Franklin Pimentel Torres,
31-3-2017
En este primer
trimestre del año y en particular en el mes de marzo ha habido un aumento de la
violencia y la delincuencia callejera en el país, mientras siguen latentes la
gran violencia y la gran delincuencia ejercida desde los sectores del poder
económico y político.
La lucha del Movimiento
Verde ha tenido su foco hasta ahora en las acciones de corrupción ligadas a la
empresa Odebrecht y los contratos realizados por el Estado Dominicano con dicha
empresa de origen brasileño. Naturalmente los promotores de dicho movimiento
tienen la conciencia de que dicha lucha tiene raíces más profundas y que la misma
no se puede reducir a los casos relacionados con la multinacional brasileña,
sino que estamos ante una trama que ha desvelado un tinglado de corrupción mucho
más amplio, y complejo de lo que en un primer momento parecía.
¿Qué relación podemos
establecer entre la violencia cotidiana que se da en las familias, en las
calles, en los espacios públicos y la gran corrupción, la que envuelve a
empresarios, líderes partidarios, congresistas, jueces de las cortes? ¿Qué
delincuencia causa mayores estragos a la sociedad? ¿La grande o la
micro-delincuencia?
El
sociólogo Juan Manuel Pérez, entrevistado en esta semana por Amelia Deschamps,
en el programa “En la Mira”, de la estación 94.1, atribuyó el aumento de la violencia y delincuencia a la inequidad social
y económica que existe en el país. El sociólogo y educador
atribuyó el incremento de la delincuencia y la criminalidad al desempleo, al
desequilibrio en la distribución de las riquezas y a los paradigmas y falsos
modelos impuestos desde las clases sociales dominantes.[1]
J.M. Pérez sostuvo que el problema de la delincuencia,
de la violencia y la gran corrupción lo genera el sistema político y económico
vigente, “que mantiene políticas neoliberales que empobrece más, margina y
penaliza, castiga, a un grupo especial, porque el Estado tiene culpables
favoritos e impone a la macro delincuencia, como paradigma social”.
Entiende el reconocido sociólogo J.M. Pérez que como
consecuencia de la inequidad social y económica reinante, de los falsos
paradigmas sociales y la macro delincuencia impuesta desde arriba, un grupo de jóvenes
sale a la calle a atracar para vestirse, comer y disfrutar de los bienes de los
que son excluidos. Considera que si se profundiza en el fenómeno de la
delincuencia, uno se daría cuenta que esos jóvenes que delinquen son personas
que carecen de un empleo digno, de una familia organizada y que han dejado la
escuela, que expulsa a 50% de las y los estudiantes por razones, económicas,
familiares o sociales.
Nelson Espinal B. [2]
en un artículo publicado en el pasado mes de Febrero en el digital Diario
Libre, mantiene la tesis de que la violencia social
es sistémica, como lo es la corrupción. Señaló que solemos enfocar este tema
con simplismo, viendo al “pasolero” que roba un celular como “el mal de nuestro
tiempo”, cuando este es el síntoma de una sociedad y de un sistema violento.
Para entender esta realidad se ha referido a los aportes del J. Galtung quien ha
afirmado que existe un “Mapa de la Formación de la Violencia”. Dicho autor
plantea que existe una violencia visible, directa, física y/o verbal, que
podemos ver en forma de conductas. Pero la acción humana no nace de la nada,
tiene raíces. Y este estudioso de la conducta social habla de dos causales
principales: una cultura de la violencia y una estructura que en sí misma es
violenta por ser demasiado represiva, explotadora, excluyente y/o autoritaria.
La periodista Minerva Isa[3], especializada en
periodismo de investigación ha escrito en esta semana un artículo que relaciona
la delincuencia y la criminalidad común con las presiones económicas y
financieras que tienen los sectores de más bajo ingreso de la población. “La
desigualdad y la pobreza que conllevan a la exclusión y a la falta de
oportunidades, el efecto provocado por la privación y frustración, desencadenan
un comportamiento violento individual y grupal, más preocupante aún por el alto
protagonismo de adolescentes y jóvenes en hechos delictivos”. Y continúa diciendo la periodista: La
delincuencia tiene añejas raíces en la desigualdad social, cada vez más
extrema; desempleo y falta de oportunidades, la descomposición social,
decadencia moral y crisis familiar, potenciados con el consumo y tráfico de
drogas y fácil acceso a armas de fuego”.
En esta semana el gobierno ha anunciado un nuevo plan de seguridad ciudadana; ha prometido enviar a las calles a más policías y militares; sin embargo, no está proponiendo nada nuevo a lo que ha hecho varias veces en los últimos años, sin que se haya conseguido resultados diferentes. Pues tal como señala M. Isa, la ciudadanía consciente reclama a “autoridades sin más respuesta que violencia contra la violencia, sin una estrategia efectiva que paralelamente a los programas de prevención, control y sanción del crimen, enfrente las causas estructurales, los factores de riesgo, económicos, sociales y culturales que inciden en este complejo fenómeno con profundas raíces en la corrupción y la impunidad, en una cultura de la violencia y una estructura social represiva, explotadora, excluyente y autoritaria”.
En la lucha contra la gran
corrupción y la impunidad no se debe olvidar que en el fondo se trata de crear
una sociedad más equitativa, con bienestar compartido, en donde se creen
políticas reales para que los bienes públicos robados de muchas maneras sean
devueltos a los sectores sociales más empobrecidos. Es una estrategia
indispensable para colaborar en la gestación de una sociedad sustentada en una
cultura de paz, de armonía, de oportunidades y de felicidad compartidas.
[1]
http://nuevo.z101digital.com/articulos/sociologo-atribuye-delincuencia-a-la-inequidad-social-y-economica-03-29-2017
R.J. Jaime, 29-3-2017
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