Franklin Pimentel Torres - 30 de Septiembre de 2017
En esta semana, el pasado 25 de septiembre, se celebró el aniversario 54
del derrocamiento de Juan Bosch como presidente de la República. Como
consecuencia de ese hecho, quedó abolido el Congreso Nacional y la
Constitución, que había sido proclamada el 29 de abril del 1963, que planteaba
un nuevo proyecto-país, sustentado en el modelo de la Revolución Democrática.
Juan Bosch como ciudadano, escritor y fundador de dos partidos políticos
es un referente necesario cuando se busca algún modelo ético y político,
en el contexto dominicano, caribeño y latinoamericano, que pueda orientar el
camino y la práctica de los movimientos sociales, las organizaciones comunitarias
y los partidos políticos emergentes que luchan por la creación de una sociedad
verdaderamente democrática, en donde se luche, de forma constante, por una
distribución equitativa de los bienes y las riquezas y en donde se asuma como
un compromiso permanente la lucha contra la corrupción y la impunidad.
En sus escritos y novelas como La Mujer (1933), Luis Pie (1942), Dos
Pesos de Agua (1941), entre otras, Juan Bosch refleja su sensibilidad humana y
su solidaridad con la situación del campesino dominicano despojado y sometido a
la pobreza en el contexto de la larga dictadura del tirano Rafael L. Trujillo.
Y Bosch tenía una visión integral de la miseria en la que se vivía en la isla;
por lo tanto también le preocupaban los pobres y oprimidos del oeste de la isla,
de Haití.
En una carta enviada por J. Bosch en 1947, desde su exilio en Cuba, a
unos intelectuales dominicanos que mostraban tendencias racistas y xenofóbicas,
les invita a cambiar de actitud y de forma de pensar. Refiriéndose a los
pueblos haitiano y dominicano y a los grupos dominantes de la isla del tiempo
de la dictadura de R.L. Trujillo (1930-1961) y del presidente haitiano E.
Lescot (1941-1946), señala: No hay diferencia fundamental entre los
dominicanos y los haitianos de la masa; No hay diferencia fundamental
entre los dominicanos y los haitianos de la clase dominante.Pero así como en
los hombres del pueblo en ambos países hay un interés común – el de lograr sus
libertades para tener acceso al bienestar que todo hijo de mujer merece y
necesita -, en las clases dominantes de Haití y Santo Domingo hay choques de
intereses, porque ambas quieren para sí la mayor riqueza. Los pueblos están
igualmente sometidos; las clases dominantes son competidoras. Trujillo y todo
lo que él representa como minoría explotadora desean la riqueza de la isla para
sí; Lescot y todo lo que él representa como minoría explotadora,
también”. [1]
La Constitución del 1963 hace referencia constante a la necesidad de
crear una sociedad basada en la justicia social y propone castigar el robo y la
corrupción pública, así como hacer devolver lo robado: “Se declaran delitos
contra el pueblo los actos realizados por quienes, para su provecho personal
sustraigan fondos públicos o, prevaliéndose de sus posiciones dentro de los
organismos del Estado, sus dependencias o entidades autónomas, obtengan
ventajas económicas ilícitas. Incurrirán en los mismos delitos las personas
que, desde las mismas posiciones, hayan proporcionado deliberadamente ventajas
a sus asociados, familiares, allegados, amigos o relacionados… A los convictos de
tales delitos les será aplicada, sin perjuicio de otras sanciones previstas por
las leyes la pena de Degradación Cívica, la cual organizará la ley; además se
les exigirá la restitución de lo ilícitamente apropiado” (Const. 1963, Art. 5).
Es conocido el hecho de que Juan Bosch, durante su permanencia en el
cargo como presidente, alejó del cargo y mandó a la justicia a uno de sus más
cercanos colaboradores acusado de corrupción. También promovió el sometimiento
a la justicia a quienes cometieron actos de corrupción en el manejo del dinero
de las empresas públicas productoras del azúcar.
En el discurso de proclamación de su candidatura presidencial, el 27 de
octubre de 1962, se refirió a la declaración jurada de bienes de las y
funcionarios públicos, la cual extendió también a su propia familia: “Que se
prepare desde ahora toda mi familia a rendir, si es que el PRD gana las
elecciones, a rendir cuenta pública de lo que tienen, como lo haré yo, para que
cuando el pueblo lleve a otro al poder, se sepa cuánto adquirimos entre todos
mientras nosotros gobernábamos, porque ha llegado ya la hora de que las
personas públicas y sus familias rindan cuenta, al día y al centavo, de cada
peso que tienen, de cada peso que reciben y de cada peso que gastan” (J. Bosch,
Obras Completas, Tomo XIX, p. 61).
Al asumir la presidencia de la República el 27 de febrero de 1963 Juan
Bosch y su esposa Carmen Quidiello declararon ante el Notario Público Dr. Fabio
García Mota: “Que no poseen ninguna clase de bienes muebles ni inmuebles,
propiedad rural ni urbana, ni acciones en ninguna Compañaía ni fondos en dinero
u otra especie en la República Dominicana ni en el extranjero”. Esta condición
de absoluto despojo de bienes materiales la mantuvo Bosch hasta el día de su
muerte.
En su carta dirigida al Pueblo Dominicano, después del derrocamiento, en
la madrugada del 26 de septiembre del 1963, J. Bosch fue enfático en señalar
cómo en su gobierno de 7 meses no se había dado lugar a la corrupción ni a la
impunidad: “Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios,
al robo, a la persecución, a la tortura. Creemos en la libertad, en la dignidad
y en el derecho del pueblo dominicano a vivir y a desarrollar su democracia con
libertades humanas, pero también con justicia social (…). En siete mes de
gobierno, (…) no hemos aceptado que un centavo del pueblo fuera a parar a manos
de ladrones…”
El 18 de noviembre de 1973 J. Bosch renunció al Partido Revolucionario
Dominicano fundado por él y otras personas en el exilio cubano y a partir
de ese mismo año funda un nuevo partido, el Partido de la Liberación
Dominicana. En su pensamiento los integrantes de ese nuevo partido deberían
caracterizarse precisamente por su honestidad y manejo transparente de los
bienes públicos. Por eso declaró públicamente en 1982 que, “los dominicanos y
dominicanas saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que
se haga rico con fondos públicos… “
El 15 de marzo del 1991, después de haberse celebrado las elecciones del
1990 en la que el PLD sacó el 33% de los votos, J. Bosch renunció al PLD
señalando que dentro del partido morado había gente que resultó electa
diputado, senadores regidores y síndicos que a su juicio se había aferrado a
una corriente de gente oportunista, que solo deseaba obtener cargos públicos
para su beneficio personal.
La mayor parte de los discípulos boschistas, del PRD y del PLD,
renegaron de la ideología y la práctica ética y política de su Maestro. Sin
embargo, el Profesor cuenta con una multitud de nuevos discípulos y
discípulas; personas que con sus palabras y su práctica están retomando su
herencia luminosa. Entre estos están muchos de las y los líderes del Movimiento
Verde y de organizaciones comunitarias y populares que lo siguen teniéndolo
como modelo a imitar. Por eso decimos que J. Bosch sigue siendo referente y
caminante de la Marcha Verde y que la Revolución Democrática, ética y política,
gestada y articulada en el gobierno y en la Constitución del 1963 debe
retomarse, por el bienestar común de las y los habitantes del territorio
isleño, incluyendo a quienes tuvieron que emigrar buscando mejores condiciones
de vida.
[1]Revelan carta de Juan Bosch de 1943 sobre el drama
de Haití. Disponible en:http://www.cubadebate.cu/noticias/2010/02/21/revelan-carta-de-juan-bosch-de-1943-sobre-el-drama-haiti/#.Wc0heVSPLyQ