Franklin Pimentel Torres - 14 de octubre
de 2017 -
El pasado domingo 8 de octubre se celebró en la ciudad de Santa Clara,
Cuba, una hermosa ceremonia para recordar el 50 aniversario de la muerte de
Ernesto –Che- Guevara, luchador por la liberación del pueblo cubano, y de otros
pueblos oprimidos de América Latina y África. En la ceremonia participaron más
de 60,000 personas que se concentraron en la plaza que lleva su nombre, para
rendirle homenaje a él y sus compañeros de lucha, en el aniversario 50 de su
caída en combate y el 20 aniversario de que sus restos fueran traídos desde
Bolivia (1997).
La ceremonia fue un acto muy sentido que contó con la participación del
presidente Raúl Castro y de otras autoridades del gobierno y sobre todo con
representaciones entusiastas de grupos estudiantiles, juveniles y de
organizaciones comunitarias, culturales y populares. Quienes pudimos dar
seguimiento a la ceremonia por Telesur, vimos cómo se desarrolló un acto en el
que los diferentes exponentes expusieron su visión y convicciones sobre
la calidad humana, ética y política, del llamado “guerrillero heroico”.
Ernesto
Guevara de la Serna (1928–1967), conocido como
el “Che Guevara”, fue un médico, político, militar, escritor y periodista argentino–cubano, y uno de
los ideólogos y
comandantes de la Revolución
Cubana. Después de la victoria de la Revolución, el 1 de enero de
1959, Guevara participó en la organización del Estado cubano durante los años
1959-1965. Desempeñó varios altos cargos de su administración y de su Gobierno,
sobre todo en el área económica;
fue presidente del Banco Nacional; director del Departamento de
Industrialización del Instituto
Nacional de Reforma Agraria (INRA) y Ministro de Industria. En
el área diplomática, actuó como responsable de varias misiones internacionales.
Convencido
de la necesidad de extender la lucha armada contra gobiernos dictatoriales en
países oprimidos y eternamente dependientes y colonizados, el Che Guevara
impulsó la instalación de focos guerrilleros
en varios países de América
Latina y África. De hecho entre 1965 y 1967, él mismo combatió en
el Congo y
en Bolivia. En
este último país fue capturado y ejecutado de manera clandestina por el ejército
boliviano en colaboración con la Agencia Central de
Inteligencia de Estados Unidos (CIA),
el 9 de octubre
de 1967.
Nos podríamos preguntar, ¿qué queda del pensamiento y de la práctica
revolucionaria del Che Guevara? En este sentido el intelectual y politólogo
argentino Atilio Borón ha señalado con precisión: “Cabe preguntarse, en
tiempos dominados por el eclecticismo posmoderno y la desilusión con la
política y la democracia burguesas, ¿qué es lo que queda del mensaje del Che
para las actuales generaciones? Muchas cosas, por supuesto. Por algo
sigue siendo fuente de inspiración para las y los luchadores sociales de todo
el mundo. Queda su inquebrantable coherencia, la inescindible unidad entre
teoría, pensamiento y práctica que rigió toda su vida; su absoluta convicción
de que este mundo es inviable y que sólo una revolución a escala planetaria
podrá salvarlo de la tendencia que lo lleva a su autodestrucción. Esto es
suficiente para comprobar la excepcional actualidad del Che y la vigencia de
sus enseñanzas, de sus escritos, sus discursos, su ejemplo”. [1]
En tiempos de corrupción pública y privada generalizada y de secuestro
impune del poder político por grupos económicos y partidarios corruptos y
corruptores, en nuestros países latinoamericanos y caribeños, es necesario
volver la mirada hacia quienes han pasado por el poder, y han sido verdaderos
servidores y han mantenido la honestidad a toda costa. Por eso, la figura del
Che Guevara, como la de J. Bosch, se levanta como una luz de dignidad y
honestidad en el manejo transparente del poder y de los bienes públicos. De
hecho el Che Guevara dejó a su tierra, a su familia, y se envolvió en el
proceso de liberación del pueblo cubano, así como de los pueblos congoleño y
boliviano, sin otra pretensión que luchar para que sus habitantes tuvieran una
vida feliz, con políticas públicas que privilegien lo colectivo sobre lo
particular y la atención y el cuidado sobre los más débiles, empobrecidos y
oprimidos.
Las actuales generaciones que nos toca sobrevivir en medio de
democracias simplemente formales, pero realmente neo-dictaduras
económico-partidarias, tenemos el desafío de seguir asumiendo el compromiso
ético y político con la construcción de sociedades más humanas, incluyentes y
solidarias.
La Marcha Verde y todos los grupos e instituciones que luchan por mejor
calidad de vida para los pueblos de América Latina, el Caribe y el mundo,
tienen en el Che Guevara un eterno referente y una estrella eternamente
luminosa que con su luz puede iluminar las mentes, el corazón y las prácticas
transformadoras y revolucionarias de quienes se deciden a vivir y a mantener la
lucha con dignidad y por lo tanto se resisten a vivir eternamente colonizados y
oprimidos.
[1] A. Borón, El Che, medio siglo después.
5/10/2017. Disponible en:
https://www.telesurtv.net/bloggers/El-Che-medio-siglo-despues-20171005-0002.html
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