No sabemos cuánto tiempo permanecerá en el Vaticano Jorge Mario Bergoglio.
No obstante él parece ser una persona coherente, bien intencionada y decidida a
sancionar los abusos sexuales de los líderes eclesiásticos.
En la realidad dominicana hay muchos
actos reñidos con la ética: robos, malversación de fondos públicos, crímenes y
abusos contra las personas más débiles, pendientes de ser sancionados. En
muchos de estos casos simplemente la justicia dominicana no se da por enterada;
otros hechos son olvidados con el propósito de mantener la impunidad de quienes
los cometen; en otras ocasiones después de someter los casos y comenzar a
presentar pruebas irrefutables de la acusación, los expedientes son archivados
por el ministerio público. En otras oportunidades se aprovecha la presencia de
jueces interinos –que tienen que ganarse la buena voluntad de los jerarcas de
las cortes de apelación y de las altas cortes- para emitir sentencias que
favorecen a los que comenten los delitos.
Uno de los temas pendientes en la
sociedad dominicana es el juicio y sanción a líderes de las iglesias católica y
evangélica, que incluye a laicos, sacerdotes, pastores y obispos, que han
abusado sexualmente de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Esta impunidad de
la que han gozado estos líderes religiosos, está fundamentada en la alianza
tradicional que tienen las cúpulas de las iglesias con los sectores del poder
económico, partidario y judicial.
Uno de los casos más significativos ha
sido el de la violación de niños, niñas y adolescentes en una casa de acogida
en Higüey. Ahí había una banda compuesta por una asociación de abusadores y
abusadoras que sin ningún tipo de piedad y compasión violaron a los niños y las
niñas. La mayor parte de las personas que cometieron esos hechos se escondieron
bajo el manto de la impunidad. Otro caso significativo fue el caso del convicto
Domingo Espinal, ex-sacerdote quien fue sentenciado a 15 años por violación de
menores y que –sin que se haya explicado el motivo- fue dejado en libertad,
hasta que fue re-apresado de nuevo año pasado. Otro caso no menos
significativo ha sido el del Padre Jhonny (Juan Manuel Mota de Jesús), acusado
de violación de menores a quien la fiscalía de Constanza le archivó el
expediente recientemente. Últimamente, dos de los casos de pederastia más
sonados y pendientes de justicia hacen referencia a dos religiosos polacos: el
caso del nuncio Josef Wesolowsky y el del Padre Wojciech Gil (conocido en
el país como Alberto Gil), cuyos procesos penales han sido abiertos por la
fiscalía de Varsovia, la capital de Polonia.
Al tema de la violación sexual y
psicológica de niños, niñas y adolescentes se une el hecho de la paternidad
irresponsable de algunos sacerdotes, pastores y –obispos- que tienen hijos e
hijas a quienes abandonan a su suerte. Son capaces de estar predicando la
responsabilidad social y personal, sin embargo ellos mantienen una conducta de
irresponsabilidad ante la alimentación, estudio, salud de niños, niñas y
adolescentes que han generado en relaciones furtivas, temporales o permanentes.
Aunque estos casos de impunidad
relacionados con abusos sexuales cometidos por gente de las iglesias católica y
protestante no son nuevos, pues hay casos de esos desde la fundación de la
República Dominicana, la situación se agravó en los últimos 30 años; no sólo en
nuestro país, sino en varios países de los diferentes continentes. Por eso la
jerarquía de la Iglesia Católica ha tenido que pagar millones de dólares en
indemnización a las personas que han sido violadas por sacerdotes y obispos.
Estos casos de pederastia y de abuso
sexual se han desarrollado mucho más en las últimas décadas, en las
administraciones de los dos papas anteriores al actual; las administraciones
vaticanas Wojtyla-Ratzinger (1978-2013). Ambos papas representaron al sector
eclesial más conservador. En torno a ambos se desarrolló una política de
persecución a los sectores progresistas de la Iglesia Católica y se instaló en
el Vaticano una corriente ligada a los sectores representantes del capitalismo salvaje,
en su versión neoliberal; un número significativo de eclesiásticos y feligreses
cercanos a la jerarquía utilizaron sus puestos y funciones para hacer negocios
turbios, e incluso utilizaron el Banco Vaticano para realizar transacciones y
acciones poco transparentes. Esta situación habría causado, según la opinión de
algunos analistas, la renuncia del Papa J. Ratzinger (Benedicto XVI) el año
pasado.
A partir de la administración del primer
papa latinoamericano, Jorge Mario Bergoglio (Papa Francisco), soplan nuevos
aires en el Vaticano. Es por eso que el Vaticano ha despojado de su condición
de diplomático y de sacerdote al ex – nuncio del Vaticano en República
Dominicana (2008-2013), Josef Wesolowski. Ahora se encuentra esperando un
juicio de fondo. Lo mismo ha sucedido con el caso del padre Wojciech Gil
(conocido en el país como Alberto Gil). Ambos casos están siendo investigados
por la fiscalía de Varsovia, a solicitud de la procuraduría de República
Dominicana.
No sabemos cuánto tiempo permanecerá en
el Vaticano Jorge Mario Bergoglio. No obstante él parece ser una persona
coherente y bien intencionada y decidida a sancionar los abusos sexuales de los
líderes eclesiásticos. La duda es si logrará influir significativamente en el
tema del cambio de actitud ante estos problemas de abusos sexuales a niños,
niñas y adolescentes.
Aprovechando la voluntad política que
viene de la actual administración vaticana la justicia dominicana tiene la
oportunidad de des-archivar varios expedientes de gente ligada a la iglesia
católica y evangélica que tiene asuntos pendientes con el pueblo dominicano y
con la justicia por cometer actos de abuso sexual y psicológico contra una
población indefensa.
¿Será capaz la justicia dominicana de
aplicar todo el peso de la ley contra estas personas? ¿Seguirá la impunidad?
¿Seguirán siendo las y los líderes de las iglesias gente intocable igual que
las élites económicas, partidarias y judiciales? ¿Cuál es el precio de tal
impunidad? ¿Están los líderes religiosos, católicos y protestantes y de otras
experiencias religiosas dispuestos a asumir un cambio de actitud y de conducta?
Ojalá que pudieran asumir la propuesta del Papa Francisco cuando señaló:
“Quisiera subrayar con fuerza que debemos comprometernos todos para que todas
las personas, y en particular los niños, niñas y adolescentes, que son uno de
los grupos más vulnerables, sean siempre protegidos y defendidos”.
El cuidado y la protección de los niños,
niñas y adolescentes ante cualquier persona adulta que los pueda agredir o
abusar sexualmente –ya sea familiar o particular- exige, además, que no queden
impunes los casos de violación, que siga habiendo voces proféticas que los denuncie
y que promuevan proyectos e iniciativas que ayuden a sanar las heridas de
quienes han sido violados/as, violentados/as y les ofrezcan la posibilidad de
convivir en ambientes sanos, llenos de amor, afecto, cariño y solidaridad.
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