Franklin
Pimentel Torres. 3-11-2017
El
pasado 31 de octubre se conmemoraron, en nuestro país y a nivel mundial, los
500 años del inicio de la Reforma Protestante (1517), acontecimiento que tuvo
una importancia significativa para la historia de la religión, para la historia
de las denominaciones religiosas de tradición judeo-cristiana y para su
incidencia social y política en las sociedades en donde se han desarrollado y
han hecho vida dichas comunidades.
La
reforma protestante fue liderada en una primera etapa por Martín Lutero, un
monje alemán de la congregación de los agustinos, quien, como un gesto
simbólico clavó en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg 95 tesis o declaraciones en las
que denunciaba algunas acciones que promovía la jerarquía de la Iglesia
Católica en Alemania y en otros países europeos, sobre todo relacionadas con la
comercialización con las indulgencias, para la construcción de una gran basílica
en el Vaticano.
En el
período cuando se inicia la Reforma Protestante en Europa, ya había llegado a
nuestra tierra el cristianismo católico, de la mano de los
colonizadores/invasores españoles que habían llegado por primera vez en 1492, y
que eran emisarios del monarca vaticano, el Papa Alejandro
VI (1492-1503) y de
los llamados reyes “católicos” de España, Fernando
II de Aragón e Isabel I de Castilla. Ese cristianismo fue
testigo y cómplice del maltrato y genocidio hecho contra la población indígena
y luego contra los negros traídos de África como esclavos.
El
teólogo estadounidense J. Pixley en su obra “Historia de Israel desde los
Pobres”,[1]
propone un esquema sencillo para analizar la estructura socio-económica que se
desarrolló en el imperio egipcio a partir del tercer milenio, a.e.c. y el lugar
que ocupaba en esa sociedad el sector religioso. Según el estudioso dicho
esquema se reprodujo, además, en otros imperios y en otras sociedades de la
antigüedad. Según el mismo en la cúpula de la pirámide social estaba el monarca
o faraón, que para mantenerse en el poder necesitaba del soporte de tres tipos
de funcionarios (llamados “hijos del rey”): civiles, militares y religiosos.
Dichos funcionarios ejercían su poder sobre las comunidades campesinas o
aldeas, y exigían cada vez más impuestos sobre la producción de las familias
campesinas.
En el
esquema de J. Pixley, los funcionarios religiosos estaban al servicio de las
decisiones del monarca, servían de mediadores entre las comunidades y el
monarca, y desarrollaban una ideología religiosa según la cual, la divinidad
principal de Egipto era un gran monarca invisible que controlaba el universo,
pero que tenía en el faraón su príncipe visible; por eso se le llamaba “hijo de
Dios”. Es así como el poder político, era sustentando por el poder religioso;
lo cual casi siempre, se ha traducido en detrimento de la calidad de vida de
los sectores sociales más empobrecidos y excluidos.
El
cristianismo de corte protestante llegó también a nuestra tierra ligado al
poder económico y político. Se habla, por ejemplo, de una iglesia metodista de
origen africano que estuvo ligada al proyecto de la revolución de los negros en
la parte occidental de la isla, que terminó con la proclamación del Estado
haitiano como una nación independiente (1804), y que luego se estableció en la región
del Nordeste, en la zona de Samaná. Sabemos, además, que algunos de los grupos
protestantes llegaron al país en el tiempo del gobierno de Boyer, así como
posteriormente durante la invasión/colonización estadounidense de 1916-1924,
como es el caso de la Iglesia Episcopal Dominicana.
El
liderazgo del cristianismo de tradición católica casi siempre estuvo ligado y
aliado a los grupos del poder económico y político desde los tiempos de la
colonización/invasión europea. Eso lo ha llevado a ser, por lo general, aliado
y sostén de los grupos económicos y partidarios más conservadores o simplemente
de aquellos sectores liberales que le permitan compartir poder y riquezas a los
jerarcas religiosos.
Es de
recordar la estrecha alianza del liderazgo de la Iglesia Católica con el sector
de la burguesía comercial de los gobiernos de Buenaventura Báez en el siglo
XIX, o la presencia de líderes eclesiales en el movimiento azul, al cual
perteneció Fernando A. de Meriño quien fue presidente de la República
(1880-1882) y obispo de Santo Domingo (1885-1906). Otro período de estrecha
alianza entre el poder religioso y el poder económico-político fue el largo
período del ejercicio del poder de Rafael L. Trujillo (1930-1961). Quizás fue
el período de la historia nacional en donde se desarrolló un mayor nivel de
alianza y complicidad entre el poder político, económico y el poder religioso.
Es justo
señalar que tanto en el ámbito católico como en el protestante siempre ha
habido personas y comunidades proféticas –aunque siempre minoritarias- que han
renunciado a la tentación de ser cooptadas por el poder económico y partidario
y han mantenido su voz profética en contra del acaparamiento de bienes en pocas
manos, de la violencia del poder y a favor de una mayor y justa distribución de
las riquezas. El caso de Antón de Montesinos (1511), representante de la
comunidad dominica, es uno de los ejemplos más significativos.
De poco
sirve conmemorar el 500 aniversario de la Reforma Protestante o de la llegada a
nuestras tierras del cristianismo católico (recordamos el llamado Quinto
Centenario, que se celebró en 1992), o del cristianismo de origen protestante,
si eso no significa un compromiso real de esas comunidades para incidir en las
políticas públicas orientadas en vista a mejorar la calidad de vida de la
población que vive en esta isla y en particular la más empobrecida y excluida.
Ahora
que estamos avanzando significativamente en la creación de una conciencia
ciudadana con la Marcha Verde y con otros espacios de participación política,
es el momento oportuno para hacer un llamado a las comunidades proféticas,
tanto de tradición cristiano/católica como de tradición cristiano/protestante a
que se integren a la lucha por una sociedad más justa y equitativa, lo que
exige, como condición previa, el control de la corrupción pública y privada y
el fin de la impunidad.
[1]
Disponible en: https://ebenezervalledechalco.files.wordpress.com/2012/12/pixley-jorge-la-historia-de-israel-vista-desde-los-pobres.pdf
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