Leonardo Boff - 24 de Junio de
2017 -
Hubo
un golpe de clase de los adinerados, amenazados en sus privilegios por los
beneficiados por las políticas sociales de los gobiernos del PT, que los
llevó a ocupar lugares de los que antes estaban excluidos. Para ello usaron
el parlamento, como en 1964 los militares. La destitución de la presidenta
Dilma, democráticamente elegida, sirvió a los propósitos de estas élites
económicas (el 0,05% de la población según el IPEA), lo cual implicaba ocupar
los aparatos del Estado y garantizar así su status histórico-social hecho
a base de privilegios y de negocios turbios. Habiendo naturalizado la
corrupción, no tuvieron escrúpulos en modificar la constitución e introducir
reformas que eliminaron derechos de los trabajadores y modificaron
profundamente los beneficios de la Seguridad Social.
La
corrupción, detectada primeramente por los órganos de espionaje de Estados
Unidos y traspasada a nuestro sistema jurídico, permitió instaurar un
proceso judicial que recibió el nombre de Lava-Jato. Ahí se detectó la
trama inimaginable de corrupción que atraviesa las grandes empresas, desde
las estatales a las privadas, los fondos y otros órganos, dentro de la
lógica del patrimonialismo. La corrupción identificada fue de tal orden que
escandalizó al mundo. Llegó a quebrar estados de la federación, como por
ejemplo el de Río de Janeiro.
Yo
mismo y otros muchos estamos sin recibir nuestros sueldos de profesores
universitarios, retirados o no, desde diciembre de 2016.
La
consecuencia es el descalabro político, jurídico e institucional. Es falaz
decir que las instituciones funcionan. Todas ellas están contaminadas por
la corrupción. La justicia es vergonzosamente parcial especialmente el
justiciero Sergio Moro y buena parte del Ministerio Público, apoyados por
una prensa reaccionaria sin compromiso con la verdad. Esta justicia revela
sin tapujos una furia incontrolable de persecución al expresidente Lula y a su
partido, el PT, el mayor del país. Se quiere destruir su indiscutible
liderazgo, desfigurar su biografía e impedir de cualquier modo que sea
candidato. Se fuerza su condenación, fundada más en convicciones que en pruebas
materiales, lo que impediría su candidatura, que goza de la preferencia de
la mayoría.
La
consecuencia es un sufrido vacío de esperanza. Pero es importante recuperar el
carácter político-transformador de la esperanza. Ernst Bloch, el gran pensador
de la esperanza, habla del principio-esperanza, que es más que la virtud
común de la esperanza. Es ese impulso que habita en nosotros, que nos mueve
siempre, que proyecta sueños y utopías, y sabe sacar de los fracasos
motivos de resistencia y lucha.
De
san Agustín, tal vez el mayor genio cristiano, gran formulador de frases, nos
viene esta sentencia: la esperanza tiene dos hijas queridas: la
indignación y la valentía; la indignación nos enseña a rechazar las cosas así
como están y la valentía, a cambiarlas.
En
este momento debemos evocar en primer lugar a la hija-indignación frente a lo
que el gobierno Temer está perpetrando criminalmente contra el pueblo,
contra los indígenas, contra la población del campo, contra las
mujeres, contra los trabajadores y contra las personas mayores,
quitándoles derechos y rebajando a millones de personas, que de la pobreza
están pasando a la miseria. No se escapa ni la soberanía nacional, pues el
gobierno Temer está permitiendo vender tierras nacionales a extranjeros.
Si
el gobierno ofende al pueblo, este tiene derecho a evocar a la hija-indignación
y no darle paz, sino exigir en las calles y plazas su salida, ya que está
acusado de delitos de corrupción y es fruto de un golpe, y por eso carece
de legitimidad.
La
hija-valentía se muestra en el deseo de cambio, no obstante los enfrentamientos
que pueden ser peligrosos. Ella nos mantiene animados, nos sostiene en la
lucha y puede llevarnos a la victoria. Es importante seguir el consejo del
Quijote: no hay que aceptar las derrotas sin antes dar todas las batallas.
Un
dato que debemos tener en cuenta siempre es que la realidad no es solo lo que
está ahí, como un hecho al alcance de nuestra mano. Lo real es más que lo
factual. Lo real esconde dentro de sí virtualidades y
posibilidades ocultas que pueden ser sacadas afuera y volverse hechos
nuevos.
Una
de estas posibilidades es evocar el artículo primero de la constitución que
reza: “todo poder emana del pueblo”. Los gobernantes y los políticos solo
son delegados del pueblo. Cuando le traicionan, ya no representan
los intereses generales sino los de las empresas que financian sus
elecciones. El pueblo tiene derecho de sacarlos del poder mediante
elecciones directas ya.
“Fuera
Temer y directas ya” no es un slogan de grupos sino de grandes multitudes. La
hija-valentía debe exigir, por derecho, esta opción, la única que
garantizará autoridad y credibilidad a un gobierno capaz de sacarnos de
la presente crisis.
Las dos hijas de la
esperanza podrían hacer suya esta frase de A. Camus: «En medio del invierno
descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible».
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