viernes, 21 de septiembre de 2018

El eclipse de la ética en la actualidad


L. Boff, 3-8-2018

Entre el 10 y el 13 de julio de 2018 se ha celebrado en Belo Horizonte, Brasil, un congreso
internacional organizado por la Sociedad de Teología y Ciencias de la Religión (SOTER) en torno al
tema Religión, Ética y Política. Las exposiciones fueron de gran actualidad y de nivel superior. Voy
referirme solamente a la discusión sobre el Eclipse de la Ética que me tocó introducir.
A mi modo de ver dos factores han alcanzado el corazón de la ética: el proceso de globalización y la
mercantilización de la sociedad.

La globalización ha mostrado los diferentes tipos de ética, según las diferencias culturales. Se ha
relativizado la ética occidental, una entre tantas. Las grandes culturas de Oriente y las de los
pueblos originarios han revelado que podemos ser éticos de forma muy diferente.
Por ejemplo, la cultura maya centra todo en el corazón, ya que todas las cosas nacieron del amor de
los dos grandes corazones del Cielo y de la Tierra. El ideal ético es crear en todas las personas
corazones sensibles, justos, transparentes y verdaderos. O la ética del «buen vivir, buen convivir»,
de los andinos, asentada en el equilibrio de todas las cosas, entre los humanos, con la naturaleza y
con el universo.

Tal pluralidad de caminos éticos ha tenido como consecuencia una relativización generalizada.
Sabemos que la ley y el orden, valores de la práctica ética fundamental, son los prerrequisitos para
cualquier civilización en cualquier parte del mundo. Lo que observamos es que la humanidad está
cediendo ante la barbarie rumbo a una verdadera era mundial de las tinieblas, tal es el descalabro
ético que estamos viendo.

Poco antes de morir en 2017 advertía el pensador Sigmund Bauman: «O la humanidad se da las
manos para salvarnos juntos, o engrosaremos el cortejo de los que caminan rumbo al abismo».
¿Cuál es la ética que nos podrá orientar como humanidad viviendo en la misma y única Casa
Común?

El segundo gran impedimento a la ética es la mercantilización de la sociedad, lo que Karl Polanyi
llamaba ya en 1944 «La Gran Transformación». Es el fenómeno del paso de una economía de
mercado a una sociedad puramente de mercado. Todo se transforma en mercancía, cosa ya
prevista por Karl Marx en su texto La miseria de la Filosofía, de 1848, cuando se refería al tiempo en
el que las cosas más sagradas como la verdad y la conciencia serían llevadas al mercado; sería el
«tiempo de la gran corrupción y de la venalidad universal». Pues estamos viviendo ese tiempo. La
economía, especialmente la especulativa, dicta los rumbos de la política y de la sociedad como un
todo. La competición es su marca registrada y la solidaridad prácticamente ha desaparecido.
¿Cuál es el ideal ético de este tipo de sociedad? La capacidad de acumulación ilimitada y de
consumo sin límites, que genera una gran división entre un pequeñísimo grupo que controla gran
parte de la economía mundial y las mayorías excluidas y hundidas en el hambre y la miseria. Aquí
se revelan rasgos de barbarie y de crueldad como pocas veces en la historia.

Tenemos que volver a fundar una ética que se enraíce en aquello que es específico nuestro como
humanos, y que, por eso, sea universal y pueda ser asumida por todos.
Estimo que en primerísimo lugar está la ética del cuidado, que según la fábula 220 del esclavo
Higinio, bien interpretada por Martin Heidegger en Ser y Tiempo, constituye el sustrato ontológico
del ser humano, aquel conjunto de factores sin los cuales jamás surgirían el ser humano y otros
seres vivos. Por pertenecer el cuidado a la esencia de lo humano, todos pueden vivirlo y darle
formas concretas, conforme a sus culturas. El cuidado presupone una relación amigable y amorosa
con la realidad, de mano extendida para la solidaridad y no de puño cerrado para la dominación. En
el centro del cuidado está la vida. La civilización deberá ser biocentrada.
Otro dato de nuestra esencia humana es la solidaridad y la ética que de ella se deriva. Sabemos
hoy, por la bioantropología, que fue la solidaridad de nuestros ancestros antropoides la que permitió

dar el salto de la animalidad a la humanidad. Buscaban los alimentos y los consumían
solidariamente. Todos vivimos porque existió y existe un mínimo de solidaridad, comenzando por la
familia. Lo que fue fundacional ayer, lo sigue siendo todavía hoy.

Otro camino ético ligado a nuestra estricta humanidad es la ética de la responsabilidad universal,
O asumimos juntos responsablemente el destino de nuestra Casa Común o vamos a recorrer un
camino sin retorno. Somos responsables de la sostenibilidad de Gaia y de sus ecosistemas, para
que podamos seguir viviendo junto con toda la comunidad de la vida.

El filósofo Hans Jonas, que fue el primero en elaborar «El Principio de Responsabilidad», le agregó
la importancia del miedo colectivo. Cuando éste surge y los humanos empiezan a darse cuenta de
que pueden conocer un fin trágico o incluso llegar a desaparecer como especie, irrumpe un miedo
ancestral que los lleva a una ética de supervivencia. El presupuesto inconsciente es que el valor de
la vida está por encima de cualquier otro valor cultural, religioso o económico.

Por último, es importante rescatar la ética de la justicia para todos. La justicia es el derecho
mínimo que tributamos al otro de que pueda continuar existiendo y recibiendo lo que le toca como
persona. Las instituciones especialmente deben ser justas y equitativas para evitar los privilegios y
las exclusiones sociales que tantas víctimas producen, particularmente en nuestro Brasil, uno de los
más desiguales, es decir, de los más injustos del mundo. De ahí se explica el odio y las
discriminaciones que desgarran a la sociedad, venidos no del pueblo sino de las élites adineradas,
que siempre viven del privilegio y no aceptan que los pobres puedan subir un peldaño en la escala
social. Actualmente vivimos bajo un régimen de excepción en el que tanto la Constitución como las
leyes son pisoteadas mediante el Lawfare (la interpretación distorsionada de la ley que el juez
practica para perjudicar al acusado).

La justicia no vale sólo entre los humanos, sino también con la naturaleza y con la Tierra, que son
portadoras de derechos y por eso deben ser incluidas en nuestro concepto de democracia socio-
ecológica.

Éstos son algunos parámetros mínimos para una ética válida para cada pueblo y para la humanidad,
reunida en la Casa Común. Debemos incorporar una ética de la sobriedad compartida, para lograr lo
que Xi Jinping, jefe supremo de China, llamaba «una sociedad moderadamente abastecida»: un
ideal mínimo y alcanzable. En caso contrario podremos conocer un armagedón social y ecológico.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Proclamas y perspectivas de la Marcha Verde



El domingo 12 de agosto se celebró, de manera multitudinaria, la Marcha del Millón, en las calles de Santo Domingo. Tal como han dicho sus organizadores, poco importa el número exacto de la cantidad que participaron en dicha actividad. Lo importante sigue siendo los motivos y el compromiso ciudadano demostrado por cada persona participante, así como del equipo organizador, que hizo un gran esfuerzo por crear las condiciones para que la marcha se realizara  y que pudiera dejar a la población el mensaje de disposición, de unidad y de lucha contra la corrupción. La consigna coreada: “Somos un pueblo unido y de pie”, resumió la actitud y la postura de las y los presentes en la marcha.
En poco más de un año se han realizado dos significativas marchas nacionales contra la corrupción y la impunidad. La primera el 16 de Julio, 2017 y la segunda el 12 de agosto del presente año, 2018. Ambas han concluido en el histórico y significativo Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo y se han celebrado en torno a dos hechos históricos importantes para la memoria de la conciencia ciudadana y política: la fundación de la Sociedad La Trinitaria (16-6-1838) y la llamada Restauración de la República (16-8-2018), la que muchos historiadores consideran como la verdadera independencia nacional.
¿Cuáles fueron los principales planteamientos hechos en las proclamas de ambas marchas verdes?
1.- Quienes hacen la proclama son representantes legítimos de un colectivo amplio que integra a diferentes sectores de la sociedad dominicana, incluyendo a aquellas personas de la diáspora dominicana que se han movilizado en los diferentes países de emigración: “Nosotras y nosotros, maestras, chiriperos, artistas, profesionales, amas de casa, estudiantes, empresarios, empleados, religiosos, campesinos y campesinas, ciudadanas y ciudadanos del Norte, el Sur, el Este, el Oeste y la diáspora del país, que vestidos de esperanza reclamamos Justicia en cada rincón de la Patria, estamos siendo protagonistas de las más ejemplares, masivas, diversas y contundentes manifestaciones cívicas contra el lodazal político e institucional que nos oprime”.
2.- La movilización popular se ha hecho con un propósito muy concreto: “Por más de un año y ocho meses, y utilizando las más diversas y esperanzadoras formas de participación cívica, pacífica y familiar, hemos ejercido nuestros derechos y cumplido con nuestro deber movilizándonos en todo el territorio nacional y la diáspora, denunciando los agravios del actual régimen de corrupción e impunidad, y exigiendo sanciones contra la delincuencia política instalada o asociada a la actual dirección del Estado”.
3.- Aunque se pide sanción contra todos los actos de corrupción y en particular con relación a los hechos relacionados con la multinacional mafiosa Odebrecht, la proclama ha priorizado el caso de Punta Catalina, con la sospecha de que en el mismo, por sobornos y sobrevaluación, estaría involucrado el mayor monto de dinero de la corrupción, agravada con intentos evidentes desde el poder partidario y judicial, para que este caso se quede en la más absoluta impunidad. Por eso se dice: “Nosotras y nosotros estamos profundamente convencidos de que el proyecto Punta Catalina es un cuerpo del delito, y de que la delincuencia política está aliada a los más antidemocráticos grupos empresariales y sociales para mantener a nuestro país embarrado con el lodo de la corrupción y la impunidad”.
4. Se identifica a personas concretas involucradas, comenzando por los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y sobre todo  al actual presidente Danilo Medina, para quien se ha solicitado sometimiento judicial y juicio político.  “Es inaceptable cualquier resultado judicial sin una indagatoria de las actuaciones de los expresidentes Leonel Fernández, responsable del 52% de los contratos, y de Hipólito Mejía, en cuyo gobierno se firmó el 11% de los contratos y quien públicamente ya se puso a la disposición del procurador Jean Alain Rodríguez”. Y continua la proclama señalando: “Para alcanzar el fin de la impunidad es imprescindible el sometimiento penal del presidente Danilo Medina, porque existen claros indicios de responsabilidad de su gobierno en la licitación irregular y la sobrevaluación de Punta Catalina; porque con sus maniobras políticas ha convertido las acciones del Ministerio Público en un “mareo” mediático y en un obstáculo para la aplicación de Justicia”. Y se nombran otras personas del entorno del poder, a quienes se considera involucradas en la gran trama de la corrupción y la impunidad: “Para alcanzar el fin de la impunidad es ineludible la investigación de los funcionarios y congresistas Rubén Bichara, Reinaldo Pared Pérez, Gonzalo Castillo, Cristina Lizardo, Vicente Bengoa, Lucía Medina, Simón Lizardo, Abel Martínez y otros responsables de aprobar o gestionar los contratos de la multinacional mafiosa”.
5.- Llamada urgente a la unidad en vista a impulsar cambios estructurales en el país. En la proclama del 16 de julio del 2017 se decía: “Convocamos a las mujeres y hombres de trabajo, a los comerciantes, empresarios, religiosos, estudiantes, pensionados y a todo el pueblo dominicano a una gran unidad nacional, para intensificar la lucha verde contra la corrupción y la impunidad en cada paraje, municipio y provincia, como un aguacero ciudadano indetenible, que barra el lodo de las instituciones y el sistema político corrompido y deje a nuestro país bañado de justicia, bienestar, democracia y esperanza”.  Y en la proclama de la marcha del pasado 12 de agosto el llamado se hizo más específico:  “Proclamamos nuestro compromiso ciudadano inquebrantable de comenzar desde este preciso momento a consensuar e impulsar con los más diversos sectores las reformas estructurales indispensables para sacar de una vez y para siempre a la delincuencia política y a sus aliados económicos, empresariales y militares de las instituciones y de todos los ámbitos de la vida en común del pueblo dominicano”.
Es evidente que las proclamas de la Marcha Verde están planteando  la unidad de amplios sectores sociales para sacar del Estado a los actuales incumbentes, corruptos y protectores de la impunidad; pero se queda corta en la propuesta de estrategias para lograr estos objetivos. Se queda corta, sobre todo, en las propuestas de cambios estructurales, en la necesidad de una asamblea constituyente, en las propuesta de modificación de la forma de composición y selección del poder político, en el método de elección del Poder Ejecutivo, en la conformación del poder legislativo, y, sobre todo, en la independencia y transformación  del poder judicial.
Será necesario seguir analizando las perspectivas y desafíos futuros de la Marcha Verde y sobre todo, seguir uniendo voluntades indignadas, iniciativas novedosas y esperanzadas, así como sueños realizables, pues la unidad y el consenso entre los diferentes sectores del país, incluida la diáspora, debe estar orientada a la definición de un proyecto país institucionalizado, con equidad social, con un liderazgo ético, con instituciones fuertes y con una ciudadanía consciente y comprometida, desde cada territorio, “para sentar las bases de una República Dominicana con justicia, dignidad y prosperidad para todos y todas”.