Franklin
Pimentel Torres, 1-9-2017
El pasado 21 de agosto comenzó el nuevo año escolar
2017-2018. No todas las escuelas iniciaron sus clases, debido, principalmente a
la falta de maestros y maestras. En otros lugares hay problemas con la planta
física. Un grupo de estudiantes no estará en posibilidad de asistir en el
horario asignado a la Jornada Escolar Extendida porque son trabajadores o
tienen responsabilidades familiares. Otros no podrán asistir porque en una
escuela en donde habían dos tandas, de momento las autoridades educativas
decidieron crear una jornada extendida sin tener preparadas las aulas y las y
los docentes para atender a la población de una de las tandas. Por todo esto, se
reportaron dificultades para iniciar el año en escuelas de Barahona, Baní,
Santo Domingo, entre otros lugares.
Al déficit de maestros y maestras, de alguna manera
agravado por la implementación de la Jornada Escolar Extendida sin suficiente
planificación, se suma el hecho de que el Ministerio de Educación dejó de
re-contratar a educadoras y educadores que estaban trabajando el año pasado.
Por ejemplo en una escuela del Dist. 03-04 de Baní se reportó que al inicio del
año escolar 18 de los 22 maestros y maestras que trabajaban por contrato, no
han sido re-contratados y evidentemente los 4 maestros y maestras restantes no
están en capacidad de atender toda la población que en el año escolar anterior
atendían 22 docentes.
A partir del año escolar 2012-2013 se comenzó la
implementación del 4% del PIB para la educación. Sin embargo después de 4 años
de ejecución es importante analizar qué áreas han sido prioritarias en la
inversión para impulsar las políticas públicas en educación. Hasta ahora las
principales inversiones se hacen en la nómina: docente y administrativa, en la construcción
de escuelas, en la alimentación escolar, en el material didáctico y en la
publicidad.
Aunque ya hace cuatros años (el año escolar
2017-2018 sería el quinto) que se ha comenzado la aplicación del 4%, es
necesario cuestionarse hasta qué punto es sostenible en el tiempo tal inversión
en la educación inicial, primaria y secundaria de niños, niñas y adolescentes,
así como en los niveles de educación de personas jóvenes y adultas, sobre
la base de lo que percibe el gobierno
como impuestos (14% del PIB), de un endeudamiento interno y externo
descontrolado y sin que el gobierno de señales claras de hacer pagar más a los
que más tienen y de controlar los recursos que se desvían para la corrupción y para
el derroche del gasto del presupuesto educativo.
¿Cuánto dinero del 4% se está yendo en la nominilla?
¿Cuántas son las personas – directivos, docentes, administrativos y personal de
apoyo- que están cobrando sin trabajar? ¿Cuántos son los administrativos innecesarios
nombrados en el nivel nacional, regional y distrital, mientras falta, docentes
y personal de apoyo y de limpieza en muchos
centros educativos? ¿Cuánto dinero del
asignado a la construcción de las escuelas se está desviando en la corrupción y
en la compra sobrevaluada de terrenos, ya que el costo por aula (cerca de 3
millones de peso) es el más alto que se conoce en la región caribeña y
latinoamericana? El caso del suicidio del arquitecto David Rodríguez
(24-9-2015) en las oficinas de la OISOE reflejó solo una parte del problema.
En septiembre del 2016 la Acción
Empresarial por la Educación (EDUCA) presentó un estudio sobre la calidad del
gasto público en educación y su correlación con el mejoramiento de la calidad
educativa de los aprendizajes, teniendo en cuenta el aumento significativo en
la inversión a partir del año 2013. Dicho estudio señaló como uno de los aspectos
positivos, el mejoramiento de los salarios de las y los docentes que según el
estudio, creció un 27% entre 2011 y
2015. Otro aspecto significativo ha sido el aumento de la inversión en la capacitación
docente. Según el estudio de EDUCA ha crecido 49 veces respecto del 2004,
llegando en 2016 a la significativa cifra de $3,324 millones de pesos. El estudio señaló, sin embargo, que los
aumentos generalizados sin una correcta correlación con los niveles de
desempeño, no generan, dada las evidencias, un adecuado impacto en los niveles de mejora
de los aprendizajes.
El
presupuesto educativo, luego del 4%, permitió también avanzar en la
desconcentración del gasto educativo, es decir el dinero que llega directamente
a los centros educativos para la gestión local. Este gasto se incrementó
significativamente en los últimos años,
pasando del 73.79% en 2011 a un 88.94% para 2015.
El estudio de Educa también señaló
dificultades en el tema del aumento excesivo del personal administrativo y de apoyo
en las diferentes instancias del MINERD. De hecho el personal no docente y
administrativo experimentó un crecimiento del 85% entre 2012 y 2015. En
apenas 3 años se integraron al sistema más de 33,110 nuevos funcionarios, no
docentes, incrementando la cantidad de docentes incluso más allá de lo
recomendado por los reglamentos dominicanos y por las buenas prácticas de los
sistemas educativos más eficientes. Otro aspecto ha sido el tema del aumento
excesivo en publicidad: Por ejemplo los gastos por concepto de publicación y publicidad crecieron un 500% entre
2013 y 2014, una variación significativa si se tiene en cuenta que
el aumento nominal del presupuesto del MINERD entre esos años fue de 9.5%.
El tema de la vigilancia social sobre
la calidad de la inversión en educación debe ser uno de los temas fundamentales
para la contraloría social en el territorio, por parte de las comunidades y de sus
organizaciones. Eso significa que es necesario seguir teniendo en la mira el
tema de la descentralización y la transparencia en el uso del manejo de fondos
públicos asignados a los centros educativos.
La Marcha Verde, como movimiento social
que exige el control de la corrupción y el fin de la impunidad debe asumir como
tema prioritario la lucha por la calidad de la inversión en educación como uno
de los temas prioritarios en su agenda de lucha. Y eso desde los diferentes
territorios, y organizaciones sociales y comunitarias, pues es necesario atacar
no solo la gran corrupción de la clase económica y partidaria del país, sino
también la que se da en la cotidianidad de los centros educativos, en los
centros de salud y en el manejo del presupuesto municipal, entre otros.
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