Franklin Pimentel Torres, 20-10-2017
El caso del secuestro y asesinato del abogado Yuniol
Ramírez ha conmovido la sociedad dominicana.
De nuevo hay un hecho de sangre, una muerte prematura, una acción
malévola proveniente del ámbito del poder fáctico establecido, primer
responsable del sistema de robo público, corrupción e impunidad que campea en
el contexto isleño, desde la llegada al territorio de los invasores y colonizadores
europeos.
Pareciera que en el caso de Yuniol Ramírez, por la
forma en que se organizó el crimen y por la crueldad y cinismo mostrada en su ejecución, la
corporación económico-partidaria en el poder, quiso dejar un mensaje: no está
dispuesta a tolerar a nadie que se interponga en su camino para impedir el
desarrollo de la corrupción impune, y el mantenimiento del sistema estructural de
apropiación de los bienes públicos en pocas manos. Hasta ahora dicha
corporación ha manejado la justicia y los hilos del poder para mantener la
impunidad en los diferentes casos de corrupción, incluidos los relacionados con la Sund Land, el CEA,
los Súper Tucanos, la venta del barrio de los Tres brazos, Odebrecht y
particularmente Punta Catalina, entre los casos más significativos.
La
conexión social entre el robo público, la corrupción y los asesinatos ya la
previó J. Bosch, el maestro traicionado por el liderazgo de las corporaciones
económico partidarias en el poder: PLD,PRD/PRM, cuando señaló: “Detrás de los
robos llega el crimen, porque se hace necesario ocultar el robo y por tanto hay
que suprimir las libertades públicas, y para suprimir las libertades públicas
es forzoso establecer el terror, y el terror se establece matando” (Crisis de la Democracia de América en la
República Dominicana, 1963).
Yunior Ramírez, como líder de la Confederación
Nacional de Abogados (CONA), no solo estaba investigando la corrupción en la
OMSA, sino que, además, estaba indagando sobre otros casos como la supuesta corrupción
y sobrevaluación relacionadas con el cambio de imagen del Banco de Reservas. Estuvo,
además, involucrado en las investigaciones y acusación sobre casos de
corrupción relacionados con el actual senador por San Juan de la Magua, Félix
Bautista, involucrado, junto con su jefe corporativo Leonel Fernández, en
varios casos de corrupción que el sistema de la mal llamada “justicia”
dominicana se encargó de archivar.
Ante unas
declaraciones del presidente del Senado, Reynaldo Pared Pérez, que señaló que
quienes no reconocieran los éxitos del
gobierno de Danilo Medina y el PLD eran mediocres, mezquinos y miopes, Yuniol Ramírez cuestionó la validez de
los argumentos presentados por el actual
presidente del Senado y afirmó que el legislador estaba descalificado para
acusar de mediocres y miopes a las y los ciudadanos que ejercen el legítimo
derecho de criticar la gestión del presidente Danilo Medina. El jurista señaló,
además, que las afirmaciones del Senador por el Distrito Nacional, al llamarlo
mediocre, mezquino y miope, le dan el derecho de acusar a Reynaldo de corrupto,
narcisista y desequilibrado, tras afirmar que si en República Dominicana el
Poder Judicial no estuviera secuestrado por el partido de gobierno, él fuera el
imputado número uno de los Casos Odebrecht y los Súper Tucanos, entre otros
casos de corrupción entre los que podría tener responsabilidad penal.
El Ministerio Público, en la persona de la fiscal Olga
Diná Llaverías, ha señalado como posible causa o detonante de la muerte de
Yuniol Ramírez la extorsión que este le
habría hecho al jefe de la OMSA Manuel Ant. Rivas. Y aunque esto está por
probarse, lo que no está en discusión es la realidad de la corrupción en la
OMSA que el periódico Diario Libre se encargó de desvelar desde el año 2013,
mucho antes de que lo hiciera el jurista asesinado[1].
No es nuevo en la historia de la humanidad, de
América Latina, el Caribe y el país la persecución
y la muerte tramadas por los detentores del poder económico y político contra
quienes asumen la defensa de los derechos de las y los débiles y excluidos
sociales. Entre los casos más conocidos tenemos a Jesús de Nazaret, asesinado
por los poderes fácticos de la sociedad judía de su tiempo. En la India tenemos
el caso de Mahatma Ghandi, en Estados Unidos el líder negro Martin Luther King y
en El Salvador tenemos a obispo mártir, Oscar A. Romero; en Argentina y en
Chile los desaparecidos durante los años
de dictadura, entre otros. En el país tenemos
los casos de Francisco del Rosario Sánchez, María Trinidad Sánchez, los
múltiples asesinatos de la era de Trujillo, la matanza de haitianos del 1937, y
los innumerables asesinatos de líderes populares y partidarios durante los 12
años de Balaguer. Y es que el poder funciona siempre de la misma manera:
pretende destruir y desaparecer a quien se opone a sus excesos y desvaríos.
Sería de esperar que la Confederación Nacional de
Abogados (CONA) le dé seguimiento a los casos que investigaba Yuniol Ramírez;
sería una forma de reivindicar la calidad ética del jurista asesinado y así
demostrar que su lucha se engloba dentro de los esfuerzos del sector social
indignado que asume la lucha constante contra la corrupción y la impunidad. A ese
esfuerzo debería articularse la Alianza
Dominicana Contra la Corrupción (ADOCCO) y
otras instituciones y organizaciones que dicen luchar contra este flagelo
social.
En el país, en América Latina y el Caribe es
necesario aunar las fuerzas sociales y los esfuerzos orientados a luchar contra
el robo público, la corrupción, y la impunidad. En nuestro territorio isleño
esos esfuerzos deberían ser articulados en el marco del Movimiento de la Marcha
Verde. Y una articulación de juristas insobornables daría un necesario impulso
para desvelar y enfrentar la perversidad de un sistema de justicia dependiente
de los centros del poder económico y partidario.
[1] Mariela Mejía y Tania
Molina. Deudas, privilegios e ilegalidad en la OMSA. Diario Libre, 7/5/2013.
Disponible
en:https://www.diariolibre.com/noticias/deudas-privilegios-e-ilegalidad-en-la-omsa-JDDL382391
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