Franklin Pimentel Torres - 25 de Marzo de 2017
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El pasado domingo un grupo significativo de personas nos congregamos en
el Parque Independencia para seguir exigiendo el control de la corrupción a
todos los niveles y el inicio del fin de la impunidad en nuestro
territorio. La confluencia de las llamas verdes, provenientes de diversos
lugares del país, expresaron simbólicamente el deseo de una buena parte de la
ciudadanía crítica para que de una vez por todas se comience a hacer justicia,
lo que significa sancionar a los culpables y responsables de la
corrupción y, sobre todo, la devolución y restitución de los bienes públicos
apropiados ilegalmente. Esa es la gran esperanza que sostiene la lucha.
Recientemente ha sido publicado un texto de C. Cerón que hace referencia
a “172 años de corrupción e impunidad en República Dominicana (1844-2016)”, que
tiene como precedentes dos textos publicados por Participación Ciudadana en las
últimas décadas: “20 años de Impunidad: Investigación de casos de corrupción en
la justicia dominicana (1983-2003)” y “La Corrupción sin Castigo”,
trabajo que recopila las denuncias y querellas reseñadas por los
medios de comunicación sobre casos de corrupción administrativa desde el año
2000 hasta el 2013.
Los casos de corrupción relacionados con la quiebra de los bancos
Banínter, Bancrédito y Progreso, entre otros, son los únicos que en los últimos
tiempos han tenido ciertos niveles de castigo, ya que algunos de sus ejecutivos
fueron juzgados, condenados y puestos en prisión; no obstante, la ciudadanía se
pregunta si realmente le fueron confiscados todos los bienes y si ellos
realmente indemnizaron a la población, devolviendo lo robado, ya que la deuda
generada en el Banco Central para pagarle a los ahorrantes ha generado un
déficit cuasi fiscal que ronda los 400,000 millones de pesos, lo
cual ha demandado que se esté utilizando el dinero de los fondos de pensiones
de las y los trabajadores para pagar los intereses y el capital de la
deuda interna generada por este concepto.
En un encuentro reflexivo de uno de los grupos articulados a la Red
Ecuménica Bíblica Dominicana (REBIDOM) sobre las demandas que está haciendo el
Movimiento de la Marcha Verde, que representa a la ciudadanía crítica que lucha
contra la corrupción y la impunidad a todos los niveles, se habló sobre el
aporte a la reflexión sobre estas temáticas que podemos dar quienes nos
identificamos con el Movimiento de Jesús y su práctica. En estos espacios de
reflexión utilizamos textos de la tradición judeo-cristiana para iluminar
nuestra práctica comunitaria y la lucha cotidiana por lograr mejores
condiciones de vida para el pueblo empobrecido. Para eso trajimos a colación
unos textos del libro del Éxodo que forman parte de la legislación que se dio
el pueblo judío, con relación a la necesidad ética de restituir lo robado a las
familias y a la sociedad.
Los primeros textos analizados están relacionados con las sanciones
sobre los robos de animales en una sociedad tribal en la que el pastoreo y la
ganadería formaban parte importante de la economía familiar. La legislación
buscaba preservar los bienes tribales. ¿Qué elementos concretos proponía la
legislación en cuanto al robo de animales? Señalan los textos:
“Si alguno roba un buey o una oveja, y lo mata o vende, pagará cinco
bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja” (Ex 22,1).
“Si lo que robó, sea buey, burro u oveja, es hallado vivo en su
posesión, pagará el doble” (Ex 22,4).
Evidentemente que una sociedad en donde se apliquen leyes parecidas,
quienes roban los bienes comunitarios y públicos se lo pensarán bien antes de
apropiarse de los mismos. Y evidentemente los niveles de robo se reducirían al
mínimo.
En otro escrito que nos ha legado la comunidad del escritor Lucas, nos
encontramos el texto bíblico que nos habla del encuentro de Jesús con un
cobrador de impuestos llamado Zaqueo. Es bueno tener en cuenta que Zaqueo, como
funcionario al servicio del imperio romano, cobraba a la gente lo que exigía la
administración imperial, más lo que él le sumaba. El texto lo describe como
“jefe de los cobradores de impuestos y rico” (19,1). Para la gente era tenido
como un funcionario corrupto y ladrón, que se había enriquecido a costa de apropiarse
de parte de los impuestos que la gente pagaba al gobierno imperial.
Mientras Jesús va de camino con sus discípulos y discípulas, se
encuentra con Zaqueo que se subió a un árbol para verlo, pues según señala el
texto era bajo de estatura y no podía ver al Maestro galileo, porque había una
gran multitud de gente en torno a Jesús. Al pasar por el lugar Jesús fija la
mirada en Zaqueo y se auto invita a ser acogido en la casa del funcionario
imperial.
No sabemos qué hablaron Jesús y Zaqueo; lo que sí conocemos es el
resultado del encuentro. Zaqueo informa a Jesús y sus acompañantes sobre una
decisión que ha tomado: “La mitad de mis bienes la doy a los pobres; y si en
algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lc 19,8). Ante esa
declaración de Zaqueo, Jesús, evidentemente conmovido, le
dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa. “(Lc 19,9).
Siguiendo la
propuesta de estos textos analizados el Movimiento de la Marcha Verde no debe
limitarse a la lucha abstracta contra la corrupción y la impunidad; por el
contrario debe seguir demandando, entre las acciones concretas, la devolución
al pueblo pobre de los bienes públicos robados durante las últimas
décadas. Por eso, La Marcha Verde que se desarrollará este próximo domingo 26,
en Santiago, debería asumir esta tarea como una de sus consignas fundamentales.

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