Reinventar el futuro: tarea
de la Educación
El teólogo brasileño Frei Betto
dedicó su conferencia a los Cinco Héroes Cubanos, y a Leonela Relis, creadora
del método de alfabetización Yo, sí puedo
Autor: Lissy Rodríguez | lissy@granma.cu
28 de enero de 2015
00:01:14
Frei Betto fue uno de los
protagonistas de la primera jornada. Foto: Yaimí Ravelo
¿Cómo construir una escuela capaz de
dotar a los alumnos de los conocimientos necesarios para enfrentar el mundo
contemporáneo y sus complejidades políticas, económicas y sociales? ¿Cómo se
insertan el docente y la familia en ese entramado de responsabilidades en la
formación de un ser social comprometido con su sociedad, su tiempo presente y
futuro? ¿Cuál tiene que ser el camino en la formación de una conciencia crítica
en los estudiantes, que no se conviertan en meros repetidores de contenidos, y
sí en protagonistas de las transformaciones sociales?
Esas razones condujeron al
periodista, filósofo y teólogo Frei Betto, presente en el Congreso Internacional
Pedagogía 2015, a reflexionar en conferencia magistral sobre el papel de la
educación crítica como ese instrumento capaz de “superar el capitalismo”,
“crear nuevos parámetros de conocimientos” y “promover nuevas praxis
emancipadoras”.
“A semejanza de la política y la
religión, la educación sirve para liberar o alienar; despertar protagonismo o
favorecer el conformismo; propiciar en los educandos una visión crítica o
legitimar el status quo, como si fuera insuperable e inmutable; promover una
praxis transformadora o sacralizar el sistema de dominación”, dijo el autor de Fidel
y la Religión.
Sobre uno de los desafíos que enfrenta
la sociedad contemporánea: la hegemonía capitalista, afirmó que su poder
avasallador aniquila los propósitos de construir un nuevo modelo civilizatorio.
“Poco a poco, como si se tratara de un virus incontrolable, el capitalismo se
impone en nuestras relaciones personales y sociales. En la esfera personal,
abandonamos nuestra ideología libertaria a cambio de una zona de comodidad que
nos permite acceder al poder y la riqueza”.
Con suma destreza Frei Betto explicó
que la educación, si pretende formar una conciencia crítica y ciudadanos
militantes comprometidos con la transformación social, debe tener en cuenta la
intercalación de tres tiempos: el tiempo de las estructuras (más largo); el
tiempo de las coyunturas (más inmediato y factible de cambiar a mediano plazo);
y el tiempo de lo cotidiano (en el cual vivenciamos el conflicto permanente
entre la satisfacción de nuestros intereses personales y la conciencia de las
demandas altruistas, que nos exigen ser para los demás, o simplemente, ser
capaces de amar)”.
Y es ese tiempo de las estructuras el
que, según el investigador, “nos remite a la historia de la historia, a los
grandes procesos sociales con sus avances y retrocesos, a los triunfos y las
derrotas…”, solo es esa la que nos permite adquirir una conciencia histórica,
entendernos como protagonistas de los sucesos que vivimos, capaces de
transformar la realidad.
En su intervención destacó que esas
prácticas y principios deben estar orientados a los derechos de los pobres y
oprimidos, pues sin ellos “todo proyecto emancipatorio o revolucionario corre
el riesgo de congelarse, aprisionado por sus propias estructuras de poder…”
Además defendió que no habrá emancipación
plena sin la superación del sistema capitalista.
En relación con los nuevos contextos
que en Cuba enfrenta la educación, Frei Betto respondió algunas preguntas a la
prensa.
—Prensa Latina: A la luz del nuevo
capítulo que se abre entre Cuba y Estados Unidos, ¿cuál es el papel que merece
la educación?
—La educación cubana tiene el reto de
imprimir en sus educandos valores subjetivos que permitan a los jóvenes tener
mucha autoestima con el modo austero de vivir del pueblo cubano, porque va a
ser un choque entre un “camión consumista”, y un “lada austero”. Pero esa es la
austeridad que garantiza la dignidad de ustedes. Si uno piensa que, como pasó
en Europa del Este, el futuro y promesa para el pueblo es el capitalismo está
totalmente equivocado. El socialismo es la sociedad de compartir, la sociedad
de la solidaridad. El socialismo en un país debe ser exactamente como en una
familia, en una familia las personas son distintas en su inteligencia y sus
talentos, pero todos tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades.
—Granma: ¿Cómo pueden enfrentarse
desde la educación las enormes problemáticas del continente americano, y cuáles
son los paradigmas a seguir en ese empeño?
—El papel de la educación no es
formar mano de obra cualificada para el mercado de trabajo. El papel número uno
es formar ciudadanos y ciudadanas con conciencia crítica y protagonismo social,
que esté vinculada a los procesos sociales, hacia una perspectiva cada vez más
liberadora, tanto en la familia como en la escuela. La escuela no puede ser
una isla de saber desvinculada a los procesos sociales emancipatorios.
“Como paradigmas tenemos a muchos,
pero solo voy a mencionar dos: en Cuba tenemos el pensamiento pedagógico de
Martí y en Brasil el de Paulo Freire. Con ellos tenemos que rescatar ese
pensamiento crítico, esa educación ubicada en los contextos sociales,
políticos, económicos, porque hoy la escuela es una oficina aislada del
contexto social, aislada del momento político social que se vive en el mundo,
con una mera transmisión del saber de las generaciones pasadas para las generaciones
presentes, y sobre todo no forma personas éticas, personas con valores
subjetivos profundamente enraizados y ese es un deber de la escuela”.
—Bohemia: ¿Cuánto puede influir la
educación popular, no solamente desde la educación más tradicional en las
escuelas, sino en las comunidades?
—La educación popular se adecua
perfectamente a todas las organizaciones sociales: Comités de Defensa de la
Revolución, asociaciones de base, sindicatos, asociaciones juveniles, todo lo
que sean vínculos comunitarios, asociativos, cooperativos. Todos deben
tener en cuenta la metodología de la educación popular comprobadamente
liberadora, que imprime a la gente mucha autoestima, y abre el camino a un
futuro de emancipación.
Ideas claves para hacer cumplir la
misión de la educación fueron sostenidas por Frei Betto, como la necesidad de
englobar a todos los actores de la institución escolar: alumnos, profesores,
funcionarios y las familias de todos ellos. “Y trasciende los muros de la
escuela para vincularse participativamente con el barrio, la ciudad, el país y
el mundo”.
“Si queremos atrevernos a reinventar
el futuro, debemos comenzar por revolucionar la escuela, transformándola en un
espacio cooperativo en el cual convivan la formación intelectual, científica
y artística; la formación de conciencia crítica; la formación de protagonistas
sociales éticamente comprometidos con los desafíos de construir otros mundos
posibles, fundados en la compartición de los bienes de la Tierra y los frutos
del trabajo humano”, concluyó.
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