Franklin Pimentel Torres - 6 de enero de
2018 -
En
esta semana estamos estrenando el año 2018. Si no nos detenemos a reflexionar a
nivel personal, familiar y social sobre las oportunidades que nos ofrece el
nuevo año, nos quedaremos en la cotidianidad, sin horizontes, sin perspectivas,
obligados a soportar el hastío de una rutina cotidiana, sin sentido y sin
perspectivas. Es por eso que en el presente artículo presentaré algunas de las
perspectivas que para el 2018 han sido propuestas por algunos intelectuales
dominicanos y latinoamericanos.
R.
Colombo (2018, promete y compromete, Acento 4-1-2018) ha señalado: “Cabe
resaltar que el 2017 constituyó un punto de inflexión en la conciencia y en el
accionar de los dominicanos y dominicanas: Teñimos de verde las calles de
Quisqueya, reclamando un mejor país para todos, sin corrupción ni impunidad.
¡Contigo, el 2018 promete!”
D.
García, (¡2018, un año para reaprender y avanzar! Acento, 2-1-2018),
plantea la importancia de mantener la esperanza indignada: “La esperanza es una
virtud que debería brillar en el 2018. Mantenerla viva fortalece nuestra
energía para trabajar sin descanso por el país y para el país. Hablamos de una
esperanza inteligente y crítica que tiene como base un compromiso serio con el
avance y la humanización de la sociedad dominicana…”
H.
Rodríguez (Grandes aprendizajes para el 2018, Acento, 3-1-2018), ha propuesto
algunos aprendizajes para el presente año. “Debemos aprender a:
-Tener
los ojos bien abiertos para que nadie ponga límites a nuestros sueños y a
nuestros proyectos individuales y colectivos.
-Darnos
cuenta que la suma de voluntades de los más débiles crea fuerzas vigorosas
imparables por los más fuertes.
–
Someter a la mirada pública de los ciudadanos y ciudadanas todo cuanto los
gobernantes y líderes partidarios esconden y tergiversan.
–
Recuperar una agenda ética para la economía que supone responsabilidad ética de
las políticas públicas al servicio de los ciudadanos y ciudadanas, con la
educación y salud en primer orden.
–
Convencernos de que la eficiencia de las metas de crecimiento económico,
productividad y competitividad del país deben medirse en función de si eliminan
la pobreza y producen bienestar a todos los ciudadanos y ciudadanas.
–
Entender que las universidades y los intelectuales sólo tienen sentido si son
capaces de formar comunidades críticas que asumen compromisos sociales.
–
Juzgar en la “plaza pública” a los que devaluaron la democracia y se burlaron de
la justicia con acrobacias legales y maniobras anti-éticas.
Finalmente,
debemos “aprender que lo aprendido” debe convertirse en un “grito del corazón”
contra el muro de la exclusión social, la indiferencia ética, la falta de
compromiso político, el miedo y el silencio cómplice”.
R.
Espinal (2018: ¿Qué esperan? Acento, 3-1-2018), comienza el año con un grito de
indignación y de llamado a un cambio de actitud y de prácticas políticas de los
funcionarios públicos del partido gobernante: “¿Qué esperan los peledeístas
para cambiar el rumbo del país? ¿O piensan ordeñar la vaca hasta secarla? No
falta mucho; el endeudamiento va alto y cada día los problemas se agudizan… (…) ¿Se
atreverán las autoridades actuales a dejar de pactar la inequidad, la
ineficiencia y la impunidad para que el país pueda dar un salto al bienestar?
Gobierno: asuman su slogan, ¡Manos a la obra! La gente está harta de esperar
viendo y viviendo el deterioro en las condiciones de vida. ¿Terminará el 2018
peor de lo que comienza? ¿Qué esperan para cambiar de rumbo?”
C.
Mercedes (Un nuevo año: Lo que auguramos. Acento, 2-1-2018) ha señalado con
perspicaz intuición: “El 2018 debería ser el antípoda del 2017, en
todo lo concerniente a lo institucional, la justicia y la
mega corrupción (…)”. El 2018, es el escenario perfecto para aunar
esfuerzos por comprender que el desarrollo solo es posible
cuando imbricamos política y ética. (…). La teoría de la justicia
se sostiene, según John Rawls, cuando política y ética giran
biunívocamente, en una relación dialéctica que no se pueda asumir la
política a distancia de la ética (…). Busquemos en este
espacio de reflexión que significa un nuevo año, el rincón de
la templanza, de la prudencia, de la fortaleza y la justicia, para
cimentar los pasos de la esperanza anidada en el 2017: La
movilización social. De nada sirve haber ‘logrado, realizado nuestra
revolución personal’, si el termómetro social que nos rodea, nos acogota”.
J.L.
Taveras (Proclama para un año nuevo, Acento, 2-1-2018), ha señalado: “¡A
trabajar! El futuro no se espera; se construye: es la obra inacabada del
presente, de un hoy infinitamente progresivo (…). Los años no son malos ni buenos;
nuestras determinaciones pueden ser asertivas o erradas y son ellas las que
finalmente decretan lo que somos o seremos; ellas nos redimen o nos condenan.
Pero debemos vivir la ficción de un nuevo año para hacer rupturas con la
rutina, oxigenar la monotonía, pausar el ritmo, aspirar otros alientos, contar
las pisadas, afirmar nuestras convicciones, reordenar los planes y darles otras
alturas a las visiones. Sí, ¡vivamos intensamente esa ilusión! pero como simple
coartada para repensar nuestros designios y rescatar así tantos compromisos
arrimados. (…) Desempolvemos los pactos interiores abandonados porque, a pesar
de su brevedad, la vida siempre nos aguarda cuando es para ser más. El nuevo
año es una oportunidad siempre inédita para perdonar, amar, corregir,
construir, pensar, y… soñar”.
El
Papa Francisco, en su mensaje con motivo de la celebración de la 51 jornada
mundial de la paz, el pasado día 1 de enero, se ha referido a los migrantes y
refugiados, como hombres y mujeres que buscan el bienestar y la paz y propone
que para el año 2018, las sociedades, los gobiernos, las iglesias y las
organizaciones e instituciones que trabajan con migrantes y
asilados, asuman un plan de trabajo fundamentado en cuatro piedras
angulares para la acción: “Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los
refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una
posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que
conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar”.
En definitiva, después
de lo expuesto más arriba por los diferentes escritores e intelectuales
citados, no queda mucho más por decir. Pues sus aportes son los suficientemente
concretos y luminosos para orientar y alimentar nuestra esperanza indignada y nuestras
prácticas solidarias, resistentes y comprometidas con la creación de una Vida
Digna, en una sociedad estructuralmente injusta, durante todo el año 2018.
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