Cuidar la vida y la salud de los hijos e hijas de Machepa. Un desafío
para gente sensible y solidaria
Franklin
Pimentel Torres. SD, 17-10-2014
Carlos
Daniel Santos es un obrero de Padre Las Casas, en la provincia de Azua, que es
el padre de Carla, una de las niñas muertas en el hospital Robert Read Cabral
el pasado domingo 6 del mes corriente. Carlos, con lágrimas en los ojos, pidió
entrevistarse con la directora del centro para pedir explicación sobre la
muerte de su niña.
Según la dirección
del hospital Carla murió por mal funcionamiento del sistema de oxígeno; pero su papá tiene otra versión sobre el
asunto. Según él su niña murió desnutrida por la falta de una sonda –llamada
“levín”- por donde alimentar la niña. La
pequeña Carla fue ingresada en el hospital cuando apenas tenía un mes de nacida
por problemas para ingerir la comida, y según su padre, duró 20 días sin
ingerir leche en cuidados intensivos, porque necesitaba una sonda que se pone
por la nariz, que cuesta 1,500 pesos y que no se vende normalmente en el
país.
Carlos denunció las
precariedades del hospital Robert Read, cuando señaló: “El servicio que hay aquí es fatal; por eso
recomiendo las madres y padres que tienen a sus hijas e hijos enfermos que no
los traigan aquí. Aquí lo que dan es un suero. Los médicos no saben ni leer una
placa”. Señaló, además, que una doctora de apellido Peña le cogió odio
porque le reclamaba que le pusiera la sonda a la niña. Ante este reclamo en una
ocasión la doctora le dijo, con gran indolencia, que “yo no tengo mis hijos
internos en este hospital”.
El caso
de Carla es parecido al de los demás 10 niños y niñas que murieron en el fin de
semana 4-6 de octubre, y al de los 5763 que murieron en ese centro hospitalario
entre los años 2006 y 2012, según las estadística que publica el Ministerio de
Salud Pública en su página web, o a los
605 niños y niñas muertos en lo que va del año, 67 niños mensuales en promedio,
lo que equivale a más de dos niños muertos diariamente, según lo expresó
recientemente Waldo Ariel Suero, expresidente del Colegio Médico Dominicano. . La mayor parte de esas muertes se produjeron por
causas que pueden ser evitadas, según lo planteó hace unos días en el país el
Sistema de las Naciones Unidas.
El problema de las muertes
infantiles no es un problema exclusivo del Robert Read; éstas constituyen una
tragedia nacional. Las estadísticas sobre mortalidad infantil en el país son
elocuentes: 27 de cada mil nacidos vivos no llegan a celebrar su primer
cumpleaños. El 80% de las muertes ocurren en el período neonatal (antes de los
28 días) y entre las principales causas señala el informe de la ONU la
contaminación bacteriana (35.6%) y la dificultad respiratoria (28.4%).
Es sabida la poca inversión
estatal en el sector salud que en el año actual es de apenas un 1.8%. Y lo
propuesto para el año 2015 es todavía menor. Esta baja inversión se refleja
mucho más en los hospitales en donde van los más pobres. Pues de hecho hay hospitales
que en la práctica sirven a los grupos de clase media, como la Plaza de la
Salud en Santo Domingo, que reciben mucho más recursos. Y nos podemos
preguntar, ¿cuál es el criterio tomado por el Ministerio de Salud Pública para
hacer esta discriminación que perjudica a los hospitales a donde tiene que
acudir la gente más empobrecida del país, así como las y los inmigrantes haitianos?
Según el especialista en asuntos presupuestarios
José Rijo, el dinero de la salud pública asignado para los hospitales denominados
autogestionables, nueve en total en todo el país, alcanzó la suma de 2 mil 645 millones y lo
ejecutado a septiembre de este año un mil 765 millones para un 67 % de lo
aprobado, es decir que a esos centros hospitalarios se les asignan más recursos
y se les hacen las transferencias a tiempo, a pesar que los mismos aceptan
seguros y pagos complementarios.
Por otro lado la situación
económica de los hospitales de los más pobres se ha agravado después de que el
gobierno eliminó la cuota de co-pago que se realizaba en los mismos. De hecho
el gobierno eliminó la cuota sin que compensara esta acción con un aumento en
la asignación al sector de salud.
El especialista en presupuesto José Rijo ha
destacado, además, la poca inversión realizada en el área de la atención
primaria de salud en el presupuesto que se está ejecutando este año: “Para la
actividad de Servicios de Primer Nivel de Atención se presupuestó un ridículo
monto de 28 millones y se han ejecutado 14, equivalente al 49% de lo aprobado. Situación
ésta que no varía en el proyecto de ley de Presupuesto General del Estado para
el año Fiscal 2015, sino que se agrava al ser disminuidas las partidas
asignadas a las Regionales de Salud, donde ni siquiera se ha considerado la
inflación proyectada del 4 % para el próximo año”.
Cuando analizamos las causas de
la muerte de Carla y de las demás niñas y niños no nos podemos quedar en las
simples conclusiones de la Comisión
Presidencial designada para investigar el caso, presidida por la actual
ministra de educación, Altagracia Marcelino. Las causas más profundas; no son solo la falta de oxígeno, o las bacterias
que contagian a los niños y niñas, ni siquiera la falta de supervisión de los
especialistas. Estas son más profundas.
Las verdaderas causas de lo que
sucede hay que buscarla en la insensibilidad humana y en la falta de voluntad
política del ejecutivo y del congreso
para asignar los fondos necesarios y proveer los equipos adecuados y las
medicinas necesarias para dar atención a la salud de los sectores más
empobrecidos del país y en particular de uno de los grupos más vulnerables de
la sociedad: las niñas y los niños, hijas e hijos de los sectores sociales más
excluidos.
Las causas
principales hay que buscarlas en la falta de decisión para cumplir con el
derecho que los más pobres del país tienen a una salud de calidad, tal como lo estipula
el artículo 61 de la Constitución: “El
Estado garantizará, mediante legislaciones y políticas públicas, el ejercicio
de los derechos económicos y sociales de la población de menores ingresos y, en
consecuencia, prestará su protección y asistencia a los grupos y sectores
vulnerables”.
A esto se añade, el haber
permitido que la atención de la salud de los pobres se convierta en un negocio,
en haber permitido que las ARS –y los bancos que las sustentan- se enriquezcan
a costa del encarecimiento del sistema de salud; a esto se añade la imposibilidad de dar cobertura de
seguridad social de calidad a las y los
trabajadores chiriperos, así como a los indigentes. A todo esto, se añade la
falta de ética profesional y la indolencia cómplice de muchas de las personas
que componen el personal médico y administrativo de los hospitales públicos y
del Robert Read en particular.
Como ha escrito la periodista Margarita Cordero,
las muertes constantes de los niños y niñas del Robert Read y de los demás
hospitales públicos del país no deben quedar en vano. Debe ser un llamado a la
conciencia nacional, y en particular a quienes tienen la principal
responsabilidad pública, el gobierno y el Ministerio de Salud Pública, a asumir
un compromiso con la eliminación de las causas que provocan estas situaciones.
Es necesario seguir luchando para que se asigne un
presupuesto digno para el área de la salud en general y en particular para los
hospitales de los más pobres. Esto debe ser una campaña asumida como se realizó
con lo del 4% para la educación. Es necesario descontinuar la práctica de
utilizar fondos públicos para la salud sin que éstos provengan a través del
canal de Salud Pública, porque éstos pueden ser utilizados de forma clientelar.
Por eso se debe descontinuar la práctica de invertir fondos públicos en los
hospitales provenientes del “cofrecito”, del “barrilito” o del despacho de la
primera dama, entre otros.
Se necesita que los grupos e instituciones de la
sociedad civil que aportan en el área de la salud, mediante diferentes
proyectos orientados a los sectores sociales más empobrecidos, estén
vigilantes, y sean capaces de denunciar los recursos de la salud pública que se
emplean en la cuota de la corrupción, en el clientelismo partidario, para la
compra de conciencias. Se necesita que los periodistas y los medios de
comunicación sensibles sigan denunciando las precariedades del sistema y continúen
aportando propuestas para su mejoramiento.
En definitiva el desafío es que el Estado, las
instituciones de salud y los liderazgos comunitarios unifiquen esfuerzos para
ir mejorando la calidad del servicio de salud para los sectores sociales más
excluidos; pues cuidar la vida y la salud de los más pobres y en particular de
los niños y de las niñas, como un deber
ciudadano, es para corazones sensibles, conciencias lúcidas, voluntades
decididas y para brazos solidarios.
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