viernes, 26 de diciembre de 2014

El niño nació entre pobres con un proyecto de vida digna

El niño nació entre pobres con un proyecto de vida digna

Por Franklin Pimentel Torres

En estos días de navidad, entre encuentros familiares, re-encuentro con amigos y amigas que viven fuera del país y que vienen en esta temporada, y por otro lado el ruido de las bocinas, la comedia de entrega de cajas a los más pobres a los que se ha condenado a vivir en la miseria, el comercio dislocado y el dolor de familias que pierden sus seres queridos como fruto de la violencia común, o la violencia del tránsito, es oportuno intentar recuperar el sentido primero de esta celebración, que tiene su origen como conmemoración del nacimiento de Jesús de Nazaret.
Jesús nació en el seno de un pueblo cuyo origen está en unas tribus de emigrantes, de pastores nómadas, que fueron a Egipto buscando mejor vida (cerca del 1600 a.e.c) y que fueron esclavizados duramente por el poder faraónico. Esas tribus, creían en una divinidad solidaria con la gente que sufre opresión, que se organiza para su liberación y crea un proyecto de una sociedad justa, equitativa, en “la tierra que mana leche y miel” (Ex 3,8); por eso, con el liderazgo de Moisés, se organizaron para escapar de la esclavitud y luego, con el liderazgo de Josué, se articularon, en las tierra conquistadas de Canaán, con otros grupos de emigrantes y lograron construir un proyecto de unidad, organizado en familias- tribus, en donde se repartió la tierra de forma equitativa y se estableció un gobierno tribal, descentralizado, en donde se asignó a cada tribu la porción de tierra que necesitaba para vivir y para alimentar a sus integrantes.
Ese sueño de una sociedad tribal equitativa, en donde no había reyes, ni monarcas, sino líderes tribales, duró cerca de dos siglos (1200-1000, a.e.c). Pero luego se fue debilitando entre otros motivos por la perversión y corrupción del liderazgo tribal. Al final se impuso una monarquía que concentró el poder y las riquezas en pocas manos. Y surgieron reyes; entre ellos David y Salomón, que reprodujeron en la tierra conquistada de Canaán, el estilo de la sociedad esclavista de Egipto.
En medio de una nueva situación de injusticia y opresión surgen profetas que se sitúan desde el lado de la gente débil y empobrecida; denuncian las injusticias y recuerdan el acontecimiento de la condición de liberación de Egipto y vuelven a proponer el proyecto igualitario de la organización tribal. En esa tradición profética, comprometida con la construcción del proyecto de “los  cielos nuevos y la tierra nueva en donde habite la justicia” (2 Pe 3,13), es necesario situar a Jesús de Nazaret, su nacimiento, su vida comprometida  en medio de las gente empobrecida, su misión de anunciar las buenas nuevas para la gente más pobres, constituyendo un equipo de hombres y mujeres comprometidos. Jesús acompañó su mensaje con acciones concretas de solidaridad como curaciones, multiplicaciones del pan o de defensa de los derechos de sectores sociales excluidos como las mujeres, los leprosos...
Según nos cuenta el evangelista Lucas el niño nació en Belén, un pueblecito cercano a Jerusalén, el centro religioso y político más importante de la tierra de Palestina de la época. El texto evangélico señala que María “dio a luz su primogénito y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la sala común” (Lc 2,7). El evangelio lucano nos señala también que un grupo de pastores, tenidos como gente despreciable, fueron a ver al niño y a su madre. Sin embargo, Herodes, el rey, sintió temor de ser desplazado del trono y por eso mandó a matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores. Por eso, José, su padre, con la intención de preservarles la vida, tomó de noche al niño y a su madre y huyó a Egipto (Mt 2,13-16) hasta que pasara el peligro.
El niño nace en un contexto de exclusión social, en compañía de gente marginada y de amenaza de muerte por parte del poder monárquico. Este personaje vive su niñez, su adolescencia y su juventud en Galilea, tenida como tierra de gente pobre y marginada por los principales grupos religiosos y políticos de Jerusalén. Cuando tenía aproximadamente 30 años decidió asumir un proyecto de anunciar a los pobres una buena noticia y proclamó la necesidad de constituir una comunidad de hermanos y hermanas comprometidos con el mejoramiento de la vida de los sectores sociales más excluidos, en medio de una sociedad desigual e injusta.
Jesús se rodeó de un grupo de hombres y mujeres provenientes, en su mayoría, de los sectores sociales más excluidos. A éstos les propuso un proyecto alternativo de vida y relaciones con las personas, la naturaleza y los demás seres vivos que él llamó “Reino de Dios”. Y aunque el maestro fue asesinado por los poderes fácticos de su tiempo;  después de su muerte su palabra su práctica se convirtieron en una inspiración, para construir un espacio comunitario en donde nadie tenía nada como suyo (Hch 2,44-45) y en donde se repartían los bienes  según las necesidades de cada tribu, de cada familia, de cada persona.
Navidad, es tiempo oportuno para profundizar en la trascendencia del nacimiento y de la vida de Jesús de Nazaret, una persona que asumió su misión histórica con responsabilidad y que legó a la humanidad  su mensaje y su práctica comprometida, promotora de un proyecto de Vida Plena, de Vida Digna, fundamentado en los valores del amor, la compasión, la solidaridad y la indignación ética. Este proyecto se sigue construyendo hoy por sus seguidores y seguidoras con el protagonismo y el liderazgo de gente empobrecida, marginada, excluida, pero consciente de su misión profética en medio de la sociedad estructuralmente injusta, en que le toca vivir.


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