Franklin
Pimentel Torres, 29-12-2017
Escribo
la colaboración semanal de la columna “Observatorio Ético y
Ciudadano” de Acento, desde Puerto Príncipe, la capital de Haití.
En estos días navideños, junto a mi compañera, hemos estado
visitando ciudades y comunidades haitianas desde la ciudad norteña
de Cabo Haitiano, pasando por la ciudad de Gonaives, en el hermoso
valle del Artibonito, Puerto Príncipe y la encantadora ciudad sureña
de Jacmel, entre otros. Tanto en las ciudades como en las comunidades
rurales nos ha llamado la atención la situación de pobreza extrema
de la mayor parte de las familias, repletas de niños y niñas
hambrientos, sin educación, sin servicio de salud, en un ambiente
repleto de basura y aguas contaminadas.
“La
cabeza piensa según por donde anden los pies”, señaló un insigne
educador comprometido con la educación popular del pueblo
latinoamericano y caribeño. Es por eso que me ha parecido oportuno
en estos días navideños leer y reinterpretar, desde el contexto de
la vida de los niños y niñas de las familias empobrecidas de esta
isla, algunos de los textos (tantos bíblicos, como de villancicos)
que han sido leídos o cantados en estos días de Navidad, en el
contexto de comunidades y colectivos comprometidos con el
mejoramiento de las condiciones de vida de los niños y niñas
provenientes de los sectores populares de los dos pueblos que
comparten el territorio de la isla que los pueblos originarios
llamaron Haití o Quisqueya.
Leo
el texto bíblico del profeta del siglo octavo a.e.c., Is 11,1-9 en
el que se habla, como un signo de esperanza para el pueblo, del
nacimiento de un niño/príncipe en la corte real de Jerusalén, en
el momento en que la ciudad estaba siendo amenazada de destrucción
por el poderoso imperio asirio. De él se dice: “Sobre él reposará
el Espíritu divino, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu
de prudencia y valentía… No juzgará por las apariencias, ni se
decidirá por lo que se dice, sino que hará justicia a los débiles
y defenderá el derecho de los pobres del país…” Y el Salmo
72,12, en la misma línea de pensamiento, señala: “Él librará al
mendigo que le clama, al pequeño, que de nadie tiene apoyo; él se
apiada del débil y del pobre, él salvará la vida de los pobres; de
la opresión violenta rescata su vida, pues su sangre es preciosa
ante sus ojos”.
El
evangelio según Lucas (2,1-18) nos presenta su versión sobre el
nacimiento de Jesús en un pesebre, lugar de los animales, en Belén.
Nos dice el texto: “Por aquellos días salió un decreto del
emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo
el imperio (…). Todos, pues, empezaron a moverse para ser
registrados cada uno en su ciudad natal. José también,
que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la
ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de
David; allí se inscribió con María, su esposa, que estaba
embarazada. Mientras estaban en Belén, llegó para María el
momento del parto y dio a luz a su hijo primogénito. Lo
envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había
lugar para ellos en la sala principal de la casa…”
El
cantautor italiano/puertorriqueño Tony Croatto1
que compuso e interpretó la canción “Niño Jesús”, nos
presenta al niño nacido en Belén, cantando villancicos navideños y
pidiendo su aguinaldo (regalos): “Allá
en la puerta un niño; se llama Jesús. Con calzones rotos, descalzo
y pelú. Viene con maracas, en la Navidad y pide su aguinaldo, te
quiere cantar. ‘Yo no tengo tiempo, no puedo escuchar, dile que hay
enfermo, que el señor no está. Ese es uno de esos, esos de arrabal,
de esos que me roban, un hijo del mal (…). Ciérrale la puerta, no
lo quiero aquí, mi amigo me espera, me tengo que ir. Irme ya de
fiesta, voy a parrandear, dile que molesta se hace tarde ya. Dile que
me deje, de una vez en paz. Que es noche del Niño, que en el cielo
está…’ No hay ningún pesebre, no hay ningún portal. Solo tiene
hambre, hambre de arrabal. Y ninguna estrella por él brillará, ni
los Reyes Magos se molestarán”.
El
texto-canción de T. Croatto contiene, además, una significativa
proclama de fe: “Jesús hermano Jesús amigo Jesús extraño Jesús
vecino, Jesús el barrio, Jesús la gente, Jesús la vida
sencillamente... Jesús!... Con calzones rotos descalzo y pelú.
Viene con maracas, en la Navidad. Pide su aguinaldo a la humanidad…”
Las
personas, colectivos, organizaciones e instituciones solidarias de la
isla tenemos un gran desafío, para el tiempo de navidad y para todo
el año próximo: Seguir exigiendo la aplicación de políticas
públicas orientadas a mejorar las condiciones de vida de la niñez
empobrecida y continuar desarrollando los proyectos solidarios de
educación, salud, acogida, desarrollo artístico, entre otros,
dirigidos a la infancia desvalida. Esto nos exige seguir confiando en
la fuerza que nace de lo pequeño, en la solidaridad y el
empoderamiento que se genera desde las familias y comunidades
empobrecidas, pero conscientes de su compromiso con la transformación
de sus entornos. Así podemos seguir deseando feliz navidad y
próspero año nuevo, 2018.
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