jueves, 31 de julio de 2014

Escenas Desafiantes de la Tragicomedia Dominicana (1)

Franklin Pimentel Torres
En el artículo de esta semana vamos a pasar revista a algunas escenas de teatro de la tragicomedia dominicana. De inicio les invito a situarse como espectadoras y espectadores críticos, indignados; que sean capaces de asumir como reto personal, familiar y/o grupal la denuncia de las acciones que se desarrollan en el teatro dominicano que chocan con los principios, los valores y las prácticas éticas que atentan contra el Proyecto de Vida Digna, inclusivo, participativo, democrático; que estamos llamadas y llamados a construir en la actual coyuntura histórica de nuestro país

Escena 1: Juan Miguel es un joven reportero de un diario nacional. Se está incorporando recientemente a la labor periodística, después de haber terminado su carrera en la universidad. Le encargaron cubrir el desarrollo de la “convención” del pasado domingo, que realizó el PRD de Miguel Vargas y de su grupo. Observó acciones propias de una asociación de malhechores: impedimento de votación a personas que acudieron a la mesa, amenazas a periodistas, exclusión del padrón electoral de las personas cercanas a Guido Gómez Mazara y de los otros candidatos que compitieron con Miguel Vargas, despojo de tarjeta de la cámara de un reportero, noticias de urnas llenas previamente, exclusión de la observación de la gente que no son del grupo del actual caudillo del PRD.

Esta escena de teatro de la Convención del PRD se da con la abstención cómplice de la Junta Centra Electoral que renunció a su papel de observadora de las elecciones. Y con la del Tribunal Superior Electoral que parece ser un organismo hecho a la medida de los intereses partidarios de Miguel Vargas y su grupo de aliados, entre los que parecen estar la cúpula del Comité Político del partido gobernante.

Juan Miguel había oído hablar de que el PRD había sido el “partido del pueblo y la libertad”, que se había fundado en el exilio cubano en los tiempos de la dictadura. Ahora constata que se trata de un grupo que tiene una conducta propia de una asociación de acaparadores de la cosa pública que, guiados por su líder, están dispuestos a utilizar cualquier medio para seguir “administrando” la cuota de poder y del dinero público que les toca cual botín de guerra y que sale del bolsillo de todos y todas, las y los contribuyentes.

Escena 2: En el Congreso se estuvo discutiendo un proyecto de ley que conlleva una revisión del Código Procesal Penal. En el proceso hay un grupo de congresistas que quiso eliminar el párrafo 3 del actual artículo 85, que permite a las y los ciudadanos querellarse en contra los funcionarios corruptos. Se trata de un artículo que según algunos congresistas y funcionarios actuales es necesario eliminar, porque eso permitiría seguir asegurando la corrupción impune de la que gozan.

Sin que todos y todas se den cuenta hay un grupo de congresistas que, por debajo, hace lo posible para eliminar el párrafo 3 del artículo 85. Minou Tavárez Mirabal –la hija de Manolo y de Minerva-  descubre el engaño, no se hace cómplice y lo denuncia. Como reacción el grupo responsable de la falsificación del texto lleva a Minou a la comisión de disciplina de la Cámara de Diputados. Ahora se invierten los papeles y los principios: de tal manera que quien denuncia la maldad y propone acciones democráticas es acusada de hacer lo mal hecho. En definitiva se trata de una inversión total de valores, expresión del cinismo de un grupo significativo de legisladores y legisladoras. La actitud de Minou no se hace esperar. “Entiende la representante del Distrito Nacional que ese abuso de confianza para algo tan grave no puede quedar sin sanción”.

El hecho coincide con la solicitud de Víctor Díaz Rúa –ex ministro de Obras Públicas y uno de los maestros aventajados de la escuela del despojo de la cosa pública y corrupción impune del partido gobernante- para que el Tribunal Constitucional declare inconstitucional el artículo 85 que permite a las ciudadanas y ciudadanos el querellarse contra los funcionarios corruptos, porque supuestamente éste está en contra del artículo 22, numeral 5, de la actual Constitución que solo asigna a las y los ciudadanos la potestad de denunciar y no de querellarse.

En esto está de acuerdo el presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez, quien coincide con el análisis de Víctor Díaz Rúa, acusado de corrupción, lavado de activos y manejo fraudulento de los fondos puestos en sus manos para la construcción de las Obras Públicas que necesitan las comunidades del país.

Podríamos continuar observando otras escenas de la tragicomedia dominicana. Pero por el día de hoy nos vamos a quedar con las dos presentadas. En próximas entregas seguiremos presentando otras. No obstante en ambas escenas encontramos envueltos unos actores que están comprometidos con el aumento de poder y de capital de una minoría de grupos económicos y partidarios, que han creado proyectos clientelistas, que son los responsables de seguir excluyendo a las mayorías populares de la posibilidad de acceder a un trabajo digno, a una alimentación básica, una vivienda adecuada, una educación digna y que son los principales responsables de la violencia estructural que existe en esta sociedad dominicana.

En las dos escenas hay hechos que nos invitan a hacer un análisis profundo de la realidad nacional. Encontramos entre los principales actores a los líderes partidarios, a los congresistas y a algunos ex funcionarios que no son capaces de justificar la procedencia de sus riquezas ni pueden disimular su complicidad con la corrupción impune.


Por todo lo dicho anteriormente podemos sacar la conclusión de que es necesario redoblar los esfuerzos para seguir des-enmascarando los verdaderos intereses que hay detrás de las personas que quieren adaptar las leyes del país a sus intereses personales y grupales para intentar justificar sus acciones de corrupción y su impunidad. Por eso intentan perjudicar y denigrar a las personas y a los grupos que saben tomar una postura crítica y propositiva ante estos hechos. Sin embargo, mantenerse firmes en la denuncia de estas acciones malvadas es la forma más digna de situarse ante estas escenas preocupantes y desafiantes del teatro de la tragicomedia dominicana.

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