No
hagan lo que ellos hacen
http://acento.com.do/2015/opinion/8228698-no-hagan-lo-que-ellos-hacen/
¿Cómo es posible que los obispos,
como cuerpo, no hayan apoyado la ley que declara Loma Miranda Parque Nacional y
hayan dejado solo en la lucha ambiental al obispo Antonio Camilo y a las
comunidades cristianas de La Vega, comprometidas con la defensa de ese pulmón
natural?
“Amor y Lealtad se han dado cita, Justicia y
Paz se abrazan; Lealtad brotará de la tierra y de los cielos se asomará
Justicia” (Sal 85,11-12).
Ya es una tradición que con motivo de
la conmemoración anual del 27 Febrero la Conferencia de los obispos romano-católicos
emitan una declaración pública relacionada, por lo general, con un análisis de
la realidad nacional y una toma de postura sobre la misma. Este año dicho
mensaje se titula “Que la justicia y la paz se encuentren”, tomando dicha
formulación del texto bíblico del libro de los Salmos (Sal 85, 11).
Cuando nos referimos a la pertinencia
coyuntural de este documento podríamos hacernos algunas preguntas: ¿Qué aporta
este documento al debate nacional sobre la necesidad de la transformación
económica, ética y política de esta sociedad nuestra? ¿Tiene el episcopado
católico calidad ética y política para el análisis y para la identificación de
responsabilidades y sobre todo, para proponer los cambios necesarios que
necesita una sociedad estructuralmente injusta? ¿Están realmente los jerarcas
católicos y sus respectivas comunidades cristianas comprometidos con la causa
de la justicia y el mejoramiento de las condiciones de vida en los respectivos
territorios?
El documento hace una buena
descripción de hechos, valores y actitudes sociales y personales que construyen
una vida digna, una vida en paz. Entre las fortalezas que describen los
jerarcas católicos están: las actitudes responsables de nuestros ciudadanos y
ciudadanas, el crecimiento de las organizaciones comunitarias, los esfuerzos
por mejorar la educación pública, el sistema nacional de atención a emergencia
y seguridad (911), y las Iniciativas que incentivan la economía agrícola y la
microempresa. Del mismo modo hacen una interesante descripción de acciones y
actitudes negativas que constituyen situaciones injustas como son:
Irrespeto a la independencia de los Poderes del Estado, crecimiento del
endeudamiento, insuficiente aplicación de una política de inmigración
equilibrada, el auge del narcotráfico y el consumo de las drogas, los juegos de
azar y exceso de bebidas alcohólicas, la irresponsabilidad y deficiencia de
nuestros cuerpos de seguridad, la impunidad y deficiente aplicación de la
justicia y el desempleo y empleos de baja calidad.
El documento plantea, en su
fundamentación teórica la concepción bíblica de la Paz (Shalom, en hebreo) que
es la virtud que incluye el fruto y las consecuencias de la lucha por la
justicia, la igualdad y la distribución equitativa de las riquezas. En
definitiva la paz bíblica es sinónimo de bienestar colectivo, de Buen Vivir, de
Vida Digna.
Varios comentaristas han analizado el
documento de los obispos y han expresado diversas opiniones sobre el mismo. J.
B. Díaz (Hoy, 1-3-15, Pag. 9A) considera que el mensaje de los obispos es uno
de los más progresistas de la historia de la institución episcopal y la compara
con la pastoral de enero de 1960, que denunció los excesos de la tiranía
trujillista. Miguel Sang Ben (Acento, 23-2-15), por el contrario, ha dicho que
la carta de los obispos no refleja el pensamiento profético y comprometido del
Papa Francisco. Argelia Tejada, por su parte, ha cuestionado la calidad y la
coherencia proféticas de quienes emitieron el mensaje episcopal, porque, según
esta socióloga de la religión, “Los profetas del Antiguo Testamento no
predicaban desde lujosas residencias construidas por el Estado, ni demandaban
lujosas y modernas catedrales, ni sueldos de generales ni túneles privados para
llegar al Templo de Jerusalén” (Acento, 3-3-15).
Las principales debilidades y
deficiencias del documento episcopal están en la superficialidad del análisis
de las raíces y causas de las injusticias que denuncian, así como en la poca
consistencia de las propuestas de mejora e involucramiento de las comunidades
cristianas católicas y de otras organizaciones de la sociedad, en la
transformación de las actuales situaciones de injusticia. Además, el documento
tiende a confundir a la población inconsciente cuando iguala la interrupción
del embarazo en algunas circunstancias, -tal como fue propuesto en la
observación hecha por el presidente D. Medina, en la propuesta de modificación
del código laboral- con el aborto puro y simple.
Otra debilidad que se le puede
achacar al documento son sus significativas omisiones. ¿Cómo es posible que los
obispos hablen de justicia y de paz y no se refieran a la barbaridad jurídica y
al drama humano de la desnacionalización de más de 200,000 dominicanos y
dominicanas, -la mayoría de los cuales son de origen haitiano- legalizada por
la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional? ¿Cómo se entiende que los
obispos se opongan tan radicalmente a la despenalización de la interrupción del
embarazo cuando está en juego la vida de la mujer, cuando el embarazo es fruto
de violación, o incesto o cuando el feto tiene una mal deformación que
condenaría a la persona a sufrir toda su vida y a condenar a su familia a
cargar con ese peso? ¿Cómo es posible que los obispos y su oficina de abogados,
de la ONG CEDAIL, no estén presentes allí donde se está debatiendo la
posibilidad real de la pérdida de algunos de los pocos derechos adquiridos por
las y los trabajadores dominicanos? ¿Cómo es posible que los obispos,
como cuerpo, no hayan apoyado la ley que declara Loma Miranda Parque Nacional y
hayan dejado solo en la lucha ambiental al obispo Antonio Camilo y a las
comunidades cristianas de La Vega, comprometidas con la defensa de ese pulmón
natural?
De Jesús de Nazaret se decía que
hablaba con autoridad, porque su discurso iba acompañado de hechos solidarios y
de una voz profética insobornable. Por eso la sociedad dominicana
necesita la voz ética y profética, el análisis y la práctica solidaria de
un liderazgo ético y de unos colectivos religiosos comprometidos con la
justicia y la creación de una vida digna para toda la población, pero sobre
todo para ese más del 60% que vive en la pobreza y en la miseria. Ojalá que el
liderazgo, tanto de la Iglesia Católica como de las iglesias protestantes, se
decida a romper su tradicional alianza y complicidad económica, político-partidaria
y militar con los poderes fácticos, porque eso les quita autoridad ética y les
resta credibilidad a sus declaraciones. Ojalá que se convierta en aliados de
las luchas de los más empobrecidos y débiles. Porque de otra manera tendríamos
que seguir escuchando las palabras indignadas que Jesús dijo a sus discípulos y
discípulas, con relación a los fariseos y maestros de la Ley de su tiempo:
“Hagan y cumplan todo lo que dicen, pero no los imiten, ya que ellos enseñan y
no cumplen” (Mt 23,3).
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