Franklin
Pimentel Torres - 10 de marzo de 2018 –
En lo que va de este año 2018 han sucedido varios
acontecimientos y conflictos en los que han estado involucrados trabajadores
haitianos, comunidades y ciudadanos dominicanos que están reflejando niveles
preocupantes de intolerancia hacia la población de inmigrantes de ascendencia
haitiana.
Podemos señalar tres hechos recientes que avalan la
intolerancia de algunas comunidades dominicanas hacia inmigrantes haitianos y
sus familias: 1.- El pasado domingo en la noche (24-3-2018) después de un
choque entre dos motoristas, el uno dominicano y el otro inmigrante haitiano,
en la comunidad Villa Nueva, municipio de Navarrete, provincia Santiago, en la
que resultó muerto el comunitario Pedro Castillo, una turba enardecida
reaccionó quemando 8 viviendas de la comunidad haitiana. 2.- En Sabana Yegua,
Azua (30-1-2018), en una riña entre un dominicano y un haitiano, salió muerto
de un disparo el ciudadano dominicano Bernardo Garabito, a manos de Yimón
Alexander. Como consecuencia la comunidad le quemó la casa al agresor. 3.- En
el municipio de Oviedo, provincia Pedernales (6-2-2018) , tras el asesinato de
Domingo Feliz, por un inmigrante haitiano que huyó, gente de la comunidad
quemaron las casas de varias familias haitianas, quienes en esta ocasión
lograron encontrar refugio en el destacamento de la policía nacional y en el
cuartel del Ejército nacional. Como podemos ver, en los tres casos las
comunidades dominicanas han cometido la injusticia de responder ante un hecho
conflictivo con un intento de desarraigar de la comunidad a las y los
inmigrantes y sus familias, incendiándoles las casas.
En estos días ha aumentado el debate por las redes
digitales, así como en los medios de comunicación social, sobre la supuesta
“invasión haitiana”, lo que llevó al presidente Danilo Medina a anunciar el
pasado 27 de febrero que sería reforzada la frontera con 900 guardias más, como
si no fuera el mismo ejército, con sus prácticas corruptas y abusivas, una de
las causas que agravan y generan el problema del tránsito ilegal de
inmigrantes, del contrabando de armas, droga, licores, ropa, zapato, entre
otros, por la frontera dominico-haitiana.
Otro debate se ha generado en las últimas semanas en
torno al no cumplimiento del art. 135 del Código de Trabajo, por el que se les
debería dar el 80% de los trabajos a los nacionales dominicanos y solo el 20% a
trabajadores inmigrantes de otros países. Y el Ministro de trabajo,
José Ramón Fadul, ha dicho recientemente que enviará una propuesta al Congreso
Nacional para endurecer las sanciones a las empresas que violen lo establecido
en el código laboral, en relación con esta temática.
El periodista J.B. Díaz ha
reaccionado calificando
como “cínica” la propuesta del ministro Fadul. Ha señalado el
comunicador: “Hay tres razones fundamentales para estimar como cínica tal
propuesta: 1.- todavía no se han aplicado las sanciones que él ministro Fadul
considera como benignas; 2.- habría que comenzar a aplicar las sanciones al
mismo gobierno que es el mayor empleador de inmigrantes indocumentados; 3.-
hace tiempo que se hizo tarde para conseguir que las y los dominicanos integren
siquiera el cincuenta por ciento de la mano de obra en la agropecuaria y en la
industria de la construcción, dos de los mayores empleadores”.
Un nuevo debate ha surgido en esta semana en el país
al saberse la noticia de que la empresaria Robin
Bernstein, nominada por el presidente D. Trump para ser
embajadora de Estados Unidos en el país, y en el contexto de la entrevista que
le hizo la comisión del Senado estadounidense, que tendría que ratificar su
designación, señaló explícitamente que una de las políticas que implementaría
desde la embajada en Dominicana sería defender los derechos de los dominicanos de
ascendencia haitiana, desnacionalizados por la fatídica sentencia 168-13 del
Tribunal Constitucional. Ante esta noticia el canciller Vargas Maldonado
reaccionó inmediatamente señalando que dicha declaración constituía una
“injerencia imperdonable” en los asuntos nacionales.
Juan Lladó, en un reciente
artículo ha invitado a buscar las raíces históricas del conflicto domínico
haitiano y sobre todo de esa ideología racista, irracional,
xenófoba que manifiestan sectores y grupos, a ambos lados de la frontera. Ha
invitado el autor a reconocer los aportes de algunos líderes haitianos en el
desarrollo histórico dominicano, sin que deje de reconocer que ha habido conflictos
históricos que puedan estar influyendo en la animadversión que sostienen
personas y sectores de ambos pueblos. Entre estos aspectos señala: 1. Fue
Toussaint Louverture, líder de la guerra por la independencia haitiana quien
abolió la esclavitud en la parte este de la isla, lo cual reconfirmó el
presidente Boyer en 1822, cuando tomó el control de toda la isla para impedir
que los franceses retomaran el poder y volvieran a imponer la esclavitud, como
era su propósito. 2. En el preámbulo de la proclamación de la separación de la
parte este del gobierno haitiano, J.P. Duarte y los trinitarios decidieron
hacer una alianza táctica con los haitianos reformistas liderados por Charles
Herard para contribuir a la derrota del presidente Boyer, en 1843, lo que abrió
el camino para la separación de la parte este. 3.- En 1863 el presidente
haitiano Geffrard suministró las armas para que los combatientes dominicanos
protagonizaron el Grito de Grito Capotillo, inicio simbólico de la guerra de la
Restauración, en donde participaron también soldados haitianos, junto con los
dominicanos, para impedir que el imperio español re-estableciera la esclavitud
en la isla.
Es necesario tener en cuenta que en la mayor parte de
las comunidades fronterizas, así como en las comunidades bateyeras y rurales,
en donde se da una adecuada interacción y convivencia solidarias entre la
población, las comunidades de domínico-haitianos y las dominicanas de parecido
origen étnico conviven por lo general armoniosamente, sin que esto signifique
que no haya dificultades y conflictos interpersonales y grupales.
La acción fraternal y solidaria, tanto de la población
como del gobierno dominicano, ante los acontecimientos y hechos relacionados
con el terremoto que devastó el oeste de la isla en el año 2010, es la mejor
muestra de la voluntad de ambos pueblos de hacerse solidarios cuando las
situaciones lo requieran.
Con Juan
Lladó podemos concluir diciendo que “lo reseñado nos compele a
aspirar a que exista armonía entre los dos pueblos, dominicano y haitiano. Por
suerte, el “matrimonio obligado” entre las partes demanda una prospectiva
positiva. La inquina mutua debe ser reemplazada por conductas de hermandad y acercamiento
y los gobiernos son los llamados a liderar el proceso”.
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