Allí, según la
tradición de los conquistadores, se apareció la Virgen de Las Mercedes
defendiendo a los españoles en una sangrienta batalla con los habitantes
originarios del lugar.
Hoy es 24 de septiembre de 2014 (*);
hoy, quienes tenemos el privilegio de tener un trabajo fijo no hemos ido a
trabajar. Quizás hemos podido dormir un poco más o disfrutar de la compañía
familiar o de algún amigo o amiga. No obstante, surge la pregunta, ¿por qué hoy
es un día feriado? ¿Cuál es el motivo por el que hoy no hemos ido a trabajar?
¿Por qué se siguen manteniendo tradiciones propias del catolicismo medieval,
como una imposición, para toda la sociedad dominicana?
Me levanto temprano y leo la prensa y
aparece un artículo de Karla Pimentel, en Acento, que hace referencia a unas
declaraciones de Pablo Mella, jesuita, filósofo e intelectual, una de las
mentes más lúcidas del catolicismo romano-dominicano, defendiendo la validez de
la celebración del día de Las Mercedes, argumentando que dicha advocación
mariana surgió antes del capitalismo. Esto lo dijo como respuesta a quienes
critican que hoy sea un día feriado por celebrarse una conmemoración que es
propia de un grupo particular de la sociedad dominicana, que son los cristianos
católico-romanos.
Para entender el origen de la
celebración dedicada a María de Las Mercedes es necesario remontarse al siglo
XIII, en Barcelona, España. Allí un religioso llamado Pedro Nolasco decidió
formar una orden religioso-militar, cuyo propósito era liberar a los cristianos
católicos que caían cautivos en manos de los ejércitos musulmanes. Según los
historiadores después de una aparición de la Virgen María a Pedro Nolasco, se
le pidió que fundara esa congregación. Eso ocurrió el 10 de agosto de 1218, en
Barcelona, España. Es conveniente tener en cuenta que la congregación fundada
por Pedro Nolasco surge en el contexto de las cruzadas que fueron una serie de
campañas militares impulsadas por el papado y
llevadas a cabo por gran parte de Europa latina .
Las cruzadas se libraron durante un período de casi doscientos años, entre 1095
y 1291, con el objetivo específico inicial de restablecer el control cristiano
sobre la Tierra de Palestina
Fueron Pedro Nolasco y los mercedarios,
por tanto, quienes crearon la imagen de la Virgen de la Merced o Virgen de la
Misericordia o Virgen Redentora, que inspiraba la espiritualidad y la práctica
de religiosos y militares que se dedicaban a la tarea de solidarizarse con los
cristianos que caían prisioneros. Los miembros de esta congregación sustituían
a los cristianos que caían cautivos en manos de los musulmanes o de otros grupos
con los que los reinos “cristianos” luchaban en Europa, África o Medio Oriente.
Con la invasión-colonización de nuestro
territorio isleño llegaron también las tradiciones religiosas de los
conquistadores. Uno de los primeros grupos religiosos que llegaron con los
colonizadores fueron los mercedarios, además de los dominicos y los
franciscanos.
Desde el tiempo de la colonización de
nuestro territorio isleño se asocia la devoción a María de las Mercedes a una
colina cercana a la primera ciudad de La Vega, llamada por la tradición
católica, “El Santo Cerro”. Allí, según la tradición de los conquistadores, se
apareció la Virgen de Las Mercedes defendiendo a los españoles en una
sangrienta batalla con los habitantes originarios del lugar.
La imagen y la tradición de la Virgen de
Las Mercedes fueron traídas desde España por los colonizadores. Luego la misma
se asoció a algunos acontecimientos históricos relacionados con situaciones
difíciles de la vida nacional. Como ejemplo se señala que el 8 de septiembre de
1615 ocurrió un fuerte terremoto (de grado IX en la escala de Mercalli) en la
isla, con numerosas réplicas durante por lo menos 40 días. La ciudad de Santo
Domingo fue severamente afectada, muriendo alrededor de 24 personas. Entonces
el Cabildo de Santo Domingo declaró a la Virgen de las Mercedes “Patrona de La
Española”. Su culto era celebrado en los aniversarios del mencionado
terremoto, el 8 de septiembre. En 1740, por Real Cédula, su festividad fue
cambiada para el 24 de septiembre.
Tal como se puede colegir por lo
anteriormente expresado, no hay motivos de peso para seguir manteniendo, para
toda la población, una celebración religiosa relacionada con una imagen
religiosa creada por el catolicismo medieval, que luego fue asociada con
algunos hechos de la realidad nacional. Lo mismo podríamos decir con relación a
las celebraciones del día de La Altagracia (otra imagen traída de España), de
Corpus Cristi o el día de Los Reyes Magos.
Los cristianos católicos tienen el
derecho de celebrar cuantas fiestas consideren oportunas. A lo no tienen
derecho es a seguir imponiendo a toda la sociedad unas celebraciones en honor
de personajes creados en el marco de la espiritualidad y la cosmovisión del
cristianismo medieval, ligados a los sectores del poder monárquico español y a
la empresa de la invasión-colonización de nuestro territorio isleño.
En varios países latinoamericanos y
europeos algunas de estas celebraciones del catolicismo medieval han sido
trasladadas para los domingos, cuando se reúnen las comunidades de tradición
católico-romana. ¿Por qué estas fiestas ligadas al catolicismo tradicional no
han sido cambiadas o movidas para los domingos o para los lunes como ha
sucedido con otras festividades o fiestas patrias? Quizás una de las respuestas
principales está en el miedo que la clase partidaria y gobernante le tiene a
las reacciones de la poderosa e influyente jerarquía católica. Además, eso le
podría hacer perder simpatía y en definitiva, votos, en la población ligada
directamente a las tradiciones católicas.
La democracia dominicana tiene que
seguir creciendo en la atención a las aspiraciones y necesidades de las
minorías, pero también en dejar de imponer a toda la sociedad lo que un pequeño
grupo –ya sea un partido o un grupo religioso- quiera seguir celebrando y
manteniendo.
Ojalá que la celebración del Día de Las
Mercedes, originariamente un referente liberador, nos ayude a liberarnos de
unos esquemas mentales que nos esclavizan y que nos impiden asumir el
compromiso de construir una vida digna para todos y todas y en particular para
aquellas personas y grupos sociales tradicionalmente excluidos de la llamada
sociedad del bienestar.
(*) Escrito el miércoles 24 de
septiembre, día de la Virgen de las Mercedes
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