Franklin Pimentel Torres, 5-10-2018
El pasado 2 de agosto del presente año 2018, el Digital
Acento publicó un editorial titulado “Presente y futuro de los progresistas dominicanos.”[1] Se preguntaba el editorialista si
tenía sentido plantear la diferencia entre los llamados progresistas y
conservadores, entre gente que se dice de izquierda o que es tildado de
derechas, si vivimos en una época en la que muchas personas afirman que han desaparecido
las ideologías que sustentan las actuales prácticas económicas, sociales y
políticas. Además es un hecho real que la mayor parte de quienes en el pasado
se autodenominaron progresistas y gente de izquierda, terminaron apuntándose,
por lo general, a un pragmatismo
irracional relacionado con la búsqueda del poder y del dinero para acumularlos
y utilizarlos en beneficio del estilo de vida personal, familiar, grupal, partidario o
corporativo. Todo esto se da en el contexto de países y sociedades que viven
bajo las reglas del juego del sistema económico neoliberal, impuesto por las grandes corporaciones
transnacionales, de las que dependen los poderes económicos y partidarios
locales.
No es completamente cierto que las ideologías hayan desaparecido, pues
detrás de cada práctica social, económica y política subyace una determinada
ideología. Lo que de hecho está sucediendo a nivel local, regional e
internacional es que la ideología que sustenta al neoliberalismo se cree triunfante
y la única posible y esto se ha acentuado a partir de la desarticulación, en el
siglo pasado, de los gobiernos socialistas de los países del Este asiático.
Todo esto tuvo en la caída del muro de Berlín, en 1989 su símbolo más
significativo. Lo que sí es verdad es que los grandes medios de comunicación,
portavoces de las grandes corporaciones económicas y partidarias, nacionales y
transnacionales, se han encargado de hacerle creer a la gente de que solo es
posible vivir dignamente bajo el amparo del neoliberalismo más salvaje, que
sustenta a gobiernos títeres, con fachada democrática, pero que en realidad son
monarquías autoritarias, fundamentadas en la corrupción y en la impunidad.
Se suele atribuir al diplomático, escritor y
líder partidario francés François-René de Chateaubriand (1768-1848) el hecho de
ser el primero en utilizar el término “conservador” en el debate sobre las
ideas políticas. Atribuyó este término a quienes se oponían a las ideas y
principios que surgieron de la Revolución francesa (1789-1799) y del movimiento
cultural e intelectual europeo de la Ilustración, que se
desarrolló especialmente en Francia, Reino
Unido y Alemania,
desde mediados del siglo
XVIII. Este movimiento tuvo como principal fenómeno histórico, simbólico y referente
a la Revolución
francesa, con
sus principios fundamentales de libertad, igualdad y fraternidad. De hecho, según la historiografía clásica, la
Revolución francesa marca el inicio de la Edad Contemporánea al sentar
las bases de la democracia moderna, que se desarrolló durante los siglos XIX y
XX, al marcar una ruptura con el viejo régimen monárquico y abrir así nuevos
horizontes políticos basados en el principio de la soberanía popular y del respeto a los derechos y
deberes ciudadanos.
Hay
quienes han relacionado a los llamados progresistas o de izquierda con quienes se han identificado con el movimiento
liberal.
De hecho, el liberalismo es
una doctrina ideológica y política que
defiende la libertad individual, propone restringir
la intervención del Estado en la vida
social, económica y cultural; promueve y
prioriza la iniciativa privada, y propugna por la igualdad ante la ley.
Asimismo, se identifica con una actitud que proponga la libertad y
la tolerancia en las relaciones humanas, fundamentada en el libre albedrío y
en el principio de no agresión.
Promueve, en suma, las libertades civiles y económicas y se opone
al absolutismo, al despotismo ilustrado, al conservadurismo,
a los sistemas autoritarios, dictatoriales y totalitarios.
Constituye la corriente en la que se fundamentan tanto el llamado Estado de derecho, como
la democracia representativa y
la división de poderes.
En la realidad de los pueblos de América Latina y el
Caribe, con honrosas excepciones, ha quedado demostrado que los llamados
liberales, progresistas o de izquierda, cuando tienen la oportunidad, terminan
pareciéndose mucho a los conservadores en el manejo del poder y la economía en
nuestros países, casi siempre al servicio de los intereses de los grandes
grupos económicos. Lo que ha sucedido en nuestro país con los gobiernos del PRD
y del PLD en las últimas décadas así lo confirman. Lo mismo podría decirse de
la historia reciente de los gobiernos de Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua,
entre otros. Por lo tanto, lo que está en juego no son solo las ideologías,
sino la ausencia de prácticas ético-políticas orientadas a mejorar la calidad
de vida de las mayorías populares.
Frei
Betto, intelectual y escritor brasileño, de ideología progresista o de
izquierda ha propuesto diez consejos para mantenerse militando a la izquierda.[2] Estos son: 1. Mantener viva la indignación. 2. Tener en
cuenta que la cabeza piensa según por donde pisan los pies. 3. No avergonzarse
de creer en el socialismo. 4. Ser crítico sin perder la autocrítica. 5. Saber
diferenciar entre militante y "militonto".6. Ser riguroso en la ética
de la militancia. 7. Alimentarse con la tradición de la izquierda. 8. Preferir
el riesgo de equivocarse con los pobres, a la pretensión de acertar sin ellos.
9. Defender siempre al oprimido, aunque aparentemente no tenga razón. 10. Hacer
de la oración, la meditación y la reflexión, un antídoto contra la alienación.
En definitiva lo más importante no es catalogar o ser identificado
o identificada como progresista, liberal, conservador, izquierdista o de
derechas. Lo fundamental son las prácticas éticas, ciudadanas y políticas que
se asumen en la vida cotidiana en la comunidad, en la familia y sobre todo en
las esferas del poder económico, partidario, mediático, religioso, ciudadano.
Siempre y cuando esas prácticas prioricen lo público sobre lo privado o
particular y asuman las luchas colectivas para mejorar las condiciones de vida
de la gente y del ambiente natural de la sociedad en la que se vive, sea esta
la dominicana, haitiana, cubana, puertorriqueña, estadounidense o cualquier
otra.
[1] https://acento.com.do/2018/opinion/editorial/8592725-presente-y-futuro-de-los-grupos-progresistas-dominicanos/
[2]
https://www.aporrea.org/ideologia/a62153.html
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