L. Boff, 3-11-2017
El tema de la ideología está a la orden del día:
ideología de género, política, económica, religiosa etc. Intentemos poner en
claro esta cuestión.
1. Todo el mundo tiene una determinada
ideología. Es decir, cada uno se hace una idea (de ahí ideología) de la
vida y del mundo. Tanto el vendedor de palomitas de maíz de la esquina como la
persona que atiende el teléfono o el profesor universitario. Es inevitable,
porque somos seres pensantes con ideas. Querer una escuela sin ideología es no
entender nada de ideología.
2. Cada grupo social o clase proyecta una
ideología, una visión general de las cosas. La razón es que la cabeza
piensa a partir de donde pisan los pies. Si alguien tiene los pies en la
favela, tiene una cierta idea del mundo y de la sociedad. Si alguien tiene los
pies en un apartamento de lujo junto a la playa, tiene otra idea del mundo y de
la sociedad. Conclusión: no solo el individuo, sino también cada grupo social o
clase, elaboran inevitablemente su visión de la vida y del mundo a partir de su
lugar social.
3. Cada ideología personal o social, así como todo
saber, tiene intereses detrás, no siempre explicitados. El interés
del trabajador es aumentar su salario. El del patrón, aumentar su ganancia. El
interés de un habitante de la favela es salir de esa situación y tener una casa
decente. El interés del morador de un apartamento de clase media es poder
mantener ese status social sin estar amenazado por la ascensión de la gente de
abajo. Los intereses no convergen porque si aumenta el salario, disminuye la
ganancia y viceversa. Aquí se instaura un conflicto.
4. El interés escondido detrás del discurso
ideológico debe ser calificado: puede ser legítimo y
es importante explicitarlo. Por ejemplo: tengo interés en que ese grupo de
familias cree una pequeña cooperativa de productos orgánicos, de hortalizas,
tomates, maíz etc. Este interés es legítimo y puede ser dicho públicamente.
Puede ser también un interés ilegítimo y ser mantenido oculto
para no perjudicar a quien lo propone. Ejemplo: hay grupos que combaten el
desnudo artístico para, en realidad, encubrir la homofobia, la supremacía de la
raza blanca y la persecución a los grupos LGBT. O un político de un partido neoliberal
cuyo proyecto es disminuir los salarios, reducir las pensiones y privatizar
bienes públicos y se presenta como alguien que va a luchar por los derechos de
los trabajadores, de los jubilados y a defender la riqueza de Brasil. Él oculta
ideológicamente los verdaderos intereses partidarios para no perder votos. Esa
ocultación es la ideología como falsedad y él, un hipócrita.
5. La ideología es el discurso del poder,
especialmente del poder dominante. El poder es dominante porque domina varias
áreas sociales. Las élites brasileras tienen tanto poder que pueden comprar a
las demás élites. Porque son dominantes, imponen su idea sobre la crisis
brasilera, culpando al Estado de ineficiente y perdulario, a los líderes de
corruptos y a la política de ser el mundo de lo sucio. Por otro lado, exaltan
las virtudes del mercado, las ventajas de las privatizaciones y la necesidad de
reducir las reservas forestales de la Amazonia para permitir el avance del agro
negocio. Aquí se oculta conscientemente la corrupción del mercado, donde actúan
las grandes empresas que sustraen millones de los impuestos debidos, mantienen
una caja B, promueven intereses altos que favorecen al sistema especulativo
financiero que drena dinero público, sacado del pueblo, hacia los bolsillos de
unas minorías, que, en el caso brasilero, son seis multimillonarios que poseen
igual riqueza que 100 millones de brasileros pobres. Estas élites ocultan las
agresiones ecológicas, la desnacionalización de la industria y hacen propaganda
de que el agro es pop. Practican una ideología descarada como engaño.
Hay redes de televisión que son máquinas productoras
de ideología de ocultación, negando al pueblo datos sobre la gravedad de la
situación actual, generando espectadores alienados, pues creen en tales
versiones irreales. Para encubrir su dominación, apoyan proyectos que
benefician a niños o patrocinan grandes eventos artísticos para parecer
benefactores públicos. Por detrás ocultan desfalcos y apoyan abiertamente a
determinados candidatos, satanizando la imagen del principal opositor.
Existe también la ideología de los sin poder, de los
sin tierra y sin techo, y otros que para sustentarse elaboran discursos de
resistencia y de esperanza. Esa ideología es benéfica pues los ayuda a vivir y
a luchar.
La ideología es como una sombra: nos acompaña siempre.
Para superar las ilegítimas, es menester desenmascararlas y sacar a la luz los
intereses escondidos. Y cuando hablamos a partir de un determinado lugar
social, conviene explicitar en el discurso nuestra ideología. Concientizada, la
ideología se legitima y democráticamente puede ser discutida o aceptada.
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