Franklin Pimentel Torres - 5 de Agosto de 2017 -
Venezuela se ha convertido en un tema de primera plana de los periódicos
de diversos lugares del mundo y de algunos de los principales medios
dominicanos. A las agencias noticiosas de las grandes cadenas internacionales,
especializadas en la guerra mediática al servicio de los intereses del gran
capital, poco les importa los casos de injusticias y corrupción que se dan en
los países del Norte enriquecido, las guerras que provocan en el Medio Oriente
y África, ni la desaparición forzosa de los 43 normalistas en México, ni que al
2 de agosto se hayan agotado los recursos ecológicos correspondientes al 2017,
ni los sobornos pagados por las grandes transnacionales, de las que Odebrecht
es simplemente un ejemplo. Tampoco les interesa que en países como República
Dominicana haya una clase económica y partidaria que ha secuestrado el poder
económico y político y se haya apropiado impunemente de la mayor parte de
los recursos públicos, sin importar los medios para conseguir dicho propósito.
En Venezuela hubo el pasado domingo unas votaciones para constituir la
Asamblea Nacional Constituyente, que se encargaría de la revisión y
actualización de la Constitución del 1999, que intenta seguir sustentando el
proyecto económico, social y político impulsado por el Chavismo en las
últimas dos décadas (1998-2017). El gobierno habla de una votación que superó
los 8 millones, mientras hubo evidencias de la decisión de acudir a votar de
cerca un 41% de la población, aun en medio de la violencia desplegada por la
derecha y sus aliados.
Varios países, entre ellos Estados Unidos, algunos de la Unión Europea y
países latinoamericanos alineados con los intereses de la burguesía local
venezolana y de las multinacionales del petróleo, de la minería, de la
fabricación y comercialización de armas y del tráfico internacional de las
drogas, reconocieron el plebiscito de la oposición, en la que según lo dicho
por los voceros de ese sector habrían votado unos 7 millones de personas. Esos
países, sin embargo, han decidido desconocer los resultados de unas votaciones
que fueron hechas en un país soberano, y según las leyes de la Constitución de
esa nación. Por eso, para los sectores progresistas se trata de una
articulación injerencista que no respeta la soberanía del Pueblo Venezolano,
que utiliza la OEA al servicio de los intereses imperiales y que visualiza a
América Latina y el Caribe como países eternamente dependientes, económica,
política y culturalmente, de los países neo-coloniales del Norte.
Venezuela es un país clave en la batalla por la defensa de los intereses
geopolíticos y económicos del imperio norteamericano y los países dependientes
de este por un lado y de los imperios emergentes de China y Rusia y sus
aliados, por el otro. Con razón ha afirmado E. Calcaño: “Venezuela tiene las
reservas de petróleo más grandes del mundo. También alberga en su subsuelo
inmensas reservas de oro, coltán, cobre, bauxita y otros minerales. Todos son
recursos estratégicos. Los dueños del mundo, esto es, las élites de Estados
Unidos (militar, financiera, tecnológica, política, industrial y mediática), y
el gran capital internacional, en su diseño de dominio mundial precisan
controlar esos recursos. Los países que los poseen o son aliados (peones) o
enemigos (si deciden manejarlos soberanamente). Los aliados pueden ser desde
teocracias siniestras como Arabia Saudita, narco estados asesinos como México y
estados fallidos gobernados por genocidas como muchos países africanos.” [1].
El gran líder de la llamada “Revolución Bolivariana”, Hugo Chávez estuvo
al frente durante 15 de los 18 que tiene el chavismo al frente del poder en
Venezuela (1999-2017). Este no pudo superar su enfermedad de cáncer y murió
en Caracas el 5 de marzo de 2013 a la edad de 58 años.
Mientras estuvo al frente del proceso Chávez (1999-2013), que gozaba de tanta
popularidad, apoyado por los militares, y con una economía fortalecida por los
altos precios del petróleo, no podía hacer mucho el imperialismo y sus aliados
locales. Era necesario sacarlo del escenario. El extraño cáncer que lo
mató en efecto lo sacó fuera del juego. Contra Maduro, que no goza del carisma
de Chávez, ni la capacidad estratégica, y con una guerra económica y mediática
permanente, la derecha nacional e internacional sí puede combatir.
Tras la caída del precio del petróleo, llegó el momento de la envestida.
Le cerraron el crédito a Venezuela, lo cual dejó al gobierno dependiente
exclusivamente de divisas petroleras. De hecho el chavismo falló en articular
en el tiempo preciso un plan nacional, enfocado en aprovechar las divisas
generadas con el boom petrolero para crear nuevos sectores económicos no
dependientes de tales divisas. Esa realidad le explotó al gobierno y de ahí, en
parte, la crisis fiscal y económica actual de Venezuela.
Más allá de la guerra mediática, económica y judicial, montada por la
derecha internacional y local en Venezuela, es necesario reconocer los avances
sociales promovidos por el chavismo. Por eso tiene una inversión social del 60%
del presupuesto nacional (2014) y un 19.1% del PIB. En educación pública, por
ejemplo, se ha invertido el 4.9% del PIB y se ha tenido logros significativos
en los niveles inicial, primario, secundario y universitario. De hecho al 2013
se contaba con un 76.6 % de cobertura de la educación inicial, un 93.8% de la
educación primaria y un 75.9 de la educación secundaria. Se contaba, además,
con una tasa de prosecución o continuidad de un 96.7% en la educación primaria
y de un 87% en la educación secundaria, con bajas tasas de deserción.[2] Por
otro lado, se llevó atención médica a todos los rincones del extenso territorio
venezolano. Al 2011, la cobertura médica abarcaba el 100% de la población. Es
decir, la renta petrolera, por primera vez en la historia, se puso al servicio
de las mayorías.
Es de desear que en la actual coyuntura social, económica y geo-política
haya un real diálogo en Venezuela entre el chavismo dominante y la derecha
litigante, por el bienestar y la calidad de vida de las mayorías populares. Un
diálogo que sea realmente democrático; lo que implica que se realice sin
injerencia imperial, sin sabotajes, sin violencia de ninguno de los sectores y
sin manipulaciones mediáticas descaradas. Esta una tarea urgente, pues en
Venezuela, hoy día, se juega mucho la opción emancipatoria, soberana y
progresista-popular de nuestra América Latina, El Caribe y el Mundo.
[1] E. Calcaño, La Constituyente en Venezuela.
31-7-2017. Disponible en: http://acento.com.do/2017/opinion/8478715-la-constituyente-venezuela/
[2] Unicef, Indicadores básicos de Venezuela.
Disponible en: https://www.unicef.org/venezuela/spanish/overview_13275.htm
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