jueves, 21 de septiembre de 2017

Desafíos educativos y socio-políticos ante los asesinatos de Emely y Fernelis


Franklin Pimentel-Torres. 8-9-17

En el pasado mes de agosto la sociedad dominicana ha sido conmovida por los asesinatos el asesinato de varias mujeres y de un adolescente a manos del cura… Entre éstos hay dos casos que han causado una particular indignación ante la sociedad y una reacción de los medios, siendo el caso de Emely Peguero al que más atención mediática se le ha dado. Se trata de dos adolescentes de 16 años, estudiantes ambos del nivel secundario.

Los asesinatos de Emely Peguero y  Fernelis Carrión nos hace preguntar por las condiciones precarias, de pobreza y exclusión social, en las que vive un número significativo de adolescentes; por las que pueden ser víctimas de personas adultas que los utilizan sexualmente como si fuera una cosa, que deciden sobre su vida, que las matan, tiran sus cuerpos como basura en cualquier lugar y que luego intentan justificar sus acciones, culpando a las víctimas como en el caso de Fernelis.

En el caso de  Fernelis el muchacho cae en las garras de una persona inmadura que bajo la protección de su estatus religioso establece una relación de poder y de dominio con un adolescente durante 3 años (13 a 16 años). Lo convierte en su pareja sexual y lo mantiene atado en base a una relación comercial. Se ha dicho que le habría dado 190,000 pesos durante el período de la relación y que parte del motivo de la muerte estuvo en que Fernelis le exigía más dinero y utilizó la excusa de que publicaría unas fotos comprometedoras del cura, para exigir más dinero por sus servicios sexuales al cura.

En el caso de Emely se trata de una adolescente que desde los 12 años se convierte en un objeto sexual de Marlon Martínezy en una muchacha de servicio de una mujer poderosa, Marlin Martínez…su poderosas, económica y políticamente, pues se trataba de una líder partidaria y de una funcionaria pública al servicio de la corporación PRD… pues se ha dicho que le limpiaba la casa, que le arreglaba el pelo… En esas relaciones de poder las informaciones apuntan al hecho de que fue la madre quien decidió que Emely debía suspender su embarazo.  Pero las cosas no salieron como ellos esperaban y probablemente la cosa se complicó cuando se le practicó un aborto inadecuado y al ver que se moría, entonces fue golpeada en la cabeza para que terminara de morirse.

Muchas personas con conciencia crítica se han preguntado sobre las causas principales y por los principales responsables causales de las muertes de estos adolescentes a mano de sus parejas sexuales, con las que establecieron relaciones de poder y de dependencia económica y psicológica.
José Luis Taveras, ha afirmado la responsabilidad social en la muerte de estos adolescentes, porque, según el autor, “Construyeron sus vidas sobre los escombros de una sociedad malograda, poblada de carencias, olvidos y silencios. Espejos rotos donde se miran tantos jóvenes de nuestros barrios, residuos de una sociedad infame que los seduce con aquello que les niega, haciéndoles pagar con su propia vida las baratas concesiones por las que se entregan. Esas muertes son eructos de un sistema atroz de violencia, exclusión y abusos”
Y continúa diciendo J.L. Taveras: “Esa avalancha de provocación aplasta mentalidades frágiles con poca o ninguna madurez para discernir sanamente y sin la cercanía o el ejemplo de un papá que oriente, apoye y ame. Así, los adolescentes de nuestros arrabales abandonan, sin contrapesos ni resguardos, los caminos correctos detrás de espejismos existenciales tan engañosos como frívolos. Es aquí donde el éxito material y la ostentación se enaltecen como paradigma decadente de los tiempos, desplazando la realización dilatada, esforzada y meritoria”. 

E. Calcaño, por su parte, se hace la pregunta, ¿Quién mató a Emely? Y Se contesta él mismo señalando las razones causales que les parecen más significativas. Según lo planteado por el autor: “En ese contexto, la respuesta a la pregunta es que a Emely, en términos de causas, no la mató su novio sino que, primero, la mató el modelo de sociedad en que vivió. Una sociedad machista que enseña a los muchachos desde pequeños que la mujer es propiedad del macho quien tiene derechos de posesión sobre su cuerpo, vida y emociones.(…). Segundo, la mató una religiosidad atrasada que impide que en el país se imparta, desde el Estado, educación sexual para enseñar que una sexualidad responsable y bien orientada no es nada malo. Tercero, la mató un país deshumanizado, híper materialista e insolidario que no mira al del lado a ver cómo está. Cada quien lo que procura es su sobrevivencia por encima de cualquier criterio de interés colectivo o ética ciudadana. Por último, a Emely la mató el gobierno dominicano. Ese gobierno controlado por unas élites dirigentes y dominantes depredadoras que han hecho del erario público un botín privado de las minorías de arriba en desmedro de las mayorías de abajo. Que es incapaz de asegurar instituciones humanizadas, eficientes y funcionales orientadas, sobre todo, a los que menos tienen (…). Un gobierno vulgarmente politiquero y clientelar que asume al pueblo como clientela de los que tienen poder y no como sujeto de derechos. A Emely la mató ese gobierno”.

Podríamos argumentar sobre el nivel de responsabilidad de los jóvenes hoy desparecidos en la génesis y desarrollo de unas relaciones de pareja que terminaron en tragedia. ¿Son Emely y Fernerlis sólo víctimas sociales? ¿No se envolvieron ambos libremente en un tipo de relaciones afectivo-sexuales de dependencia a cambio de beneficios económicos para ellos y sus familias con personas de un nivel económico superior?

Nuestros adolescentes y jóvenes, muchachas y muchachos, hijos, hijas, sobrinos, sobrinas, nietos, nietas, por su parte tienen que crecer en conciencia sobre su nivel de auto-crecimiento, auto-responsabilidad y auto-vigilancia para no establecer relaciones afectivo-sexuales con personas que no ofrecen las mínimas condiciones de madurez humana ni de eticidad para hacer de la relación una experiencia humana generadora de crecimiento integral y de bienestar compartido.

Como ha planteado en reiteradas ocasiones la antropóloga social Tahira Vargas, es tiempo de que la sociedad, la escuela, las familias, las iglesias y otras instituciones sociales se planteen en serio el tema de la adecuada educación sexual de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Educación orientada a ayudar a que las personas estén preparadas para rechazar relaciones afectivas dañinas y asuman la sexualidad y la relación de pareja enmarcada en un proyecto de vida que genere felicidad, responsabilidad  y bienestar compartidos. Pero no se trata solo del tema de la educación sexual. Es necesario establecer políticas públicas, sobre todo en las áreas de educación y salud, orientadas a generar las condiciones para que tragedias como las ocurridas no se sigan repitiendo.


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