Apuntes en
torno al fortalecimiento de una democracia diabética
Franklin Pimentel Torres, 1-12-2017
El informe del Latinobarómetro
2017 ha definido el sistema económico y político de la mayor parte de los
países latinoamericanos y caribeños, como una democracia “diabética”; es decir,
una democracia que padece de una enfermedad crónica, que ha ido dañando todos
los demás órganos del cuerpo social; es decir las instituciones y las organizaciones
de la sociedad.
En nuestra reflexión iremos
comparando los datos regionales (AL) del Latinobarómetro 2017 con los de República Dominicana (RD).
Este ejercicio nos permitirá visualizarnos en el conjunto de los países de
nuestra región, que necesariamente deben afrontar el secuestro del poder político
y de los bienes públicos por unas corporaciones económico-partidarias, aliadas
al gran capital nacional y transnacional. Estas corporaciones promueven la
concentración de riquezas en pocas manos, la corrupción y el secuestro de las
instituciones de control social, sobre todo de la justicia.
La insatisfacción de la población
con el sistema democrático en América Latina es grande. De hecho solo un 30% de
la población encuestada muestra algún tipo de satisfacción con los regímenes
democráticos, tal como estos se están desarrollando en la Región. En Dominicana
los números no son muy diferentes; de hecho solo el 32% muestra algún tipo de satisfacción con la
democracia.
Ante la pregunta para quién
gobiernan las élites partidarias y económicas de la región, la mayor parte de
la población está convencida de que se gobierna priorizando los intereses y las
necesidades de unos pocos. A nivel de Latinoamérica el 75% de la población
investigada así lo cree; en el caso de RD, la proporción sube a un 87%. Esto lo
confirma la respuesta a otra pregunta que indagaba si los gobiernos ejercen el
poder orientados a satisfacer las necesidades de todo el pueblo, sobre todo de
los sectores sociales más empobrecidos y excluidos. En Latinoamérica sólo un
21%, una quinta parte de la población, señaló que se gobierna para todo el
pueblo; mientras que en RD la percepción es todavía peor: solo el 12% considera
que se gobierna al servicio de la mayoría.
Uno de los elementos a destacar
es la pérdida de confianza en las instituciones políticas que sostienen el
sistema democrático. Algunas de esas instituciones tienen menor valoración en
RD que en los demás países de América Latina. Las Fuerzas Armadas tienen un 46
por ciento de aprobación en AL, mientras que en RD tiene sólo un 42%. La
policía tiene en LA un 35% de aprobación, mientras que en RD solo alcanza el
24%. El tribunal electoral que en LA tiene un 29% de confianza, en RD es solo
el 23%. Mientras que el poder judicial tiene el 25%, en RD solo alcanza al 22%.
Sin embargo, el Gobierno que en AL cuenta con un 25% de aprobación, en RD tiene
un 28%. Algo parecido sucede con el Congreso: en AL un 22%, mientras que en RD,
23%. Finalmente hay coincidencia en AL y en RD en afirmar la poca confianza en
los partidos políticos, con un exiguo 15%.
Los actuales gobiernos de América Latina y el Caribe están
sufriendo una pérdida de apoyo de la ciudadanía. En AL la aprobación promedio a los gobiernos
solo llega a un 36%. Entre los países en
donde hay más apoyo están: Nicaragua, (67%), Ecuador (66%), Bolivia (57%) y RD (52%). Mientras que los 4 peores en
aprobación son: Paraguay (21), México (20%), Salvador (17%) y en último lugar, Brasil
(6%). No obstante, en cuanto a RD, la aprobación del gobierno disminuyó en los
últimos años de 82% (2015) a 76% (2016) a 52% (2017).
Uno de los grandes males que afecta a la democracia en AL y
en RD es el clientelismo partidario. Una de las preguntas de la encuesta hecha
por el Latinobarómetro señalaba: “Durante la última campaña electoral. ¿Vio a
candidatos o personas de los partidos repartiendo regalos o favores en su
barrio? Mientras que en el promedio de AL la proporción fue de un 33%, en RD se
eleva a un 53%. Pero un elemento a destacar es que RD tiene el lugar más alto
entre los países de AL y el Caribe en cuanto a dependencia clientelar, de la
población, de los líderes partidarios. Siendo los países en donde menos
clientelismo hay: Costa Rica (8%), Uruguay (11%), Venezuela (14%), Argentina
(16%), y Chile (19%).
Otro grave problema de la democracia en América Latina y
el Caribe es la corrupción a todos los niveles. En AL ya hay un sector de la
población que cree que la corrupción es el principal problema del país (10%).
En RD sube a un 15%, solo superado por Perú (19%), Colombia (20%) y Brasil (31%).
Además, cuando se preguntó si ha habido progreso en los Estados en cuanto a
reducción de la corrupción, en los dos últimos años, el 62% señaló que no se ha
progresado y el 53% califica como mala la supuesta lucha de los gobiernos en
contra de la corrupción. En RD el porcentaje de los que desaprueban la lucha
contra la corrupción llega al 57%.
El estudio arrojó también que hay abundante corrupción en
el gobierno nacional (70.5% AL y 70.7RD),
en el Congreso Nacional (74%AL y 76%RD), en las municipalidades (74% AL
y 76%RD), en los tribunales de justicia (74%AL y 76%RD), en los sindicatos (71%
t 73%RD) y en las grandes empresas (71%AL y 73%RD).
No obstante todos los datos presentados anteriormente, la
democracia como sistema mantiene un significativo apoyo del 53% de la población
latinoamericana. Siendo los países en donde más apoyo suscita: Venezuela (78%),
Uruguay (70%), Ecuador (69%), Argentina (67%) y Costa Rica (62%). Y en donde menos
apoyo tiene están: Honduras (34%), El Salvador (35%), y Guatemala (36%). Dominicana, por su parte, está entre los
países en donde la democracia ha perdido más apoyo en los últimos dos años.
Paso de un 60% de aprobación en 2016 a un 54% en 2017.
Como podemos ver por los datos presentados más arriba la
democracia en América Latina y el Caribe tiene grandes problemas y grandes
desafíos que es necesario tomar en cuenta a la hora de articular, desde las
organizaciones e instituciones sociales, todo proceso de incidencia en los
proyectos y planes de mejoramiento del fortalecimiento institucional, columna
fundamental de toda proceso democrático.
Puesto que una buena parte de la población sigue creyendo en
la democracia como sistema habrá que repensarla y recrearla para que no siga
siendo una oligo-cracia (gobierno de unos pocos y al servicio de unos pocos) o
una plutocracia (gobierno de los ricos o totumpotes), en donde las mayorías
quedan excluidas de tener una participación real en la toma de decisiones y en el
ejercicio al real derecho a la salud, la educación, la vivienda y la seguridad social,
entre otras. Para que eso sea posible, en República Dominicana la Marcha Verde
y otros colectivos, personas y organizaciones afines, consideran que la lucha
contra la corrupción, la impunidad y la independencia del sistema de justicia
son elementos fundamentales en este proceso de fortalecimiento de la actual
democracia “diabética”.
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