Franklin Pimentel Torres,
11-5-2018
El pasado sábado, 5 de
mayo, se celebró el bicentenario del nacimiento de Carlos Marx (1818-2018), uno
de los científicos sociales más prominentes del siglo XIX, cuyos estudios e
investigaciones sobre el funcionamiento de la economía capitalista ha influido
en las ciencias económicas, sociales y políticas así como en la articulación de
sistemas económicos de corte socialista, durante los últimos dos siglos.
Marx planteó la necesidad
de que los trabajadores organizados fueran los protagonistas en la creación de
una sociedad en la que se transitara del capitalismo al socialismo y de este al
comunismo; con una apropiación de los medios de producción y la administración
colectiva de la tierra, las tecnologías y los productos industriales.
M. Bosch[1]
señaló con precisión: “Marx nos aportó tres elementos decisivos: 1) Son los
seres humanos quienes hacen la historia y, por tanto, pueden transformarla; 2)
Las luchas sociales no pueden ser hechas en función de sustituir una opresión
por otra. Y 3) no habrá democracia ni prosperidad material ni derechos
individuales, allí donde la vida social esté sustentada en la explotación de
unos pocos seres humanos sobre otros, y las personas sean cosas, herramientas,
en lugar de sujetos libres. Da igual que quienes dominen tengan corona de
reyes, títulos de propiedad o rango de patronos”.
El actual Papa
Francisco ha sido un crítico de la economía capitalista. Ha señalado: «El principal
problema ético del capitalismo es la creación de descartados a los que después
quiere esconder». Y en un discurso dirigido a líderes de movimientos sociales
en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el 9 de julio, 2015, afirmó
contundentemente: “El sistema
capitalista ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo, por eso
este sistema no se aguanta; no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los
trabajadores... no lo aguantan los pueblos”. Francisco propone, como
alaternativa, la ‘economía de comunión’,
pues “los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del
dinero. Digamos “NO” a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero
reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía
destruye la madre tierra”.
Jesús de Nazaret, según
narra los evangelios, multiplicó el pan para comiera toda una muchedumbre
hambrienta y planteó el proyecto social del “Reino de Dios”, una sociedad y un
gobierno que priorice lo público, en donde no haya acaparamiento de bienes en
pocas manos, sino donde haya unas relaciones fundamentadas en la solidaridad, el
amor y el servicio, expresados en el cuidado prioritario de los más
débiles. Por esto el teólogo brasileño
Frei Betto ha afirmado que Marx fue el hombre que “dio sustento científico al
reino nuevo que Jesús profesó en la Tierra.”
El libro bíblico de los
Hechos de los Apóstoles planteó el compartir los bienes como exigencia de la vida
comunitaria de las y los primeros integrantes de lo que se ha llamado el “Movimiento
de Jesús”. Señala el texto: “Todos los creyentes vivían unidos y compartían
todo cuanto tenían. Nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que todo lo
tenían en común. Vendían sus bienes y propiedades y se repartían de acuerdo a
lo que cada uno de ellos necesitaba. No había entre ellos ningún necesitado,
porque todos los que tenían campos o cosas los vendían y ponían el dinero a los
pies de los apóstoles, quienes repartían a cada uno según sus necesidades” (Hch
2,44-45; 4,32.34-35).
Las academias, los centros
de investigación social y económica, las redes de economía solidaria,
orientados a la búsqueda de sociedades equitativas, no dominadas por la
imposición de las transnacionales y de las corporaciones económico-partidarias
locales, con su propaganda mediática propia del mercado capitalista, tienen el
desafío de seguir leyendo e interpretando los escritos de Marx, para entender
cómo funciona la dinámica de la sociedad capitalista, y para descubrir los
mecanismos y estrategias para su transformación.
Será necesario seguir aportando
y fortaleciendo las luchas locales, caribeñas, latinoamericana y mundiales por
la implantación de un sistema económico en donde se prioricen los proyectos
sociales que anteponen lo comunitario a lo personal, lo público sobre lo
privado, sustentado en una ética de la comunión y el servicio. Esto se
concretizará en la búsqueda colectiva de la satisfacción de las necesidades
materiales de alimentación, salud, educación, vivienda, seguridad social y servicios de calidad para toda la población
y en particular para las y los más empobrecidos y excluidos. Para esto será
necesario seguir fortaleciendo los proyectos e iniciativas de economía
solidaria, desde las organizaciones
comunitarias, las instituciones educativas, los sindicatos obreros, los gremios
profesionales, los partidos y movimientos políticos, entre otros.
[1] 200 años de Carlos Marx.-
9-5-2018. Disponible en:
https://acento.com.do/2018/opinion/8563313-200-anos-carlos-marx/
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