Encendamos la luz de la esperanza
A pesar de la censura
implícita de ciertos medios plegados al status quo, la divulgación de esta
campaña fue recibida por más dos millones de dominicanos a través de las redes
sociales. La respuesta ciudadana fue tan inédita como enardecida.
http://acento.com.do/2014/opinion/editorial/8203030-encendamos-la-luz-de-la-esperanza/
Hoy 9 de diciembre de 2014, Día
Internacional de Lucha contra la Corrupción, el país está convocado a una
jornada luz en contra de la impunidad. Un colectivo de más de treinta
organizaciones civiles pide a cada dominicano encender las luces de sus carros
y cualquier luminaria manual como legítimo reclamo por una mayor transparencia
en la vida pública y privada. Una modalidad creativa, personal y expresiva de
protesta ciudadana.
No se trata de una corriente febril ni
esnobista de los movimientos de protestas que hoy se levantan en España, Corea,
Brasil, Hong Kong y en otras latitudes demandando una gestión sana, funcional y
eficiente. Es un grito entrañable parido de nuestras propias frustraciones. Una
suprema convocatoria a la dignidad cauterizada por la apatía o rendida ante la
impotencia.
A pesar de la censura implícita de
ciertos medios plegados al status quo, la divulgación de esta campaña fue
recibida por más dos millones de dominicanos a través de las redes sociales. La
respuesta ciudadana fue tan inédita como enardecida.
Los ciudadanos han decidido subvertir
esta cultura licenciosa que impone sus fueros y exigir un régimen de
consecuencias para los servidores públicos que le roban su dinero. La
impunidad no va a pasar. Si el sistema de justicia se rinde a los designios de
los poderes políticos, como lo está demostrando, la nación arrebatará su
justicia antes que sucumbir. Este modelo corrompido que pretende avasallar toda
resistencia con la fuerza del miedo o del dinero encontrará una portentosa
contención de dignidad para encararlo. Se trata de una lucha sin
tregua en contra de los actos y las omisiones impunes sin considerar la
categoría social o política de sus autores. Nadie está por encima de la ley.
Más de quince años de crecimiento
económico sin desarrollo; medio siglo de clientelismo parasitario sustentado
por un Estado paternalista, corrompido, autócrata y populista, ante de la
indiferencia de actores económicos, beneficiarios, algunos, de ese rancio
paradigma. Los partidos políticos, agentes ideales de transformaciones,
renunciaron a toda idea de representación colectiva para crear castas sociales
enriquecidas a través del abuso del patrimonio público, expiadas por una cadena
de complicidades históricas. Mientras el talento joven tiene que emigrar en
busca de espacios de realización, el clientelismo partidario asalta las
posiciones públicas para depredarlas sin temor a las consecuencias por la
licencia de impunidad que redime sus excesos.
Ya no es juego de muchachos. La sociedad
ha decidido enfrentar a sus “representantes”, esta vez para exigir escarmiento
por sus desafueros. No la amedrentarán las etiquetas, las descalificaciones ni
los palos. Los partidos deberán pisar fino porque el voto conciente y
responsable es cada día más inmenso. A partir de hoy, la luz de la
esperanza brillará.
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