sábado, 27 de febrero de 2016

De fuera vendrán que derechos y justicia exigirán

De fuera vendrán que derechos y justicia exigirán

Franklin Pimentel-Torres.   26-2-2016

En una sociedad como la dominicana, en la que las y los ciudadanos tienen que sufrir una constante violación a sus derechos fundamentales y en la que una buena parte de la población vive marginada y con bajos niveles de conciencia,  cautiva ideológicamente y dependiente del clientelismo promovido y mantenido por las principales corporaciones económico-partidarias y económico-religiosas, contar con la vigilancia, y el apoyo de organismos internacionales que nos ayuden a velar por los derechos fundamentales de los sectores sociales tradicionalmente excluidos, es un aporte que tenemos que aprender a valorar, en su justo significado.

La Constitución dominicana en su artículo 7 señala que “La República Dominicana es un Estado Social y Democrático de Derecho (…), fundado en el respeto a la dignidad humana y los derechos fundamentales...” No obstante esta declaración constitucional, en muchos casos es el mismo Estado dominicano el que se convierte en el principal violador de los derechos fundamentales, a través de sus instituciones y de un sistema de justicia corrompido, diseñado para castigar y condenar a las y los débiles y asegurar la impunidad para los poderosos.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha dado a conocer recientemente su informe correspondiente al 2015: “Situación de los derechos humanos en República Dominicana”.,. Se trata de un análisis socio-político muy profundo sobre el respeto a los derechos humanos en el país. Dicho documento, que cuenta con 263 páginas, está redactado con un estilo ágil y prioriza la descripción de la violación a los derechos de las y los dominicanos de ascendencia haitiana, y a las y los trabajadores migrantes haitianos en República Dominicana.

El documento de la CIDH cuenta con los datos recogidos en la visita que un equipo de ese organismo hizo al país del 2 al 6 de diciembre del 2013, en donde entrevistaron a más de 3000 personas que acudieron al llamado de la comisión del organismo internacional, de las diferentes regiones del país, para informar sobre casos que incluyen la violación de sus derechos. El documento cuenta con una historia sobre los antecedentes que precedieron a la fatídica sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que desnacionalizó a más de 200,000 dominicanos y dominicanas de origen haitiana. Analiza, además, los resultados de la ley 169-14 y del Plan de Regularización Migratoria promovido por el gobierno, con sus exiguos resultados.  La CIDH se refiere, además, al racismo que está metido en la conciencia dominicana y es mantenido por los sectores del poder económico-partidario, como una forma de mantener su poder y su decisión de seguir utilizando la mano de obra de las y los migrantes en condiciones de neo-esclavitud.

La organización Transparencia Internacional acaba de hacer un aporte importante al país, al comunicar que el senador Félix Bautista ha quedado en cuarto lugar en una consulta mundial sobre los principales casos de corrupción pública. En algún momento de la consulta el dominicano estuvo en primer lugar en la votación. Y aunque el funcionario alegó que logró que los tribunales dominicanos y el sistema de justicia como tal se hicieran de la vista gorda, liberándolo de ir a un juicio de fondo, la organización internacional le pidió una documentación que éste no pudo presentar. De tal manera que a nivel internacional el caso Félix Bautista sigue presentándose como uno de los principales casos de corrupción en el mundo, de los últimos años.

Amnistía Internacional, en su reporte del 2015, sobre la situación de los derechos humanos en República Dominicana señaló algunos hechos en donde éstos han sido violados una vez más. Señaló que en el pasado año no se aprobó una ley de reforma de una policía que constantemente asesina a ciudadanos y ciudadanas y abusa de ellos y ellas. Señaló, además, que muchas personas de ascendencia haitiana seguían siendo apátridas a pesar de intento de aplicar una ley cuyo propósito era abordar y remediar esa situación (ley 169-14). No pudo entrar en vigor el nuevo Código Penal que despenalizaba el aborto en ciertas circunstancias. El Congreso tampoco adoptó una legislación que podría haber promovido la protección de los derechos de las mujeres y niñas de las personas pertenecientes al colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI).

El colectivo de los mal llamados neo-nacionalistas, que reproduce la ideología del neo-nazismo discriminatorio en la sociedad dominicana, señala que el aporte de estos organismos internacionales es una injerencia extranjera en los asuntos nacionales. Y confunden la identidad dominicana y la soberanía nacional con un supuesto derecho a seguir violando impúnemente los derechos de las y los dominicanos y dominicanas en general y en particular los de origen haitiano y de las y los migrantes que vienen a buscar mejores condiciones de vida, en la parte oriental de nuestro territorio isleño.

Bienvenido sea el aporte de los organismos internacionales que nos ayudan a visualizar las injusticias y abusos cometidos contra la población indefensa y nos recuerdan los derechos humanos fundamentales. Pues aun en medio del ruido del carnaval comercializado y del ruido ensordecedor de la campaña electoral, del hastío de la propaganda gubernamental y de la oposición, en tiempo de campaña electoral, éste un buen momento para que las personas conscientes y las organizaciones e instituciones comprometidas con otra sociedad posible, redefinamos las estrategias necesarias para continuar luchando por la construcción de una sociedad de justicia y de derecho, en la que se prioricen las políticas públicas orientadas a que los seres humanos y todos los seres vivos que habitamos en el territorio isleño, podamos vivir con dignidad y felicidad.



Percepciones y realidades al debate

Percepciones y realidades al debate

Franklin Pimentel-Torres                                                                   12-02-2016

En unas recientes declaraciones el ministro de Interior y policía, José Ramón Fadul, preguntado sobre el tema de la delincuencia que afecta a todos los sectores del país señaló que ésta ha bajado considerablemente en los últimos años; que los datos de investigaciones recientes señalan que hay menos niveles de delincuencia en República Dominicana que en países como Puerto Rico, Venezuela y Colombia y “que la percepción es mucho más elevada que la realidad”. Cuestionado por los periodistas sobre las bases de su declaración, señaló sin más: “parece que andamos por calles distintas, porque la realidad que yo veo es otra” (Diario Libre, 2-2-16, http://www.diariolibre.com/noticias/fadul-dice-que-la-delincuencia-es-mas-percepcion-que-realidad-ND2612285).

Estamos de acuerdo con José Ramón Fadul en que él y la mayor parte de los altos funcionarios del gobierno así como los líderes y lideresas de las corporaciones económico-partidarias pareciera que “andan por calles distintas” a las de las personas comunes. Y es que, según señaló un amigo, “la cabeza piensa según por donde anden los pies”. Pues quienes detentan el poder económico y partidario difícilmente pueden entender lo que les sucede a las y los débiles. La realidad es que a quienes se han enriquecido, a costa del dinero público, les cuesta entender lo que es ser madre o padre de familia y pasar calamidades y estrecheces con la alimentación o la salud de sus hijos o hijas,. Por otro lado, para los hijos o hijas de las y los funcionarios y para un grupo de las élites económicas y empresariales del país es difícil entender lo que sienten y viven las y los más de 800,000 jóvenes llamados “nini”;  desempleados y sin oportunidades de estudio.

¿Podríamos preguntarnos sobre qué es una percepción? Además, ¿qué articulación podemos establecer entre una percepción y una realidad? Según el diccionario de la Real Academia Española, “Percepción”, término proveniente del antiguo idioma latín (perceptio, onis) “es una sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos”. Y define el verbo percibir como: “Captar por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas”. En cambio define “realidad” como, “existencia real y efectiva de algo”.

En la última entrega de la encuesta Gallup de este mes de Febrero, cuando se preguntó a las personas sobre los tres principales problemas que hay en el país, señalaron, en este orden: la delincuencia (56.2%), la inflación y alza del costo de la vida (54%), y la escasez de trabajo y desempleo (41.4%). Aunque se pueda disentir de esta clasificación, la verdad es que la gente percibe estos tres problemas interconectados. Evidentemente la combinación de delincuencia, falta de trabajo digno y alto costo de la vida se convierten en una tríada generadora de pobreza, exclusión y muerte.

No es la primera vez que los funcionarios y líderes de los gobiernos peledeístas hacen declaraciones públicas, señalando que ciertas realidades nacionales son más percepciones personales o colectivas que verdaderos hechos y realidades. En una ocasión se le achacó a Leonel Fernández declarar, con relación al tema de la corrupción gubernamental, que ésta era más “percepción que realidad”. Por su lado, en una ocasión, en noviembre del 2014, el senador de Pedernales, Dionis Sánchez, refiriéndose a los resultados de una encuesta que señaló a los gobiernos presididos por Leonel Fernández, como los más corruptos de la historia del país, señaló que se trataba solo de una falsa percepción.

La percepción de la realidad, tanto en su dimensión personal como colectiva, puede ser inducida, manejada, manipulada. Por eso, se da un bombardeo diario de las conciencias del pueblo, generalmente orientado a inducir conductas y comportamientos que favorecen los intereses económicos, partidarios y corporativos de los grupos del poder económico, empresarial y banquero. Por eso, según acaba de denunciar Participación Ciudadana, el gobierno gasta más de $10 millones de pesos diarios en publicidad. En definitiva, utiliza los fondos públicos para convencernos de hechos y acciones y verdades a medias, que si fueran completamente ciertos no sería necesario malgastar el dinero del contribuyente en crear la percepción de una realidad que evidentemente no existe a los niveles que se plantea.

La percepción de la realidad tiene que ver con la sensibilidad que se genera al interior de la persona, mediada por los sentidos, fundamentalmente de la vista y del oído. Esa sensibilidad tiene que estar conectada con la razón y la voluntad de transformación de una realidad dolorosa que tiene que ser cambiada. Y los tres aspectos están relacionados con el tema del desarrollo de la conciencia ética y política de la persona. Por eso el maestro Eugenio M. de Hostos señaló que la conciencia es “esa fuerza que nace de las que juntas tienen la sensibilidad, la razón y la voluntad”.

El actual período electoral es una buena oportunidad para analizar como perciben la realidad quienes se presentan como líderes partidarios de corporaciones económico-partidarias, (PRSC,PRD y PLD) que están detentando el poder desde hace 50 años (1966-2016). y sobre todo qué propuestas tienen para contribuir al cambio de una realidad que ellos mismos se han encargado de crear y mantener. Y eso   no es solo una evidente percepción. Es, sobre todo, una dura realidad  que necesita ser transformada.


El sector educativo consciente, las y los comunicadores comprometidos, las y los líderes comunitarios, generadores de conciencia crítica y social tenemos un gran reto: se trata de ayudar a nuestro pueblo, sobre todo a las y los más débiles, a fortalecer su conciencia y su práctica transformadora ante las realidades que pasan. Eso conlleva a no dejarse manipular por las declaraciones que intentan confundir, ni por la propaganda falaz, de “quienes andan por calles distintas” a las del pueblo común.

Algunas lecciones de L. Boff en su visita a Rep. Dom.

Algunas lecciones de L. Boff en su visita a Rep. Dom.

Franklin Pimentel Torres.  19-02-2016

En esta semana hemos tenido en el país la visita del intelectual, humanista, teólogo de la liberación y  militante ecologista, el brasileño, Leonardo Boff. Vino al país a través del Ministerio de Energía y Minas, quien lo invitó por su relación con el proyecto ecológico y de preservación ambiental “Cultivando Agua Buena”, iniciativa de gestión social y participativa en algunas cuencas hidrográficas que se está desarrollando en el país y que se asemeja a un proyecto que se desarrolla en Itaipú binacional, una empresa hidroeléctrica entre Brasil y Paraguay, de la que Boff es padrino y asesor.
Quien escribe estas líneas es un lector asiduo de los escritos de Boff, desde hace más de 40 años. Valora su aporte  y su reflexión ética, teológica y ecológica, así como su compromiso socio-político, tanto en las àreas de la teología y la ética de la liberación desde los años 70 del siglo pasado, así como su involucramiento con las comunidades cristianas de base y con el movimiento popular de Brasil y de América Latina, que históricamente han asumido la lucha de los sectores sociales más empobrecidos y excluidos por mejorar sus condiciones de vida, en sociedades estructuralmente injustas. Entre esas luchas se incluye, como elemento prioritario, la preservación y el cuidado de la Casa Común, que es el planeta Tierra. Y es que Leonardo es fundamentalmente un maestro coherente, que enseña con sus hechos, con su pluma ágil e insobornable, y su compromiso con las causas de la preservación integral de la vida; tanto de los seres humanos como de sus demás habitantes: animales, seres vivos, plantas, flores...
Boff desarrolló en el país una apretada agenda y realizó varios encuentros con diferentes sectores de la sociedad dominicana: se reunió con un grupo de religiosos, religiosas y teólogos/as; tuvo un encuentro con organizaciones comunitarias y populares de la zona norte de Santo Domingo; estuvo en el almuerzo semanal del Grupo Corripio, en el programa uno más uno del canal 11; en el Centro León, de Santiago. Realizó, además, una conferencia en el Ministerio de Educación y otra en el Palacio Nacional, en donde fue condecorado con la orden de Duarte, Sánchez y Mella.
La agenda de Boff en el país culminó con la firma de un pacto por el fortalecimiento del proyecto “Cultivando Agua Buena”,  orientado a proteger las cuencas hidrográficas de varios ríos y que se está desarrollando desde hace un año en diferentes comunidades del territorio nacional y que es considerado como un laboratorio para la aplicación de de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2030). En este proyecto participan  más de 150 organismos estatales y de la sociedad civil; entre éstos los ministerios de Energía y Minas, de Economía Planificación y Desarrollo, de Medio Ambiente,  así como la Fundación Sur Futuro, la Asociación para el Desarrollo de Santiago, micro-empresas regionales, y asociaciones comunitarias, juveniles y religiosas.

En una conferencia-conversatorio en que participó el autor de estas líneas, en el Centro La Salle de Santo Domingo, Boff se refirió a la importancia de cultivar una adecuada espiritualidad y una ética de compasión por el cuidado del mundo, de la Casa Común, porque la Tierra ya no aguanta más las agresiones de los seres humanos. Y en la conferencia dictada en el Palacio Nacional, ante un salón atestado por las élites económicas partidarias y gubernamentales del país, señaló: "Tenemos que realizar un cambio radical de corazón y mente; no tenemos tradición de cultivar el espíritu para brindar amor, solidaridad, disfrutar de la alegría de compartir, de considerarnos hermanos y hermanas, de saber perdonar y ofrecer compasión; esos son los valores de la vida del espíritu".
Señaló que, según una declaración conjunta de un grupo de científicos, el pasado 23 de septiembre del 2015, hemos sobrepasado en el consumo de los recursos del planeta más del 30% de la capacidad de la tierra, de tal manera que nos conducimos hacia una catástrofe ambiental y de la vida, si no nos decidimos, de una vez por todas, a cambiar de rumbo.
Preguntado Boff sobre las causas de su aparente cambio de reflexión y producción intelectual desde la teología de la liberación a la ecología integral, señaló, lúcidamente: “La Teología de la Liberación nace para escuchar el grito de los oprimidos y defender a los pobres crucificados por el sistema capitalista salvaje. Dentro de esa opción de pobres se encuentra la Madre Tierra que está siendo devastada”. Y continuó diciendo: “La Madre Tierra es la Gran Pobre, crucificada, y que clama por su resurrección. Si la marca registrada de la Teología de la Liberación es la opción por los pobres contra la pobreza y su injusticia, la Tierra debe ser incluida en primer lugar en esta opción. Pues si no liberamos a la Tierra, eliminamos la base real para cualquier otro tipo de liberación”.
L. Boff consideró que el calentamiento global, el principio de autodestrucción, la incapacidad de la tierra para renovarse y la escasez de agua, son las cuatro grandes amenazas que hacen peligrar la existencia de la vida humana y de los demás seres vivos sobre el planeta Tierra, tal y como se conoce.
Señaló que uno de los principales problemas que se avecinan será el que causarán 100 millones de "emigrados ecológicos" que, afectados por la falta de agua, no aceptarán ese veredicto de muerte y procederán a emigrar a países y territorios en donde puedan sobrevivir.  En este sentido afirmó sin rodeos: "Apenas el 10 por ciento del 0,07 por ciento del agua potable (aprovechada) es destinada al consumo humano y animal, con lo cual tenemos que prepararnos para una emergencia humanitaria con categoría de catástrofe ecológica y social sin precedentes en el mundo".
La estadía del teólogo y militante ecologista L. Boff fue aprovechada por el grupo de Sacerdotes católicos “Helder Cámara”, para advertirle al visitante distinguido, sobre los grandes problemas ecológicos del país. En una carta dirigida a Boff le dijeron: “Como hermanos y como pueblo te pedimos que no sólo escuches la voz de quienes te han invitado, sino que escuches la voz del pueblo dominicano que en los momentos actuales sufre las consecuencias de las malas decisiones de quienes les han dirigido y sobre todo, de quienes no han sabido desarrollar una sana convivencia del ser humano con la naturaleza”. Y continuaron señalando los principales problemas ecológicos del país y los pocos niveles de responsabilidad del Estado Dominicana y sus instituciones en la preservación ambiental. Entre estos males señalaron la complicidad de los grupos económicos y partidarios con la depredación ambiental de los ríos, la complicidad con las mineras establecidas, los 23 permisos de exploración minera concedidos en el corazón de la cordillera central y la burla realizada por el Ejecutivo y el Congreso Nacional, ante la ley y la lucha popular que propugna que Loma Miranda sea declarada Parque Nacional.
Boff concluyó una de sus conferencias señalando que es necesario luchar contra la concentración de las riquezas, contra la gran injusticia, social y ecológica,  a nivel local, caribeño, latinoamericano y mundial. Señaló que el 1% de la humanidad, compuesto por 67 personas, tiene tantas riquezas como el 99% restante. Y afirmó categóricamente que la riqueza verdadera nace del corazón, de la capacidad de compartir. Pues el consumismo desbordado solo hace infeliz a las personas. Por eso, se refirió a la historia del filósofo griego Diógenes (412-323 a.e.c), quien solía ir al mercado público; paseaba de arriba a abajo, observando los productos y riéndose. Pero no compraba nada. Y ante la pregunta de los vendedores de para qué iba allí, señalaba: “Estoy mirando todas las cosas que no necesito para vivir”.
El maestro Boff concluyó su visita al país; pero aseguró personalmente al autor de estas líneas que quería seguir compartiendo sus reflexiones y su compromiso militante con los sectores sociales verdaderamente comprometidos con la preservación de la vida digna en todo nuestro territorio isleño. Por eso me confesó que veía con buenos ojos que la dirección del Digital Acento haya decidido publicar semanalmente un artículo suyo, a propuesta del equipo animador de la Red de Educación Ética y Ciudadana (REDETYC). Prometió, además, conceder al autor de estas líneas, una entrevista sobre su visita al país. La misma será compartida en una próxima entrega, en este medio de comunicación.


Una cultura cuyo centro es el corazón

Una cultura cuyo centro es el corazón

L. Boff.  26-02-2016

Nuestra cultura, a partir del llamado siglo de las luces (1715-1789) aplicó de forma rigurosa la comprensión de René Descartes (1596-1650), de que el ser humano es “señor y maestro” de la naturaleza y puede disponer de ella a su antojo. Confirió un valor absoluto a la razón y al espíritu científico: Lo que no consigue pasar por la criba de la razón, pierde legitimidad. De aquí se derivó una severa crítica a todas las tradiciones, especialmente a la fe cristiana tradicional.
Con esto se cerraron muchas ventanas del espíritu que permiten también un conocimiento sin que pase necesariamente por los cánones racionales. Ya Pascal notó ese reduccionismo hablando en sus Pensamientos de la logique du coeur (“el corazón tiene razones que desconoce la razón”) y del esprit de finesse, que se distingue del esprit de géométrie, es decir, de la razón calculadora e instrumental analítica.
Pero lo más marginado y hasta difamado fue el corazón, órgano de la sensibilidad y del universo de las emociones, bajo el pretexto de que atropellaría “las ideas claras y distintas” (Descartes) del mirar científico. Así surgió un saber sin corazón, pero funcional al proyecto de la modernidad, que era y sigue siendo el de hacer del saber un poder, un poder como forma de dominación de la naturaleza, de los pueblos y de las culturas. Esa fue la metafísica (la comprensión de la realidad) subyacente a todo el colonialismo, al esclavismo y eventualmente a la destrucción de los diferentes, como las ricas culturas de los pueblos originarios de América Latina (recordemos a Bartolomé de las Casas con suHistoria de la destrucción de las Indias).
Curiosamente toda la epistemología moderna que incorpora la mecánica cuántica, la nueva antropología, la filosofía fenomenológica y la psicología analítica han mostrado que todo conocimiento viene impregnado de las emociones del sujeto, y que sujeto y objeto están indisolublemente vinculados, a veces por intereses ocultos (J. Habermas).
A partir de tales constataciones y con la experiencia despiadada de las guerras modernas se pensó en rescatar el corazón. Al fin y al cabo, en él reside el amor, la simpatía, la compasión, el sentido del respeto, la base de la dignidad humana y de los derechos inalienables. Michel Mafessoli en Francia, David Goleman en Estados Unidos, Adela Cortina en España, Muniz Sodré en Brasil y tantos otros por todo el mundo, se han empeñado en rescatar la inteligencia emocional o la razón sensible o cordial. Personalmente estimo que frente a la crisis generalizada de nuestro estilo de vida y de nuestra relación con la Tierra, sin la razón cordial no nos moveremos para salvaguardar la vitalidad de la Madre Tierra y garantizar el futuro de nuestra civilización.
Esto que nos parece nuevo y una conquista –los derechos del corazón–, era el eje de la grandiosa cultura maya en América Central, particularmente en Guatemala. Como no pasaron por la circuncisión de la razón moderna, guardan fielmente sus tradiciones, que vienen a través de las abuelas y los abuelos a lo largo de generaciones. Su principal texto escrito, el Popol Vuh, y los libros de Chilam Balam de Chumayel testimonian esa sabiduría.
Participé muchas veces en celebraciones mayas con sus sacerdotes y sacerdotisas. Se hace siempre alrededor del fuego. Comienzan invocando al corazón de los vientos, de las montañas, de las aguas, de los árboles y de los antepasados. Hacen sus invocaciones en medio de un incienso nativo perfumado que produce mucho humo.
Oyéndolos hablar de las energías de la naturaleza y del universo, me parecía que su cosmovisión era muy afín, guardadas las diferencias de lenguaje, a la de la física cuántica. Todo para ellos es energía y movimiento, entre la formación y la desintegración (nosotros diríamos: la dialéctica del caos-cosmos) que dan dinamismo al Universo. Eran eximios matemáticos y habían inventado el número cero. Sus cálculos del curso de las estrellas se aproximan en muchas cosas a lo que nosotros con los modernos telescopios hemos alcanzado.
Bellamente dicen que todo lo que existe nació del encuentro amoroso de dos corazones, el corazón del Cielo y el corazón de la Tierra. Esta, la Tierra, es Pacha Mama, un ser vivo que siente, intuye, vibra e inspira a los seres humanos. Estos son los “hijos ilustres, los indagadores y buscadores de la existencia”, afirmaciones que nos recuerdan a Martin Heidegger.
La esencia del ser humano es el corazón que debe ser cuidado para ser afable, comprensivo y amoroso. Toda la educación que se prolonga a lo largo de la vida consiste en cultivar la dimensión del corazón. Los Hermanos de la Salle tienen en la capital Guatemala un inmenso colegio –Prodessa– donde jóvenes mayas viven en internado, bilingüe, donde se recupera y se sistematiza la cosmovisión maya al mismo tiempo que asimilan y combinan saberes ancestrales con los modernos, ligados especialmente a la agricultura y a relaciones respetuosas con la naturaleza.
Me complace terminar con un texto que una mujer maya sabia me pasó al final de un encuentro sólo con indígenas mayas: “Cuando tienes que escoger entre dos caminos, pregúntate cuál de ellos tiene corazón. Quien escoge el camino del corazón nunca se equivocará” (Popol Vuh).


La vida del espíritu y la ética de la Tierra

La vida del espíritu y la ética de la Tierra


Leonardo Boff

19/02/2016


  Si es verdad que los trastornos climáticos son antropogénicos, es decir, que tienen su génesis en los comportamientos irresponsables de los seres humanos (menos de los pobres, y mucho más de las grandes corporaciones industriales), entonces es claro que la cuestión es antes ética que científica. Es decir, la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza y con la Casa Común no eran y no son adecuadas y buenas. Dice el Papa Francisco en su inspiradora encíclica Laudato Sii: sobre el cuidado de la Casa Común (2015): «Nunca maltratamos y herimos nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos... Esas situaciones provocan los gemidos de la hermana Tierra, que se unen a los gemidos de los abandonados del mundo, con un clamor que reclama de nosotros otro rumbo» (n. 53).
Ese otro rumbo implica, urgentemente, una ética regeneradora de la Tierra. Esta ética debe estar fundamentada en algunos principios universales, comprensibles y practicables por todos. Es el cuidado esencial, que es una relación amorosa con la naturaleza; es el respeto por cada ser porque tiene un valor en sí mismo; es la responsabilidad compartida por todos acerca del futuro común de la Tierra y de la humanidad; es la solidaridad universal por la cual nos ayudamos mutuamente; y, por último, es la compasión por la cual hacemos nuestros los dolores de los otros y de la propia naturaleza.
Esta ética de la Tierra debe devolverle la vitalidad vulnerada a fin de que pueda continuar regalándonos todo lo que nos ha regalado siempre durante todos los tiempos de nuestra existencia sobre este planeta.
Pero no es suficiente una ética de la Tierra. Necesitamos acompañarla de una espiritualidad. Ésta hunde sus raíces en la razón cordial y sensible. De ahí nos viene la pasión por el cuidado y un compromiso serio de amor, de responsabilidad y de compasión por la Casa Común.
El conocido y siempre apreciado Antoine de Saint-Exupéry, en un texto póstumo escrito en 1943, Carta al General “X” , afirma con gran énfasis: “No hay sino un problema, solamente uno: redescubrir que hay una vida del espíritu que es aún más alta que la vida de la inteligencia, la única que puede satisfacer al ser humano” (Macondo Libri 2015, p. 31).
Otro texto, escrito en 1936, cuando era corresponsal de Paris Soir durante la guerra civil española, lleva como título «Es preciso dar un sentido a la vida». En él retoma el tema de la vida del espíritu. Para eso, afirma, “necesitamos entendernos recíprocamente; el ser humano solamente se realiza junto con otros seres humanos, en el amor y en la amistad; sin embargo, los seres humanos no se unen aproximándose los unos a los otros, sino fundiéndose en la misma divinidad. Tenemos sed, en un mundo convertido en desierto, sed de encontrar compañeros con los cuales compartir el pan” (Macondo Libri 2015, p. 20). Y termina la Carta al General “X” : “Tenemos tanta necesidad de un Dios...” (op. cit. 36).
Efectivamente, sólo la vida del espíritu satisface plenamente al ser humano. Ella es un bello sinónimo para espiritualidad, a veces identificada o confundida con religiosidad. La vida del espíritu es más, es un dato originario de nuestra dimensión profunda, un dato antropológico como la inteligencia y la voluntad, algo que pertenece a nuestra esencia.
Sabemos cuidar de la vida del cuerpo, hoy un verdadero culto celebrado en tantas academias de gimnasia. Los psicoanalistas de varias tendencias nos ayudan a cuidar de la vida de la psique, de cómo equilibrar nuestras pulsiones, los ángeles y demonios que nos habitan, para llevarla con un relativo equilibrio.
Pero en nuestra cultura prácticamente olvidamos cultivar la vida del espíritu, que es nuestra dimensión más radical, donde se albergan las grandes preguntas, anidan los sueños más osados y se elaboran las utopías más generosas. La vida del espíritu se alimenta de bienes no tangibles como el amor, la amistad, la compasión, el cuidado y la apertura al infinito. Sin la vida del espíritu divagamos por ahí, desenraizados y sin un sentido que nos oriente y que haga la vida apetecible.
Una ética de la Tierra no se sustenta sola por mucho tiempo sin ese complemento del alma (supplément d’âme, dicen los franceses) que es la vida del espíritu, que nos convoca a lo alto y a acciones salvadoras y regeneradoras de la Madre Tierra. En definitiva, Ética y vida del espíritu son dos hermanas gemelas inseparables.



Necesitamos construir puentes en la vida y en la política

Necesitamos construir puentes en la vida y en la política

L. Boff.  12-02-2016


En Brasil, como en otros países latinoamericanos y caribeños, constatamos hoy una seria división entre las personas por razones político-partidistas. Hubo gente que dejó de participar en la confraternización de Navidad debido a divergencias políticas: unos por críticas al partido que está en el poder por haber mentido en la campaña; otras a causa de la excesiva corrupción atribuida a grupos importantes del PT. Unos son férreos defensores del impeachment a la Presidenta Dilma Rousseff. Otros no consideran las famosas “pedaladas” razón suficiente para sacarla del cargo más alto de la República, conquistado con el voto de la mayoría de la población. Admitamos que las pedaladas sean un pecado, pero son solo pecado venial, cometido sin mala intención. Por un pecado venial, en sana teología, nadie es condenado al infierno. A lo máximo pasa un tiempo en la clínica purificadora de Dios que es el purgatorio. Este no es la antesala del infierno sino la antesala del cielo.
Ignoremos estas contradicciones. El hecho es que indudablemente existe en la sociedad gran irritación, intolerancia racial, discusiones ácidas y muchas palabras fuertes que los niños no deberían ni siquiera oír. Especialmente internet ha abierto la puerta por donde pasa todo tipo de ofensa. Algunos han quedado anclados en el pasado y se imaginan todavía en la guerra fría. Llamar al otro comunista es una ofensa. Olvidan que el imperio soviético se derrumbó y el muro de Berlín cayó en 1989.
Los puentes de los espacios sociales, diferentes, pero aceptados y respetados han sido averiados o destruidos. Una sociedad no puede sobrevivir sanamente viendo que su tejido social se está desgarrando. Ahí existe el peligro de los radicalismos de derecha (dictaduras como la de los militares) o de izquierda (como el socialismo soviético totalitario).
Más que hacer muchas argumentaciones teóricas, estimo que las historias pueden darnos buenas lecciones y convencernos de la verdad de las cosas. Voy a contar una historia que oí hace mucho tiempo y que tiene una fuerza de convicción efectiva. Aquí está:
Dos hermanos vivían en buena armonía en dos granjas vecinas. Tenían una buena producción de granos, algunas cabezas de ganado y cerdos bien cuidados.
Cierto día tuvieron una pequeña discusión. Las razones no tenían mayor importancia: una vaquilla del hermano menor se había escapado y había comido un buen trozo del maizal del hermano mayor. Discutieron con cierta irritación. La cosa parecía haberse quedado ahí.
Pero no fue así. De repente, ya no se hablaban. Evitaban encontrarse en la bodega o por el camino. Se hacían los desconocidos.
Un buen día, apareció en la granja del hermano mayor un carpintero pidiendo trabajo. El granjero lo miró de arriba abajo y, con un poco de pena, le dijo: “¿Ve aquel riachuelo que corre por allá abajo? Es la división entre mi granja y la de mi hermano. Con toda esa leña que hay en la leñera construya una cerca bien alta, para que no me vea obligado a ver a mi hermano ni su granja. Así estaré en paz”.
El carpintero aceptó el servicio, tomo las herramientas, y se puso a trabajar. Mientras tanto, el hermano mayor se fue a la ciudad a resolver algunos asuntos.
Cuando al caer la tarde volvió a la granja, al caer la tarde, quedo horrorizado con lo que vio. El carpintero no había hecho una cerca, sino un puente que pasaba por encima del río y unía las dos granjas.
Y hete aquí que pasando por el puente venía su hermano, menor diciendo: “Hermano, después de todo que pasó entre nosotros, me cuesta creer que usted haya hecho ese puente solo para encontrarse conmigo. Tiene usted razón, es hora de acabar con nuestra desavenencia. ¡Un abrazo, hermano!”.
Y se abrazaron efusivamente y se reconciliaron. El hermano encontró al otro hermano.
De pronto vieron que el carpintero se estaba marchando. Y le gritaron: “Eh, carpintero, no se vaya usted, quédese unos días con nosotros... nos ha traído tanta alegría…”
Pero el carpintero respondió: “No puedo, hay otros puentes que construir por el mundo. Hay muchos todavía que necesitan reconciliarse”. Y se fue caminando tranquilamente hasta desaparecer en la curva del camino.
El mundo y nuestro país necesitan puentes y personas-carpintero que generosamente relativizan los desacuerdos y construyen puentes para que podamos vivir por encima de los conflictos y diferencias inherentes a la incompletitud humana. Tenemos que aprender y reaprender siempre a tratarnos fraternalmente.
Tal vez sea este uno de los imperativos éticos y humanitarios más urgentes en el actual momento histórico.


La COP 21 pavimenta el camino hacia el desastre


La COP 21 pavimenta el camino hacia el desastre

L. Boff


  En el artículo anterior publicado en este espacio, el autor, tras resaltar los puntos positivos, inició una fuerte crítica acerca de la ilusoria propuesta de la XXI Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático (COP 21) sobre el calentamiento global. No puede negarse la buena intención de todos, solo que esa intención no es buena para la vida, para la humanidad y para la Casa Común: la forma como se quiere prevenir el techo de 2ºC de calentamiento y caminar hasta 2100 en dirección a los niveles pre-industriales que eran de 1,5ºC. Todo esto deberá ser alcanzado sin alterar el flujo comercial y financiero del mundo, según se deduce del lema de la Convención: “transformando nuestro mundo: la agenda 2030 para un desarrollo sostenible”.
Aquí reside el nudo del problema. El desarrollo que predomina en el mundo no es en modo alguno sostenible, pues es sinónimo de puro crecimiento material ilimitado dentro de un planeta limitado. Este es conseguido mediante la desmesurada explotación de los bienes y servicios naturales, aunque esto implique una perversa desigualdad social, devastación de ecosistemas, erosión de la biodiversidad, escasez de agua potable, contaminación de los suelos, de los alimentos y de la atmósfera.
Después de decenas de años de reflexión ecológica, parece que los negociadores y jefes de Estado no han aprendido nada. Ellos simplemente no piensan en el destino común. Solo dan alas a la furia productivista, mercantilista y consumista, pues esa es la corriente dominante globalizada. Ahora bien, este es el tipo de desarrollo/crecimiento que produce el caos de la Tierra y la depredación de la naturaleza. Los datos científicos más serios y recientes dicen que hemos alcanzado el Earth Overshoot Day, el día de la sobrecarga de la Tierra, es decir, el día en que la Tierra perdió su biocapacidad de atender las demandas humanas. Si tomamos como referencia un año, en agosto ya había gastado su depósito de abastecimientos para el sistema-vida. ¿Cómo quedan los demás meses? Siendo así, ¿todavía tiene sentido hablar con propiedad de desarrollo sostenible para 2030? Si el bienestar de los países ricos fuese universalizado ―esto ha sido científicamente calculado y está en los manuales de ecología― necesitaríamos por lo menos tres Tierras iguales a la actual.
La COP 21 quiere curarnos dándonos el veneno que nos está matando. No por casualidad, y esto es vergonzoso y humillante para cualquier persona que se preocupa de la naturaleza y la Madre Tierra, en ningún lugar del documento final, aparecen las palabras naturaleza y Tierra. Los representantes son rehenes del paradigma científico del siglo XVI para el cual la Tierra no pasaba de ser una cosa inerte y sin propósito, antes un baúl de recursos colocados a nuestra disposición que la Magna Mater. No han valido de nada las reflexiones de los grandes nombres de la ciencia de la vida y de la Tierra, como Prigogine, de Duve, Capra, Wilson, Maturana, Swimme, Lutzenberger, teniendo como antecesores a Heisenberg, Bohr, Schrödinger y especialmente Lovelock, sin olvidar la encíclica del Papa Francisco “cuidando de la Casa Común”, entre tantos otros fundadores del nuevo paradigma. En el texto predomina la más descarada tecnocracia (dictadura de la tecnología y de la ciencia), tan duramente criticada por el Papa en su encíclica, como si solamente a través de ella nos vinieran las soluciones mesiánicas para la adaptación y la mitigación de los climas. No hay ningún sentido de ética y de llamadas a valores no materiales. Todo gira alrededor de la producción y del desarrollo/crecimiento, en un craso materialismo.
Según el nuevo paradigma, basado en una visión de la cosmogénesis que ya dura desde hace por lo menos 13,7 millones de años, vemos a todos los seres inter-retro-relacionados, cada uno con valor intrínseco pero abierto a conexiones en todas las direcciones, formando órdenes cada vez más altos y complejos hasta permitir la emergencia de la vida y de la vida humana inteligente y portadora de creatividad.
Concuerdo con el mayor especialista sobre el calentamiento global, el profesor de la Universidad de Columbia y antes del a NASA, James Hansen (cfr. The Guardian de 14/12/2015), que es ilusorio pedir a las petroleras que dejen bajo el suelo el petróleo, el gas, el carbón, energías fósiles emisoras de CO2, y las sustituyan por energías renovables. Todas las energías renovables juntas no llegan al 30% de lo que necesitamos. Las metas de la COP21 son totalmente irreales, porque las energías fósiles son más baratas y van a seguirse quemando, especialmente si se mantiene la economía de acumulación con las consecuencias ecológicas y sociales que acarrea.
Pero habría una posibilidad si realmente quisiéramos estabilizar el clima entre 1’5º y 2ºC, lo que sería todavía administrable; deberíamos cambiar de paradigma: pasar de una sociedad industrialista/consumista a una sociedad de sostenimiento de toda la vida, orientada por el biorregionalismo y no por el globalismo uniformizador. La centralidad la tendría la vida en su diversidad y no el desarrollo. La producción se haría a los ritmos de la naturaleza, en el respeto de los derechos de la Madre Tierra y de la diversidad de las culturas humanas. Aquí nos inspira más el Papa Francisco en su encíclica que los tecnócratas de la COP21. De seguir sus consejos, estaremos pavimentando el camino que nos conduce al desastre.



La engañosa propuesta de la COP 21

La engañosa propuesta de la COP 21

Por Leonardo Boff. 29-01-2016

La XXI Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático (COP21) que concluyó sus trabajos el día 12 de diciembre pasado, en París, con la autocomplacencia de todos, ha traído innegablemente puntos positivos. Laurent Fabius, presidente de la COP21, reafirmó que el «texto es diferenciado, justo, duradero, dinámico, equilibrado y jurídicamente vinculante”. Muy bien. Pero eso no nos exime de hacer algunas reflexiones críticas, dada la gravedad del tema que afecta al futuro de todos.
Primer punto positivo fue la cooperación entre los 195 países participantes. Su ausencia fue lamentada en la COP15 de Copenhague por Nicholas Stern, asesor de la reina Isabel en cuestiones ecológicas, con estas palabras: «Nuestra cultura no está habituada a la cooperación, excepto en caso de guerra; en el resto impera la competencia entre las naciones. Mientras perdure este espíritu nunca llegaremos a ninguna convergencia». Ahora la convergencia se dio, facilitada por el reconocimiento de que no estamos yendo al encuentro del calentamiento, sino que nos encontramos ya dentro de él; además «el cambio climático representa una amenaza urgente y potencialmente irreversible para las sociedades humanas y para el planeta» (introducción).
El segundo punto positivo es la decisión de mantener el calentamiento por debajo del techo de 2°C, orientándose hacia 1’5° C hasta 2100, como en la era pre-industrial.
El tercer punto positivo es la convergencia en la necesidad de la adaptación y de la mitigación que deben ser asumidas por todos los países, de forma diferenciada según su participación en la emisión de CO2.
El cuarto punto positivo fue la decisión de los países ricos de pasar a partir de 2020100 mil millones de dólares al año a los países menos equipados. Cabe, por cierto, observar que dicha cuantía representa apenas el 0,16% del PIB de las 20 mayores economías mundiales.
El quinto punto positivo es la transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos a los países con carencias en este área.
El sexto punto positivo es la promoción de la capacitación para los países más necesitados a fin de implementar la adaptación y la mitigación.
El séptimo punto positivo es el establecimiento de «contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional» por cada país para dejar clara la intención de detener voluntariamente el avance del calentamiento.
El octavo punto positivo es la creación de un organismo internacional dedicado a las pérdidas y daños para compensar a los países más afectados por los cambios climáticos.
No obstante estos puntos positivos, hay que hacer algunas reflexiones que no admiten espera. La primera de ellas es el horizonte en el que se elabora cómo enfrentarse al calentamiento global, revelado en el objetivo de la Conferencia: transformando nuestro mundo: la agenda 2030 para el desarrollo sostenible.
Como se puede ver, lo que está en cuestión aquí no es el destino y el futuro de la vida y de la Tierra amenazados por el caos climático, por lo tanto, la ecología. El centro de interés es la economía bajo el signo de un desarrollo sostenible. Esta opción encaja perfectamente en la corriente dominante actual en la cual la macroeconomía mundialmente integrada determina el rumbo de las políticas mundiales y nacionales.
Es importarte destacar que el mencionado desarrollo se trata en realidad de crecimiento económico material, medido por el PIB mundial y nacional. Ese desarrollo/crecimiento es claramente insostenible, como ha sido mostrado por economistas críticos y por renombrados ecologistas, pues, se funda en premisas falsas: lo infinito de los recursos naturales y lo infinito de desarrollo hacia el futuro. Estos dos infinitos son ilusorios: los recursos no son infinitos porque la Tierra es finita. Y el desarrollo tampoco puede ser infinito porque un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Además no es universalizable para todos.
Pero lo que causa verdadera indignación es que el texto no mencione a la naturaleza y la Tierra (sólo una vez al referirse en el nº 140 a las culturas que llaman Madre a la Tierra). El problema no es el desarrollo y la naturaleza sino el ser humano y la naturaleza: relación de agresión o de sinergia. Este es el error imperdonable de la cosmología rudimentaria presente en el texto. Entendemos la reacción inmediata del mayor especialista en el calentamiento James Hansen: lo que la COP21 propone «es un fraude, una farsa» (The Guardian, 14/12/2015). Me uno a él y en breve volveré sobre el tema.