En conclusión
podemos señalar que el movimiento social de nuestro país, de Am
érica Latina y el Mundo tiene en Francisco un aliado creíble.
En una coyuntura
nacional, e internacional en donde hacen falta liderazgos coherentes, éticos y
políticos creíbles, la práctica y la palabra de Jorge Mario Bergoglio (Papa
Francisco), en su función del principal líder de la Iglesia Católica Romana y
presidente del Estado del Vaticano, se ha convertido en una referencia para
nuestros países, para poner orden interno en la Iglesia Católica, para levantar
su voz en contra de las injusticias sociales, para ayudar a dirimir conflictos
entre países, como en el caso de Cuba y Estados Unidos, entre otros
aspectos.
J.M. Bergoglio, de
nacionalidad argentina, es el primer Papa latinoamericano de la historia.
Sucede J. Ratzinger (2005-2013), quien a su vez sustituyó a K. Wojtyla
(1978-2005); ambos promotores de doctrinas, ideologías y prácticas
conservadoras, al interior de la Iglesia y aliados al liderazgo de los
principales centros económicos mundiales, sostenedores del proyecto económico
neoliberal.
Bergoglio, tenido
como uno de los líderes eclesiales alineados con los sectores más conservadores
desde que fue hecho obispo en 1992, una vez que fue elegido para ser Papa, ha
asumido posturas, actitudes, y acciones inesperadas y esperanzadoras. Por eso
algunas personas hablan “de una nueva primavera para la Iglesia”.
Bergoglio con sus
palabras y sus acciones desafía al liderazgo de la Iglesia Católica,
sobre todo a quienes se han instalado, enriquecido, endiosado y alejado del
pueblo pobre. Por eso hace un llamado a los obispos para que no vivan ni se comporten
como príncipes, sino que sean capaces de ser pastores con “olor a oveja”. Y no
tiene reparo en destituir y mandar a juicio a gente como el ex nuncio J.
Wesolowski, ni exigir la renuncia de obispos que han sido cómplices con los
curas pederastas y con otras acciones corruptas.
Francisco mantiene
la coherencia con un estilo de vida sencillo, austero. De hecho ya siendo
arzobispo de Buenos Aires, Argentina, renunció a vivir en el palacio
arzobispal, viviendo en un pequeño apartamento y optando por utilizar el
transporte público o salir a comprar un poco de pan a la panadería de la
esquina, para prepararse la cena o el desayuno. En coherencia, Francisco,
una vez elegido Papa, no quiso vivir en el palacio Vaticano y sigue durmiendo
en una casa de huéspedes, la casa Santa Marta, en donde se alojaba cuando iba a
Roma.
Francisco ha tenido
que enfrentar la corrupción y la mafia al interior del llamado Banco de la
Religión, creado en el Vaticano para apoyar obras de promoción social en
diferentes partes del mundo. Francisco no ha tenido reparo en alejar del mismo
a quienes han utilizado dicho banco para realizar acciones reñidas con la ética
y la propuesta de vida digna, encarnada y asumida por Jesús de Nazaret y su
grupo originario.
Bergoglio mantiene
un discurso social y político que llama a la atención de los sectores sociales
más progresistas, de los diferentes países que ha visitado en sus viajes y
provoca recelos en los centros del poder económico mundial. En su reciente
viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay, en el pasado mes de Julio, se reunió con
diferentes líderes de las organizaciones de la sociedad civil. En
Bolivia, el pasado 9 de julio, se dirigió a las y los participantes en el II
Encuentro Mundial de Movimientos Populares. Ahí afirmó, sin reparos:
“Cuando el capital
se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la
avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la
sociedad, condena al ser humano, lo convierte en esclavo, destruye la
fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso
pone en riesgo esta nuestra casa común”. Y continuó identificándose con las
aspiraciones de quienes estaban en el auditorio: “Digámoslo sin miedo: queremos
un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se
aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo
aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la
Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco”.
El presidente Raúl
Castro ha reconocido públicamente el papel jugado por el Vaticano y
por el Papa Bergoglio en el proceso de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos
(USA). Por eso es de esperarse que la visita del próximo viaje de Francisco a
Cuba y Estados Unidos, en el próximo mes de septiembre, de alguna manera
contribuirá a fortalecer el proceso de diálogo y apertura mutua entre ambos
países
¿Serán sostenibles
la voz profética de Francisco y sus propuestas desafiantes al interior de la
Iglesia Católica? La estructura jerárquica y monárquica de la Iglesia Católica,
que dura más de dos milenios, no asegura que los cambios propuestos por
su liderazgo o por conferencias como el Vaticano II (1963-1965), Medellín
(1968), Puebla (1979) o Aparecida (2007) se mantengan en el tiempo. Porque
generalmente aunque se encuentran buenas declaraciones de los papas y
documentos eclesiales, no se logra cambiar las estructuras internas, ni
la relación vertical, o las alianzas indignantes con el poder
económico-partidario. De tal manera que bastaría que a Francisco lo sustituya
un representante de la tendencia conservadora más radical ligada a sectores
como el Opus Dei, al movimiento de los Neo Catecúmenos u a otros grupos del
sector más conservador, para cambiar de enfoque y de dirección.
En definitiva, el
aporte fundamental de la reflexión y la praxis del Papa Bergoglio es ser una
voz profética, coherente, capaz de avalar su palabra con sus hechos y
actitudes, lo que lo mantiene enfrentado a los sectores sociales más
conservadores, al interior y al exterior de la Iglesia Católica. En eso
se parece mucho a Jesús, el profeta de Galilea y a Francisco de Asís, de quien
tomó el nombre que identifica al primer papa latinoamericano.
En conclusión podemos
señalar que el movimiento social de nuestro país, de América Latina y el Mundo
tiene en Francisco un aliado creíble. Por eso lo más sensato es seguir contando
con su palabra profética, con su mente lúcida, y su corazón solidario,
misericordioso e inclusivo, mientras permanezca en el actual servicio.


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