Por Franklin
Pimentel Torres. 16 de mayo de 2015 -
Lo sucedido recientemente en el área de Loma Miranda es particularmente
revelador; al mismo tiempo preocupante y esperanzador
“Yo
creí de buena fe que lo que más aquejaba a la sociedad de mi país era la sed de
justicia, y desde mi advenimiento al Poder procuré ir apagando esa sed
eminentemente moral y regeneradora. Pero otra sed aún más terrible la devora:
la sed de oro” (Ulises Francisco Espaillat, presidente de la República, 1876).
En nuestro artículo de la
pasada semana compartíamos algunas reflexiones ético-políticas a propósito de
haberse celebrado en el país, el pasado 29 de abril, el Día Nacional de la
Ética Ciudadana, una celebración que se viene conmemorando desde el año 2005
desde que, como fruto de la propuesta de un conjunto de organizaciones e
instituciones educativas, se instauró la celebración anual de El Día Nacional
de la Ética Ciudadana, mediante el decreto 252-05 del Poder Ejecutivo,
coincidiendo con el día que comenzó el ejercicio del poder del que ha sido
considerado como el gobernante más honesto de la historia de la República,
Ulises Francisco Espaillat (29 de abril de 1876).
En la entrega de esta semana
nos referiremos a algunos temas relacionados con la situación ambiental,
a su preservación y al cuidado de los recursos naturales -y en particular
de Loma Miranda- por parte de las instituciones, comunidades y personas
conscientes y con capacidad de lucha.
No es un secreto para nadie
que estamos ante una gran crisis ambiental que sobrepasa los límites de un
país, de una región, de un continente y que se ha convertido en un problema
planetario. En nuestra tierra estamos viviendo en estos momentos una temporada
de una fuerte sequía, dicen los entendidos que como fruto de El Niño, un
fenómeno climático relacionado con el calentamiento del Pacífico oriental
ecuatorial, que tiene su influencia en América Latina, en el Caribe y en
América del Norte.
En estos momentos de una
fuerte sequía en el país, que trae como consecuencia la falta de agua
para tomar, para la agricultura, para la limpieza y para mover la
hidroeléctricas son particularmente graves los incendios forestales que se han
desarrollado en varias zonas del país y mucho más grave aún, cuando hay
evidencias de que algunos de estos incendios han sido provocados, con la
intención expresa de grupos poderosos de hacer dinero con la madera de los
bosques que protegen las cuencas altas de nuestros ríos, como en el caso de
Valle Nuevo, Los Haitises y Loma Miranda, entre otros.
Lo sucedido recientemente en
el área de Loma Miranda es particularmente revelador; al mismo tiempo
preocupante y esperanzador. Preocupante porque la minera Falcondo sigue considerando
la zona como algo de su propiedad y tiene la esperanza de poder seguir cortando
los árboles, comprando y sobornando voluntades en el Congreso y en el Ejecutivo
para extraer los minerales que están allí. Y esperanzador porque hay un grupo
de gente, de organizaciones e instituciones que están vigilantes, firmes
y dispuestos a preservar y defender ese pulmón natural.
No hace mucho tiempo los
defensores de Loma Miranda denunciaron que Falcondo estaba cortando árboles de
esta montaña y sacándolos en camiones, sin que las autoridades de Medio
Ambiente se dieran por enteradas. Ante la pregunta de un periodista al Ministro
de Ambiente de si estaba enterado de este corte indiscriminado de árboles,
Bautista Rojas Gómez se limitó a decir, cínicamente, que sí estaba enterado,
pero que a la minera no se le había dado permiso para seguir cortando y
comercializando los árboles.
El diario digital Acento
publicó cómo en Loma Miranda, se encontraron envases conteniendo gasolina
presumiblemente utilizada para incendiar el bosque; lo cual es un indicio de
que, al menos en este caso, hubo manos criminales, probablemente relacionadas
con los intereses de la minera canadiense. Sin embargo a pesar de esta
denuncia, las autoridades de Medio Ambiente, tampoco se han dado por enteradas.
Y el problema es que cuando se priorizan los intereses de los grupos económicos
y partidarios, tanto nacionales como internacionales, a las necesidades de las
mayorías populares, se intenta justificar un real atentado contra la vida
de todos los seres vivos que viven sobre esta isla.
A partir de lo expresado en
éste y en nuestro anterior artículo podemos concluir que la celebración del Día
Nacional de la Ética Ciudadana nos presenta un gran reto: recuperar el sentido
de la ética y la verdadera política ciudadana, en los hechos y en las palabras
y a todos los niveles: desde la comunidad, el barrio, la familia, las
organizaciones sociales, los grupos partidarios, los grupos religiosos, las
instituciones educativas… Todas y todos tenemos el desafío de fortalecer
nuestra conciencia ético-política, nuestras prácticas éticas y ciudadanas,
priorizando el cuidado del entorno social y natural y los principios y valores
que puedan sustentar la construcción de una sociedad justa,
participativa, e incluyente.

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