sábado, 6 de octubre de 2018

Actualidad del debate entre progresistas y conservadores


Franklin Pimentel Torres, 5-10-2018

El pasado 2 de agosto del presente año 2018, el Digital Acento publicó un editorial titulado “Presente y futuro de los progresistas dominicanos.”[1] Se preguntaba el editorialista si tenía sentido plantear la diferencia entre los llamados progresistas y conservadores, entre gente que se dice de izquierda o que es tildado de derechas, si vivimos en una época en la que muchas personas afirman que han desaparecido las ideologías que sustentan las actuales prácticas económicas, sociales y políticas. Además es un hecho real que la mayor parte de quienes en el pasado se autodenominaron progresistas y gente de izquierda, terminaron apuntándose, por lo general,  a un pragmatismo irracional relacionado con la búsqueda del poder y del dinero para acumularlos y utilizarlos en beneficio del estilo de vida  personal, familiar, grupal, partidario o corporativo. Todo esto se da en el contexto de países y sociedades que viven bajo las reglas del juego del sistema económico neoliberal, impuesto  por las grandes corporaciones transnacionales, de las que dependen los poderes económicos y partidarios locales.

No es completamente cierto que las ideologías hayan desaparecido, pues detrás de cada práctica social, económica y política subyace una determinada ideología. Lo que de hecho está sucediendo a nivel local, regional e internacional es que la ideología que sustenta al neoliberalismo se cree triunfante y la única posible y esto se ha acentuado a partir de la desarticulación, en el siglo pasado, de los gobiernos socialistas de los países del Este asiático. Todo esto tuvo en la caída del muro de Berlín, en 1989 su símbolo más significativo. Lo que sí es verdad es que los grandes medios de comunicación, portavoces de las grandes corporaciones económicas y partidarias, nacionales y transnacionales, se han encargado de hacerle creer a la gente de que solo es posible vivir dignamente bajo el amparo del neoliberalismo más salvaje, que sustenta a gobiernos títeres, con fachada democrática, pero que en realidad son monarquías autoritarias, fundamentadas en la corrupción y en la impunidad.

Se suele atribuir al diplomático, escritor y líder partidario francés François-René de Chateaubriand (1768-1848) el hecho de ser el primero en utilizar el término “conservador” en el debate sobre las ideas políticas. Atribuyó este término a quienes se oponían a las ideas y principios que surgieron de la Revolución francesa (1789-1799) y del movimiento cultural e intelectual europeo de la Ilustración, que se desarrolló especialmente en FranciaReino Unido y Alemania, desde mediados del siglo XVIII. Este movimiento tuvo como principal fenómeno histórico, simbólico y referente a la Revolución francesa, con sus principios fundamentales de libertad, igualdad y fraternidad. De hecho, según la historiografía clásica, la Revolución francesa marca el inicio de la Edad Contemporánea al sentar las bases de la democracia moderna, que se desarrolló durante los siglos XIX y XX, al marcar una ruptura con el viejo régimen monárquico y abrir así nuevos horizontes políticos basados en el principio de la soberanía popular y del respeto a los derechos y deberes ciudadanos.

Hay quienes han relacionado a los llamados progresistas o de izquierda con  quienes se han identificado con el movimiento liberal. De hecho, el liberalismo es una doctrina ideológica y política que defiende la libertad individual, propone restringir la intervención del Estado en la vida social, económica y cultural;  promueve y prioriza la iniciativa privada, y propugna por la igualdad ante la ley.  Asimismo, se identifica con una actitud que proponga la libertad y la tolerancia en las relaciones humanas, fundamentada en el libre albedrío y en el principio de no agresión. Promueve, en suma, las libertades civiles y económicas y se opone al absolutismo, al despotismo ilustrado, al conservadurismo, a los sistemas autoritariosdictatoriales y totalitarios. Constituye la corriente en la que se fundamentan tanto el llamado Estado de derecho, como la democracia representativa y la división de poderes.

En la realidad de los pueblos de América Latina y el Caribe, con honrosas excepciones, ha quedado demostrado que los llamados liberales, progresistas o de izquierda, cuando tienen la oportunidad, terminan pareciéndose mucho a los conservadores en el manejo del poder y la economía en nuestros países, casi siempre al servicio de los intereses de los grandes grupos económicos. Lo que ha sucedido en nuestro país con los gobiernos del PRD y del PLD en las últimas décadas así lo confirman. Lo mismo podría decirse de la historia reciente de los gobiernos de Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua, entre otros. Por lo tanto, lo que está en juego no son solo las ideologías, sino la ausencia de prácticas ético-políticas orientadas a mejorar la calidad de vida de las mayorías populares.

Frei Betto, intelectual y escritor brasileño, de ideología progresista o de izquierda ha propuesto diez consejos para mantenerse militando a la izquierda.[2] Estos son: 1. Mantener viva la indignación. 2. Tener en cuenta que la cabeza piensa según por donde pisan los pies. 3. No avergonzarse de creer en el socialismo. 4. Ser crítico sin perder la autocrítica. 5. Saber diferenciar entre militante y "militonto".6. Ser riguroso en la ética de la militancia. 7. Alimentarse con la tradición de la izquierda. 8. Preferir el riesgo de equivocarse con los pobres, a la pretensión de acertar sin ellos. 9. Defender siempre al oprimido, aunque aparentemente no tenga razón. 10. Hacer de la oración, la meditación y la reflexión, un antídoto contra la alienación.

En definitiva lo más importante no es catalogar o ser identificado o identificada como progresista, liberal, conservador, izquierdista o de derechas. Lo fundamental son las prácticas éticas, ciudadanas y políticas que se asumen en la vida cotidiana en la comunidad, en la familia y sobre todo en las esferas del poder económico, partidario, mediático, religioso, ciudadano. Siempre y cuando esas prácticas prioricen lo público sobre lo privado o particular y asuman las luchas colectivas para mejorar las condiciones de vida de la gente y del ambiente natural de la sociedad en la que se vive, sea esta la dominicana, haitiana, cubana, puertorriqueña, estadounidense o cualquier otra.



[1] https://acento.com.do/2018/opinion/editorial/8592725-presente-y-futuro-de-los-grupos-progresistas-dominicanos/

[2] https://www.aporrea.org/ideologia/a62153.html

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