La marcha de Santiago: plural y contundente
César Pérez - 29 de Marzo de 2017 -
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La organización, el carácter multitudinario, el
orden en que discurrió, la pluralidad de organizaciones sociales y políticas
que en ella participaron, la variedad etaria y de clases, la alegría,
creatividad, puntualidad con que se inició y la sobriedad y contundencia del
acto final, entre otros elementos positivos, de esta última marcha en Santiago
contra la impunidad y la corrupción, son indicadores de una maduración hasta
ahora sostenida del movimiento de protesta que evidencian su enorme
potencialidad política. No obstante, también evidencia que este movimiento es
más complejo de que lo algunos podrían creer y que en su complejidad y
potencialidad radica la particularidad de necesaria y correcta direccionalidad
política.
Cuando el sentimiento contra la corrupción y la
impunidad se expresa en las calles, se produce una concreta coincidencia en
espacio y tiempo de una multiplicidad de actores con diferencias
políticas, sociales, culturales y referenciales, cuya articulación es
imprescindible para darle consistencia como movimiento primero y como forma de
organización política después para lograr un cambio de la actual forma de
administración de la cosa pública en uno u otro sentido, que es lo que en
esencia quiere todo aquel que asiste a las acciones de
protestas. Los singulares individuos y la significativa cantidad de
organizaciones políticas y sociales que desfilan en las marchas con sus
cartelones y consignas expresan sus identidades, sus referencias, las cuales se
expresaran en el momento del acuerdo sobre los alcances y cómo se lograría ese
cambio.
La demanda del fin de la corrupción y de la
impunidad es una demanda esencialmente política, no sólo ética, y el hecho de
estar dirigida contra un grupo político/económico que han creado una estructura
de la corrupción e impunidad para su modo operandi, determina que cualquier
acuerdo en ese grupo sea prácticamente inviable. En ese tenor, el fin de la
impunidad y la corrupción difícilmente pueda lograrse mientras este grupo
mantenga el control del Estado que, motu propio, no acabará con su modo
operandi. ¿Cómo cambiarlo?, es la cuestión. En general, el fin manifiesto de quienes
participan en marchas y otras formas de protesta es para que además penalizar a
los implicados en los sobornos a políticos y empresarios de parte de Odebrecht,
aquí se establezca una forma de gobierno distinto y opuesto al que tenemos.
En tal sentido, en las discusiones o reflexiones
(de colectivos o de singulares personas) sobre la forma de superar el actual
estado de cosas, entre otras, se expresan las siguientes ideas/guías: 1ro. a
través de acciones fuerza que hagan saltar del poder a quienes lo controlan (en
fase de consigna que es complementada con otras consignas), 2do. mediante la
renuncia forzada del Presidente con las posibles sustituciones: en primera
instancia la vicepresidenta, en su defecto el presidente del senado y/o
finalmente el de la Suprema Corte y 3ro. a través de elecciones. Poquísimos
creen viable lo primero, pocos preferirían lo segundo porque no cambia nada;
por lo tanto, consciente o inconscientemente la mayoría se inclinarían por lo
3ro.
Asumir cualquiera de esas alternativas, u otras
que podrían haber, constituye un desafío sólo superable si se reconocen y
articulan la pluralidad de identidades que concretizan el movimiento de
protesta. Una de los mejores atributos que tiene el movimiento es que en el
mismo se refleja uno de las características de nuestro país: la vastedad de las
formas asociativas de la sociedad. Estamos en los últimos lugares en
importantes indicadores de calidad de vida y en temas como la corrupción, el
rendimiento escolar, entre otros lastres, pero somos de los primeros, sino el
primero, en cuanto a cantidad de organizaciones de la sociedad civil. Eso,
finalmente, comienza a tener una expresión política en la participación en las
marchas y demás acciones de protestas.
Esas formas organizativas, cuando coinciden en
los espacios y tiempos de las acciones de protestas, mantienen sus referencias
y/o sus adscripciones políticas, tener presente estas referencias es vital para
el futuro mediato e inmediato del movimiento. Esto lo planteo solo como ideas
para el debate, del debate que abierto o soterrado está presente en cualquier
movimiento del calado del que estamos viviendo en esta sociedad.
De ellas, que cada quien extraiga sus conclusiones.
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