, de los apátridas y desnacionalizados por la sentencia 168-13, de la supuesta disposición de la Junta Central
Electoral de devolver los documentos a más de 55,000 dominicanos y dominicanas
de origen haitiano, de entrega de carnets de residencia a un grupo de antiguos
obreros de la industria del azúcar, las declaraciones de Juan Bta. Vicini,
representante de la corporación Vicini, de que los cañeros son pobres porque no se
organizan, ha creado un debate en los medios de comunicación y en las llamadas
redes sociales, al que este articulista quiere unirse.
En primer lugar es bueno
partir del hecho de quien hace la declaración es un descendiente de una familia
de inmigrantes italianos que están en esta tierra desde el año 1860, cuando
llegó al país, buscando oportunidades de trabajo y mejores condiciones de vida,
Juan Bautista Vicini. Este inmigrante llegó con “una mano delante y otra
detrás”, como señala el dicho popular y en un principio fue empleado de otro
inmigrante italiano que llegó antes que él.
Los Vicini son una familia de inmigrantes que
logró enriquecerse hasta llegar a constituir, según la opinión de algunos
analistas, la fortuna más grande de República Dominicana. De hecho, según la
revista Forbes (Acento, 30-6-2014), Felipe A. Vicini
Lluberes, Presidente del emporio Vicini debe ser considerado el primero entre
los 10 principales millonarios de República Dominicana. Si la fortuna de los Vicini provino desde un
inicio del cultivo y exportación de la caña de azúcar,
actualmente esta mega corporación empresarial ha incursionado en diversas áreas
como turismo, bienes raíces, servicios financieros, energía, industria,
alimentos y bebidas, y medios de comunicación.
¿Será que los Vicini son
ricos porque se “organizaron” y los cañeros son pobres porque no se
“organizaron”? ¿Será que los cañeros son
los principales responsables de su pobreza y miseria? ¿pudieron ellos tener un contrato de trabajo justo en los ingenios
de la familia Vicini? ¿Contaron con seguridad social? ¿Con seguro médico? ¿Con
atención en caso de accidentes laborales? ¿Tienen hoy esos trabajadores una
pensión que les permita vivir con dignidad? ¿Corrieron diferente suerte a la de
los trabajadores de los ingenios administrados por el Estado Dominicano?
Juan Bta. Vicini y su
familia acumula la mayor fortuna de República Dominicana, en un país donde más
del 40% vive en pobreza y cerca de un cuarto de la población en extrema
miseria. Y podemos preguntarnos, ¿es éticamente lícito que unas familias
acumulen tantos bienes y otras vivan en la miseria? ¿Qué estrategias ha
utilizado dicha familia para apropiarse de tanta tierra y de tantos bienes? ¿Qué
mecanismos tiene el sistema económico y político que permite la creación de tan
escandalosas desigualdades? ¿Qué complicidades y alianzas ha mantenido la
familia Vicini con quienes han dirigido el Estado Dominicano en los últimos 165
años para permitirles acumular tantas riquezas? ¿Cuántos de esos bienes y
riquezas les corresponderían en justicia a las y los obreros de las empresas de
la familia Vicini, sobre todo a los cañeros?
Un grupo de
organizaciones y movimientos sociales respondieron con una comunicación pública
a las declaraciones de J.B. Vicini. Entre otras cosas señalan: “Las organizaciones abajo firmantes consideramos como falsas,
cínicas y carentes de todo sentimiento humano, las declaraciones del señor Juan
Bautista Vicini (…). Al señor Vicini se le olvidó decir que una gran parte de
la enorme riqueza que hoy ostenta su familia es el fruto de la bárbara
explotación a la que por décadas fueron sometidos esos trabajadores en los
ingenios azucareros de su propiedad, a los que tampoco se les permitió
organizarse ni legalizar su estatus migratorio y residencia en la República
Dominicana”.
La periodista M. Cordero en dos editoriales
del diario digital 7 días ha reaccionado, con su característica acuciosidad, a
las declaraciones de J.B. Vicini (“Pobres porque les da la gana”, y “Haitianos
trashumantes”); ha señalado la comunicadora
que ya en un artículo escrito en el 2009 ella había hecho referencia a una
noticia publicada por la agencia EFE, que informaba: “Alrededor de 500 trabajadores haitianos del ingenio
Cristóbal Colón cometieron la impensable osadía de exigir a la familia Vicini,
propietaria de la empresa azucarera, convertir en contrato legal los
incontables años que han trabajado en sus inmensos campos de caña”. Margarita
afirmó, además, que la compañía Vicini, a través de su abogado Mario Carbuccia,
señaló que hacer contratos con los trabajadores haitianos inmigrantes, “es
inviable, ya que los trabajadores son trashumantes y no es posible proveerles de contratos”. De ahí
a la posterior declaración del Tribunal Constitucional, contenida en la infeliz
ley 168-13, que desnacionaliza a los
hijos e hijas de inmigrante, alegando que sus padres y madres, estaban en
“tránsito” en el país, hay solo un paso.
Los Cañeros han sido uno de los grupos que
mejor se ha organizado en los últimos tiempos para defender su derecho a tener
una pensión digna. Sus constantes manifestaciones en frente de la casa de
gobierno así lo confirman. Por eso las declaraciones de J. B. Vicini vienen
desmentidas por esa realidad. No obstante, el debate creado sobre la relación
entre organización popular y superación de los niveles de pobreza puede servir
para crear conciencia en los grupos populares, en los grupos de obreros
organizados y en la población en general, de que solo con la organización
popular, y la toma de conciencia de los propios derechos y deberes es posible
mejorar las condiciones de vida comunitarias,
familiares y personales. Esta es una tarea indelegable mientras se continúa la
lucha por la creación de un nuevo modelo económico y político, en donde los
bienes estén al servicio de todos y de todas y en donde no sea posible la
acumulación injusta en pocas manos, mientras otros y otras viven en la más absoluta
miseria.
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