Franklin Pimentel Torres - 27 de enero de
2018 -
La marcha verde se comenzó a articular en diciembre del 2016, después de
conocerse en el país y a nivel internacional los sobornos que había pagado, en
diferentes países del Caribe, América Latina y África, la brasileña
multinacional de la construcción, Odebrecht. Ese acontecimiento de carácter
internacional fue la coyuntura propicia para que un grupo de ciudadanas y
ciudadanos dominicanos reaccionaran, pensando en la posibilidad de convocar
para el 22 de enero del pasado año una marcha en la que sus organizadores
esperaban que participaran unas 5,000 personas.
La gran concentración verde del 22 de enero del 2017 rompió todas las
expectativas de sus convocantes. La proclama de lucha contra la corrupción y la
impunidad se convirtió en la consigna de un movimiento que desde su origen supo
interpretar y asumir la sed de justicia, transparencia, re-distribución y
recuperación de bienes públicos que van a parar a las garras perversas de
corporaciones económico-partidarias, de instituciones y personas, que han hecho
de la corrupción pública y privada una práctica habitual, alentada por la más
indignante y escandalosa impunidad.
Las principales actividades nacionales de la Marcha Verde han sido: las
dos marchas de Santo Domingo (enero,22 y julio,16), las marchas realizadas en
los pueblos de mayor población del país como: Santiago, La Vega, San Cristóbal,
San Pedro de Macorís, Puerto Plata, Azua, entre otros. A esto se han añadido
otras actividades de carácter simbólico como: la recogida de firmas exigiendo
al poder ejecutivo que sean procesados todas las personas e instituciones
involucradas en los casos de corrupción, que sobrepasan a aquellos relacionados
con la multinacional Odebrecht. Otras actividades significativas fueron lo de
marcha de las antorchas verdes que recorrieron las principales regiones del
país, así como los conversatorios verdes que se han realizado en diferentes
comunidades.
La Marcha Verde ha sido un movimiento aglutinador para asumir en los
territorios luchas pendientes por el mejoramiento de la educación, la salud, la
preservación del ambiente y la lucha contra la mega-minería destructora e
irresponsable. En ese proceso se ha dado un desplazamiento del liderazgo
tradicional de organizaciones y han salido a la luz pública un número
significativo de nuevos liderazgos locales, comunitarios y populares.
La Marcha Verde ha servido para desenmascarar la estructura corrupta de
un Estado al servicio de las grandes corporaciones económicas y partidarias,
locales e internacionales. Y los casos de corrupción ligados a Odebrecht, en
particular lo relacionado con Punta Catalina, han sido de los más
significativos. Ha servido para poner a la luz pública, además, como el actual
partido gobernante estuvo involucrado no solo en el tema de los sobornos
pagados a legisladores, ministros y funcionarios, sino sobre todo en las
grandes sobrevaluaciones de las obras construidas, cuyo dinero alcanzó también
para pagar, por lo menos, las dos últimas campañas electorales (2012, 2016).
La marcha verde como movimiento social ha servido para despertar la
conciencia semi- dormida, pero latente, de muchas personas e instituciones que
por años no encontraban un canal idóneo para expresar su indignación, pero
también su deseo de involucrarse en un proyecto ético-político orientado hacia
la construcción de un proyecto-país inclusivo, en donde se prioricen las
políticas públicas que respondan a las necesidades y demandas de los sectores
sociales tradicionalmente excluidos, empobrecidos, convertidos en clientes
dependientes, y manejados ideológicamente por las corporaciones
económico-partidarias y económico-religiosas.
El movimiento verde ha servido para ayudar a entender que el
sistema de justicia, funciona como una dependencia del poder ejecutivo y del
poder legislativo, que a su vez responden a los intereses de las corporaciones
económico-partidarias, siendo el llamado comité político del PLD, una de esas
corporaciones que más se han enriquecido, a costa del erario público, en las
últimas dos décadas. Se ha comprendido, además, cómo en la arquitectura de la
Constitución del 2010 se organizó todo para que los jueces de las Altas Cortes,
así como el Ministerio Público, dependieran de los funcionarios del poder
ejecutivo y el legislativo, quienes los ponen y los quitan, de acuerdo a si
responden o no a sus intereses particulares, partidarios y corporativos.
¿Cuáles son los principales desafíos del movimiento? Esos tendrán que
ser definidos de forma dialógica y democrática en las asambleas verdes que se
han estado realizando en el país desde el último cuatrimestre del año pasado.
No obstante nos parece oportuno señalar algunos:
- La
Marcha Verde tiene que seguir consolidándose como un movimiento social y
político, en el pleno sentido de la Palabra. Debe impulsar, apoyar,
generar nuevos liderazgos sociales y partidarios, pero no se puede
convertir en un partido político, porque perdería su esencia y su
inspiración originaria.
- En
el caso de los casos de corrupción ligados a la multinacional Odebrecht
tiene que seguir exigiendo que realmente sean procesados y condenados
todos los involucrados en los sobornos y no solo quienes han sido
presentados por la Procuraduría de la República. Además es necesario
seguir exigiendo que se ventile el tema de las sobrevaluaciones de las
obras, así como el dinero pagado para las campañas electorales.
- No
se deben dejar el olvido otros grandes casos de corrupción impunes que
están pendientes en el país, independientemente de que en algunos de ellos
sus protagonistas hayan sido procesados y descargados judicialmente: entre
éstos tenemos todo lo relacionado con la construcción de las contaminantes
plantas de Punta Catalina, el Caso de Félix Bautista y compartes, el caso
de Diandino Peña y su corporación, los casos de la OISOE y la
sobrevaluación de las escuelas y los hospitales, la venta fraudulenta de
los terrenos del CEA y los Tres Brazos, los desfalcos en los gobiernos
municipales como el de San Francisco de Macorís y San Cristóbal, entre
otros…
En definitiva el
movimiento de la Marcha Verde es una antorcha de luz y un manantial
de esperanza que está orientando el camino hacia la construcción de un nuevo
país. Por eso marcharemos el próximo domingo 28. Con la firme esperanza de que
el movimiento siga convocando y uniendo voces, indignaciones, sueños y
proyectos. Acogiendo la urgente invitación que nos ha hecho H. Rodríguez:
“Defendamos con pasión y valentía la visión del país que queremos. Convirtamos
al nuestro en un país digno, en donde nadie se sienta degradado. Hagamos
posible que esto suceda. Estemos dispuestos a “llamarse a uno mismo”
y a llamar a otros y a otras, para de-construirlo y volver a construirlo desde
hoy mismo, con los brazos y el corazón de todos y de todas. ¡Ojala que acudamos
al llamado!”