Franklin Pimentel
Torres, 6-4-2018
En estos días una
noticia relacionada con el mundo religioso, social y político ha estado siendo
debatida en los medios de comunicación social: la expulsión de la Congregación
Salesiana de Rogelio Cruz, una persona comprometida con las mejores causas de
los sectores populares organizados, que luchan por vivir con dignidad, al
interior de los colectivos sociales empobrecidos y excluidos y de una sociedad
estructuralmente injusta.
¿Cuáles son las causas
de tal expulsión? Podemos señalar que se
trata de una realidad multicausal, que está relacionada con la manera del funcionamiento
multinacional, monárquico y centralizado
de las estructuras de la Congregación
Salesiana, como dependencia de la Iglesia Romano-Católica, que no admiten, por
lo general, ningún tipo de disidencia ideológica, pastoral ni política en sus
filas. En medio de esas estructuras el estilo de Rogelio, sus prácticas
solidarias y sus opciones de identificación con las clases populares, lo han
llevado a enfrentar los poderes establecidos, tradicionalmente aliados de los
salesianos en el país, y a las corporaciones económicas y partidarias, que
acaparan riquezas fruto del despojo de los bienes públicos y la corrupción impune. Esas acciones
depredadoras impiden que se empleen todos los recursos que debieran estar
destinados a los servicios públicos y a las necesidades básicas de
alimentación, salud, educación, vivienda, entre otras.
Rogelio Cruz ha
formado parte de la Congregación Salesiana que está en el país desde los años
30 del siglo pasado, que contó entre sus miembros más destacados con el
italiano Ricardo Pittini, quien fue arzobispo de Santo Domingo desde 1935 y que fue un cercano aliado y cómplice del
dictador Rafael L. Trujillo. Fuentes consultadas por quien escribe achacan a
Pittini la siguiente declaración: “Es verdad que Trujillo es un déspota y un asesino,
pero la iglesia tiene que estar cercana a él, para conseguir algo para luego
repartirlo entre los más pobres”.
La Congregación
Salesiana y las Hijas de María Auxiliadora (salesianas) recibieron de parte de
los gobiernos liderados por Trujillo y Balaguer grandes posesiones materiales
en terrenos, estructuras, y edificios en Santo Domingo, Jarabacoa, Moca, La
Vega, Mao, Santiago, entre otras ciudades. Y pusieron su personal y esas
posesiones, por lo general, al servicio
educativo de los sectores sociales más empobrecidos y excluidos. Sería injusto
no reconocerlo. Los salesianos y las
salesianas han hecho muchas obras educativas, asistenciales y de promoción
humana con sus oratorios y centros juveniles, con sus proyectos con niños y
niñas en situación de calle, con sus escuelas técnicas como ITESA en Santo
Domingo, la Escuela Agrícola que primero funcionó en Moca y después en La Vega,
entre otras. Sin embargo, por lo
general, en esos centros se educa para el individualismo, la auto-promoción y
para promover prácticas asistencialistas; no se prioriza la formación de
personas con conciencia crítica que cuestionen las estructuras establecidas, ni
se comprometan con proyectos orientados a la búsqueda del bienestar colectivo y la transformación social. Y quien escribe lo
hace con conocimiento de causa.
Rogelio forma parte,
desde hace varias décadas, del movimiento de Jesús enfrentado al templo y al
palacio monárquico de Jerusalén. Forma parte de la izquierda religiosa isleña,
caribeña y latinoamericana, identificada y
comprometida con la dignidad de los más pisoteados y explotados. Y como
Jesús ha tenido conflictos permanentes e insalvables con el poder establecido.
Como sucedió con Jesús de Nazaret y su movimiento profético ha enfrentado
también el poder religioso aliado del poder económico local y transnacional (como las mineras),
corporativo, militar, mediático y partidario. Y como en el caso de Jesús y
tantos otros profetas latinoamericanos le ha tocado asumir su viacrucis
permanente, incomprensiones, pero también ha contado con el cariño, el aprecio
y la admiración de quienes valoran su estilo, sus convicciones y testarudez, su
discurso y su práctica ética y política.
Una de las estrategias
mediáticas que ha utilizado el poder religioso para intentar justificar la
expulsión de Rogelio ha sido acusarlo de tener y haber declarado varios hijos y
así violar la norma celibataria impuesta por las autoridades eclesiásticas
desde hace varios siglos. Sin embargo, tanto la Junta Central Electoral como
Nuria Piera en su programa sabatino de investigación, se encargaron de
desmentir tal información. Incluso Nuria
demostró que el actual Inspector Salesiano, la máxima autoridad de esa
organización en el país, Francisco Batista, sí podía ser acusado de haber
violado y embarazado durante su labor pastoral en La Vega, hace unos 25 años, a
una adolescente de 16 años. Peor aún, la habría obligado a hacerse un aborto,
para lo cual habría pagado unos $5000, tal cual lo narró la principal testiga
de los hechos. Así, el juez acusador se convirtió en el principal acusado.
El gran profeta
latinoamericano del siglo pasado Helder Cámara, obispo brasileño, dijo una vez:
“Cuando doy de comer a un pobre me llaman santo; cuando pregunto por qué el
pobre no tiene comida, entonces me llaman comunista”. Con Rogelio ha pasado
algo parecido. Como el comunismo no está de moda, en el mundo neoliberal
globalizado, entonces le llaman terrorista, inadaptado, irrespetuoso,
desacatado…[1] Sin embargo, él sigue en sus andanzas y
cuenta con un colectivo de personas y organizaciones que se sienten identificados con su estilo y
sus luchas indignadas y solidarias.
Rogelio será expulsado
de la congregación salesiana y por tanto de las estructuras de la Iglesia Romano-Católica; eso es noticia de
una crónica anunciada. Sin embargo Rogelio estará más disponible, más liberado
para seguir sirviendo a los grupos sociales más empobrecidos y oprimidos.
El
Movimiento de Jesús, así como el movimiento popular organizado, podrán
recuperarlo plenamente; podremos seguir contando con sus palabras proféticas e
indignadas y su presencia solidaria allí en donde esté en juego la defensa de
la Casa Común y sus habitantes y la vida digna de los sectores sociales más
empobrecidos y excluidos. Seguirá aportando significativamente a la
construcción de una sociedad justa y equitativa, siguiendo el sueño de las
primeras comunidades jesuánicas, en donde: “Entre ellos y ellas nadie sufría
necesidad… pues compartían todo cuanto
tenían; vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre
todos y todas, según las necesidades de cada persona” (Hch 2,44-45; 4,34).
[1] La grandeza de los salesianosandeza de losgrandeza
de los salesianos y un salesiano en desacato.
El Día, 3-4-2018.
Disponible en:
http://eldia.com.do/la-grandeza-de-los-salesianos-y-un-salesiano-en-desacato/
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