La engañosa
propuesta de la COP 21
Por Leonardo Boff.
29-01-2016
La XXI
Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático (COP21) que concluyó sus
trabajos el día 12 de diciembre pasado, en París, con la autocomplacencia de
todos, ha traído innegablemente puntos positivos. Laurent Fabius, presidente de
la COP21, reafirmó que el «texto es diferenciado, justo, duradero, dinámico,
equilibrado y jurídicamente vinculante”. Muy bien. Pero eso no nos exime de
hacer algunas reflexiones críticas, dada la gravedad del tema que afecta al
futuro de todos.
Primer punto positivo fue la cooperación entre los 195 países participantes. Su ausencia
fue lamentada en la COP15 de Copenhague por Nicholas Stern, asesor de la reina
Isabel en cuestiones ecológicas, con estas palabras: «Nuestra cultura no está
habituada a la cooperación, excepto en caso de guerra; en el resto impera la
competencia entre las naciones. Mientras perdure este espíritu nunca llegaremos
a ninguna convergencia». Ahora la convergencia se dio, facilitada por el
reconocimiento de que no estamos yendo al encuentro del calentamiento, sino que
nos encontramos ya dentro de él; además «el cambio climático representa una
amenaza urgente y potencialmente irreversible para las sociedades humanas y
para el planeta» (introducción).
El segundo punto positivo es la decisión
de mantener el calentamiento por
debajo del techo de 2°C, orientándose hacia 1’5° C hasta 2100, como en
la era pre-industrial.
El tercer punto positivo es la
convergencia en la necesidad de la adaptación y
de la mitigación que deben
ser asumidas por todos los países, de forma diferenciada según su participación
en la emisión de CO2.
El cuarto punto positivo fue la
decisión de los países ricos de pasar a partir de 2020100 mil millones de dólares al año a los países menos
equipados. Cabe, por cierto, observar que dicha cuantía representa apenas el
0,16% del PIB de las 20 mayores economías mundiales.
El quinto punto positivo es la transferencia de conocimientos científicos y
tecnológicos a los países con carencias en este área.
El sexto punto positivo es la
promoción de la capacitación para los países más necesitados a fin de
implementar la adaptación y la mitigación.
El séptimo punto positivo es el
establecimiento de «contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional»
por cada país para dejar clara la intención de detener voluntariamente el
avance del calentamiento.
El octavo punto positivo es la
creación de un organismo internacional dedicado a las pérdidas y daños para compensar a los países más afectados por
los cambios climáticos.
No obstante estos
puntos positivos, hay que hacer algunas reflexiones que no admiten espera. La
primera de ellas es el horizonte en el que se elabora cómo enfrentarse al
calentamiento global, revelado en el objetivo de la Conferencia: transformando nuestro mundo: la agenda 2030
para el desarrollo sostenible.
Como se puede
ver, lo que está en cuestión aquí no es el destino y el futuro de la vida y de
la Tierra amenazados por el caos climático, por lo tanto, la ecología. El
centro de interés es la economía bajo el signo de un desarrollo sostenible.
Esta opción encaja perfectamente en la corriente
dominante actual en la cual la macroeconomía mundialmente integrada
determina el rumbo de las políticas mundiales y nacionales.
Es importarte
destacar que el mencionado desarrollo se trata en realidad de crecimiento
económico material, medido por el PIB mundial y nacional. Ese
desarrollo/crecimiento es claramente insostenible, como ha sido mostrado por
economistas críticos y por renombrados ecologistas, pues, se funda en premisas
falsas: lo infinito de los recursos naturales y lo infinito de desarrollo hacia
el futuro. Estos dos infinitos son ilusorios: los recursos no son infinitos
porque la Tierra es finita. Y el desarrollo tampoco puede ser infinito porque
un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Además no es universalizable
para todos.
Pero lo que causa
verdadera indignación es que el texto no mencione a la naturaleza y la Tierra (sólo una vez al referirse
en el nº 140 a las culturas que llaman Madre a la Tierra). El problema no es el
desarrollo y la naturaleza sino el ser humano y la naturaleza: relación de
agresión o de sinergia. Este es el error imperdonable de la cosmología
rudimentaria presente en el texto. Entendemos la reacción inmediata del mayor
especialista en el calentamiento James Hansen: lo que la COP21 propone «es un
fraude, una farsa» (The Guardian, 14/12/2015).
Me uno a él y en breve volveré sobre el tema.
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