El titiritero es conocido
MARGARITA CORDERO. LA OPINIÓN DE LA DIRECTORA
http://www.7dias.com.do/editorial/2015/03/27/i185298_titiritero-conocido.html#.VRa2u_yG-gc
Rabia e impotencia. Esos y no otros sentimientos invaden el
alma de una parte considerable de la sociedad dominicana. La imagen de Félix
Bautista los brazos en alto y los dedos índice y pulgar de ambas manos haciendo
la señal de la victoria es un insulto que prolonga el infligido por el juez
Alejandro Moscoso Segarra cuando lavó de
culpas, gracias a su poder y complicidades, a un irredimible.
Rabia e impotencia, precisémoslo, que no son fruto perverso
de la venganza frustrada contra el más vulnerable de los corruptos. Es más
complejo y doloroso y sobrepasa a Félix Bautista: es constatar que la
corrupción tiene en el país patente de corso porque nuestros tribunales han
sido hasta hoy incapaces de juzgarla y condenarla.
Escasísimos deben ser
quienes no piensen que el fallo de Moscoso Segarra tiene su impronta política.
Una sociedad donde la corrupción sea impune se abisma de
manera irremediable. La democracia no puede funcionar donde el delito es mérito
y el ciudadano nada puede esperar de la justicia. El equilibrio democrático se
rompe; sin árbitros creíbles, la cohesión social se disuelve y campa el cinismo
colectivo. Los sociólogos lo llaman anomia, el lenguaje popular, “sálvese quien
pueda”.
Mas aunque sobran motivos para la desesperanza paralizante,
mayores seguirán siendo nuestras posibilidades de levantarnos como nación, como
sociedad y como individuos del fangal que nos anega. Bien visto, el fallo de
Moscoso Segarra no deja de ser una riesgosa apuesta del artífice del secuestro
de las altas cortes. El titiritero que ha movido los hilos del títere, cuyo
nombre y apellido son conocidos, ha caminado sobre el filo de la navaja cuando
sus dotes de equilibrista apenas conservan brillo.
Compensa además saber que el juego no ha terminado aún. De
creerle al procurador Francisco Domínguez Brito, Félix Bautista no tiene seguro
el sueño plácido de los salvados de la justicia. Tampoco lo tiene Leonel
Fernández. Excepto la predecible y delirante encuestadora que se le asocia,
todos los sondeos de opinión independientes vinculan su pérdida de popularidad
con la corrupción que ha quedado hoy nuevamente sin sanción. Ese es su karma.
Escasísimos deben ser quienes no piensen que el fallo de Moscoso Segarra tiene
su impronta política. Habrá salvado de ir a juicio de fondo a su hijo putativo,
pero no podrá salvarse él mismo del juicio inapelable de la opinión pública.
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