Franklin Pimentel Torres, 4-5-2018
Los hechos
vergonzantes y acontecimientos registrados el pasado jueves en la Cámara de
Diputados tienen que llamar a la atención de una ciudadanía crítica, que esté
preocupada por la construcción de una institucionalidad democrática; orientada
a la mejora de la calidad de vida de la población en general, y en particular
de los grupos sociales más empobrecidos y excluidos.
De 190 diputados
que tienen privilegios y salarios de lujo, a costa de quienes pagamos
impuestos, solo asistieron unos 90, con lo cual no se pudo tener el quórum
necesario para considerar la ley de partidos enviada por el Senado; en la cual subyace
como principal propósito el imponer, por todos los medios, las primarias
abiertas y simultáneas, pues una parte de ellos sospechan que esta es la
modalidad que mejor les conviene para retener el poder en las instituciones
estatales y públicas más allá del 2020.
El editorialista
de Acento (4-5-2018) sospecha que el danilismo no ha logrado asegurar
(¿comprar?) los votos necesarios para lograr pasar la ley, tal como fue enviada
por el Senado, que algunos catalogan como un traje hecho a la medida de los
intereses del PL-danilismo reinante. Así las ausencias del pasado jueves de
diputados de la corriente del danilismo, del leonelismo, así como del PRM,
pueden formar parte de todo una estrategia dilatoria orientada a dos posibles
opciones: esperar hasta que el danilismo consiga o compre los votos necesarios
para aprobar la ley de partidos tal como la envió el Senado; y en caso de que
esto no sea posible, crear las condiciones para que no haya consenso en la ley
de partidos y permitir que estas corporaciones sigan actuando sin ningún tipo
de regulación social, pública y externa.
En la sociedad dominicana hay una
alianza entre grupos económicos y partidarios y los grandes medios de
comunicación para imponer los temas que a ellos les interesa. Y en la mayor
parte de los casos sus intereses no parecen coincidir con las mejores causas
nacionales. Tal parece suceder con el tema de las primarias abiertas o cerradas
dentro de la ley de partidos. En este sentido ha afirmado lúcidamente J.L.
Taveras: “Las discusiones han sido agobiantes; nos
tienen en el umbral de una paranoia colectiva con un tema que en esencia es del
interés de los partidos. Lo más surrealista es que en la propuesta de ley de
partidos, contexto de esta sorda controversia, se abordan otros temas aún más
trascendentes y que por su sensibilidad debieran convocar a serios debates
académicos, como el financiamiento, los procesos de democracia interna, el
régimen de derechos de los miembros, las precampañas, el control y la
supervisión de las actividades, y ni hablar del modelo de participación
electoral para darle un carácter inclusivo a través, por ejemplo, de
candidaturas independientes; pero no: la idea inconfesa pero firme es llegar a
las próximas elecciones sin una ley de partidos”.[1]
El
jurista F. Álvarez ha a afirmado con
lucidez que detrás del debate por las primarias de los partidos está la lucha
interna entre las dos facciones del partido en el poder, cuyo principales líderes,
Danilo y Leonel, son representantes de dos corporaciones económico-partidarias
cuyos intereses parecen irreconciliables en estos momentos. Ha dicho F. Álvarez:
“Leonel y el presidente Medina han asumido la defensa de modelos
distintos, pues los intereses políticos de ambos se podrían ver afectados
dependiendo del modelo que se escoja (…). Al presidente Medina no le ganaría
nadie la candidatura de su partido, con primarias abiertas o cerradas, pero
ocurre que tiene un impedimento constitucional que se vislumbra difícil
levantar y entonces tendría que cederle la precandidatura a uno de sus delfines
y en ese escenario a Leonel, dentro del partido, no le gana nadie, pero fuera
del partido las cosas son diferentes, y de ahí la gran batalla que libran con
el tema de las primarias”.[2]
Se impone el desafío, para las personas, colectivos e
instituciones sociales comprometidas, de seguir exigiendo al congreso nacional involucrarse
en los temas que realmente interesan a quienes priorizan el interés colectivo,
sobre los intereses partidarios y grupales. Por eso hay que seguirle exigiendo
responsabilidad en la interpelación de los miembros de la Cámara de Cuentas, prudencia
en la aprobación de continuos préstamos sin analizar las consecuencias; y sobre
todo seguir demandando una postura más coherente con el control de la ejecución
presupuestaria, infectada por la corrupción pública y privada. En estos
momentos deben ser prioridad los sobornos y sobrevaluaciones relacionadas con
las obras construidas por Odebrecht –y en particular Punta Catalina- así como
los temas pendientes de la OMSA, del Metro de Santo Domingo, la venta de los
terrenos del CEA, entre otros. Estos deberían ser temas priorizados en la
agenda de un Congreso que represente los verdaderos intereses nacionales.
Recuperar la identidad de los congresistas como
representantes populares que asuman las necesidades e intereses de sus
respectivas comunidades, provincias y regiones, es un imperativo ético y
político. En esto nos pueden ayudar los aportes, con su compromiso ético y sus
prácticas honestas y coherentes, de congresistas de la calidad de Fidelio Despradel
y Faride Raful, entre otros. Pues en definitiva, para lograr avanzar en este
sentido, sigue siendo una prioridad urgente fortalecer la vigilancia continua de
ese órgano por parte de las organizaciones sociales e instituciones preocupadas
por el fortalecimiento democrático e institucional de la sociedad dominicana.
[1]
Entre primarias, Odebrecht
y… la mierda. 1-5-2018. Disponible en: https://acento.com.do/2018/opinion/8560726-primarias-odebrecht-la-mierda/
[2]
Primarias abiertas, simultáneas y organizadas
por la JCE. 17-4-18. Disponible en: https://acento.com.do/2018/opinion/8556210-primarias-abiertas-simultaneas-organizadas-la-jce/
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