Franklin
Pimentel-Torres. 8-9-17
En el pasado mes de agosto la sociedad dominicana ha sido
conmovida por los asesinatos el asesinato de varias mujeres y de un adolescente
a manos del cura… Entre éstos hay dos casos que han causado una particular
indignación ante la sociedad y una reacción de los medios, siendo el caso de
Emely Peguero al que más atención mediática se le ha dado. Se trata de dos
adolescentes de 16 años, estudiantes ambos del nivel secundario.
Los asesinatos de Emely Peguero y Fernelis Carrión nos hace preguntar por las
condiciones precarias, de pobreza y exclusión social, en las que vive un número
significativo de adolescentes; por las que pueden ser víctimas de personas
adultas que los utilizan sexualmente como si fuera una cosa, que deciden sobre
su vida, que las matan, tiran sus cuerpos como basura en cualquier lugar y que
luego intentan justificar sus acciones, culpando a las víctimas como en el caso
de Fernelis.
En el caso de Fernelis
el muchacho cae en las garras de una persona inmadura que bajo la
protección de su estatus religioso establece una relación de poder y de dominio
con un adolescente durante 3 años (13 a 16 años). Lo convierte en su pareja sexual
y lo mantiene atado en base a una relación comercial. Se ha dicho que le habría
dado 190,000 pesos durante el período de la relación y que parte del motivo de
la muerte estuvo en que Fernelis le exigía más dinero y utilizó la excusa de
que publicaría unas fotos comprometedoras del cura, para exigir más dinero por
sus servicios sexuales al cura.
En el caso de Emely se trata de una adolescente que desde
los 12 años se convierte en un objeto sexual de Marlon Martínezy en una
muchacha de servicio de una mujer poderosa, Marlin Martínez…su poderosas,
económica y políticamente, pues se trataba de una líder partidaria y de una
funcionaria pública al servicio de la corporación PRD… pues se ha dicho que le
limpiaba la casa, que le arreglaba el pelo… En esas relaciones de poder las
informaciones apuntan al hecho de que fue la madre quien decidió que Emely
debía suspender su embarazo. Pero las
cosas no salieron como ellos esperaban y probablemente la cosa se complicó
cuando se le practicó un aborto inadecuado y al ver que se moría, entonces fue
golpeada en la cabeza para que terminara de morirse.
Muchas personas con conciencia crítica se han preguntado
sobre las causas principales y por los principales responsables causales de las
muertes de estos adolescentes a mano de sus parejas sexuales, con las que
establecieron relaciones de poder y de dependencia económica y psicológica.
José Luis Taveras, ha afirmado la
responsabilidad social en la muerte de estos adolescentes, porque, según el
autor, “Construyeron sus vidas sobre
los escombros de una sociedad malograda, poblada de carencias, olvidos y
silencios. Espejos rotos donde se miran tantos jóvenes de nuestros barrios,
residuos de una sociedad infame que los seduce con aquello que les niega,
haciéndoles pagar con su propia vida las baratas concesiones por las que se
entregan. Esas muertes son eructos de un sistema atroz de violencia, exclusión
y abusos”
Y continúa
diciendo J.L. Taveras: “Esa avalancha de provocación aplasta mentalidades
frágiles con poca o ninguna madurez para discernir sanamente y sin la cercanía
o el ejemplo de un papá que oriente, apoye y ame. Así, los adolescentes de
nuestros arrabales abandonan, sin contrapesos ni resguardos, los caminos
correctos detrás de espejismos existenciales tan engañosos como frívolos. Es
aquí donde el éxito material y la ostentación se enaltecen como paradigma
decadente de los tiempos, desplazando la realización dilatada, esforzada y
meritoria”.
E. Calcaño,
por su parte, se hace la pregunta, ¿Quién mató a Emely? Y Se contesta él mismo señalando las razones causales
que les parecen más significativas. Según lo planteado por el autor: “En ese contexto, la respuesta a la pregunta es que a Emely, en
términos de causas, no la mató su novio sino que, primero, la mató el modelo de
sociedad en que vivió. Una sociedad machista que enseña a los muchachos desde
pequeños que la mujer es propiedad del macho quien tiene derechos de posesión
sobre su cuerpo, vida y emociones.(…). Segundo, la mató una religiosidad
atrasada que impide que en el país se imparta, desde el Estado, educación
sexual para enseñar que una sexualidad responsable y bien orientada no es nada
malo. Tercero, la mató un país deshumanizado, híper materialista e insolidario
que no mira al del lado a ver cómo está. Cada quien lo que procura es su
sobrevivencia por encima de cualquier criterio de interés colectivo o ética
ciudadana. Por último,
a Emely la mató el gobierno dominicano. Ese gobierno controlado por unas élites
dirigentes y dominantes depredadoras que han hecho del erario público un botín
privado de las minorías de arriba en desmedro de las mayorías de abajo. Que es
incapaz de asegurar instituciones humanizadas, eficientes y funcionales
orientadas, sobre todo, a los que menos tienen (…). Un gobierno vulgarmente
politiquero y clientelar que asume al pueblo como clientela de los que tienen
poder y no como sujeto de derechos. A Emely la mató ese gobierno”.
Podríamos argumentar sobre el nivel de responsabilidad de
los jóvenes hoy desparecidos en la génesis y desarrollo de unas relaciones de
pareja que terminaron en tragedia. ¿Son Emely y Fernerlis sólo víctimas
sociales? ¿No se envolvieron ambos libremente en un tipo de relaciones afectivo-sexuales
de dependencia a cambio de beneficios económicos para ellos y sus familias con
personas de un nivel económico superior?
Nuestros adolescentes y jóvenes, muchachas y muchachos, hijos,
hijas, sobrinos, sobrinas, nietos, nietas, por su parte tienen que crecer en
conciencia sobre su nivel de auto-crecimiento, auto-responsabilidad y
auto-vigilancia para no establecer relaciones afectivo-sexuales con personas
que no ofrecen las mínimas condiciones de madurez humana ni de eticidad para
hacer de la relación una experiencia humana generadora de crecimiento integral
y de bienestar compartido.
Como ha planteado en reiteradas ocasiones la antropóloga
social Tahira Vargas, es tiempo de que la sociedad, la escuela, las familias,
las iglesias y otras instituciones sociales se planteen en serio el tema de la
adecuada educación sexual de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Educación
orientada a ayudar a que las personas estén preparadas para rechazar relaciones
afectivas dañinas y asuman la sexualidad y la relación de pareja enmarcada en
un proyecto de vida que genere felicidad, responsabilidad y bienestar compartidos. Pero no se trata solo
del tema de la educación sexual. Es necesario establecer políticas públicas,
sobre todo en las áreas de educación y salud, orientadas a generar las
condiciones para que tragedias como las ocurridas no se sigan repitiendo.
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