La construcción de
una sociedad democrática en nuestro territorio isleño sigue siendo una tarea
pendiente. De hecho, en algunos períodos hemos avanzado; en otros hemos vuelto
para atrás. Estamos en un momento de franco retroceso.
Antes de las
pasadas elecciones escribí un artículo (Neo-dictadura y democracia
ético-política,
http://acento.com.do/2016/opinion/8346494-neo-dictadura-democracia-etico-politica/7-5-2016)
en que planteaba la tendencia que existe en el país a que el poder partidario y
económico, tanto en el nivel local, municipal, regional o nacional esté cada
vez más centralizado en personas concretas, como representantes de una
corporación económico-partidaria dominante, en la que se ejerce un tipo de
liderazgo con la mentalidad de que las instituciones y los bienes públicos son
una propiedad del partido en el poder, del grupo dominante y de las y los
incumbentes de una determinada función pública.
Las pasadas
elecciones, con el uso abusivo de recursos del Pueblo Dominicano, administrado
por el gobierno danilista, al servicio del proyecto reeleccionista, son un
ejemplo del peligro que significa para la débil democracia dominicana, el
fortalecimiento descontrolado de estos grupos de poder económico-partidario,
que se articulan con otros poderes fácticos como el empresarial, el militar y
el religioso para imponer sus reglas de juego y para mantener una simple
“democracia” formal, que no es real.
Andrés L. Mateo (El
espacio dictatorial, http://acento.com.do/2016/opinion/8359375-el-espacio-dictatorial/
23-6-2016) se ha referido al estilo autoritario de gobierno de la corporación
dominante formada por los dos grupos económico-partidarios enfrentados al
interior del PLD. Ha afirmado que “una nueva casta” ha asaltado el poder político
(¿Se mueven las castas dentro del PLD?
http://acento.com.do/2016/opinion/8357664-se-mueven-las-castas-dentro-del-pld/,16-6-2016).
Es evidente que las intuiciones y propuestas de A. Mateo no están muy lejos de
la realidad que se vive.
Desde los inicios
de la constitución de la República Dominicana, en el primer espacio de
gobierno, llamado Junta Central Gubernativa (1844), estuvieron enfrentados el
grupo de los Trinitarios que proponía la construcción de una sociedad
democrática y el otro grupo al servicio de los intereses de los hateros, que
era defensor de un tipo de gobierno monárquico, centralizado, y puesto al
servicio de los intereses de los grupos de la gran burguesía terrateniente. En
poco tiempo se impuso el grupo liderado por P. Santana . J.P. Duarte fue
exiliado y la gente ligada al movimiento trinitario fue perseguida; llegando al
extremo de que María Trinidad Sánchez y su sobrino Francisco del Rosario fueron
vilmente asesinados.
El período
histórico 1844-1863 fue dominado por el sector conservador, ligado a la
burguesía hatera (P. Santana) y comercial (B. Báez), hasta que este grupo
decidió la anexión a España con el liderazgo de Pedro Santana. Esto provocó la
revolución popular llamada guerra de la Restauración. Esta guerra de guerrilla
terminó con la derrota del ejército español, el retiro de las autoridades
española y la re-constitución del gobierno nacional.
Algunos de los
gobiernos del grupo de los restauradores, provenientes del partido azul, se
distinguieron por sus prácticas democráticas como el de G. Luperón (1879-1880),
el A. Meriño (1880-1882), el de Ulises Francisco Espaillat (1876); pero otros,
como el de Ulises Heureaux (1882-1884; 1887,1889-1899), terminaron en la
implantación de gobiernos que rompieron con el Estado democrático de derechos e
impusieron el poder unipersonal, representante de las élites comerciales.
A finales del siglo
XIX y principios del siglo XX tenemos gobiernos que responden a la tendencia
centralizadora. Incluyendo el gobierno invasor norteamericano que impuso su
poder entre 1916-1924. El gobierno dejado a la partida de los invasores,
liderado por Horacio Vázquez (1924-1930) abrió el camino para el gobierno
usurpador de R.L. Trujillo, militar que había surgido de las filas del ejército
creado durante los años de la invasión norteamericana.
El gobierno de
Trujillo fue en el siglo XX el modelo de gobierno centralizado, monárquico. No
obstante hubo sectores que hicieron fuerte resistencia a dicho gobierno. Entre
ellos podemos señalar a los diferentes grupos que organizaron expediciones
armadas desde Cuba, como las de Cayo Confites (1947) y las del 14 y 20 de Junio
(1959). Debe destacarse también el surgimiento del movimiento 14 de junio que
tuvo vigencia hasta la revolución de abril del 1965. Otro grupo significativo fue
el que se articuló en torno al proyecto político del Partido Revolucionario
Dominicano, surgido en Cuba en torno al año 1937, el cual tiene entre sus
líderes más significativos al profesor Juan Bosch.
Podemos señalar que
el modelo de gobierno más democrático, durante el siglo XX, fue el que se
instauró en 1963, liderado por Juan Bosch y que contó con una de las
constituciones más democráticas e inclusivas de la historia de la República.
Sabemos que dicho gobierno duró solo 7 meses. No obstante, una vez depuesto, se
generó la inquietud en un importante sector de la población sobre la necesidad
de recomponer la constitucionalidad perdida por el golpe de estado de
septiembre de 1963 y reponer a Bosch en la presidencia. Eso provocó la
revolución de abril de 1965 (abril-septiembre, 1965), una de la expresiones más
democráticas y comprometidas de la historia patria.
Lo que ha sucedido
en los últimos 50 años es historia reciente. De esos, 22 años estuvieron
marcados por la presencia de J. Balaguer con su gobierno centralizado; 12 de
ellos liderados por el Partido Revolucionario Dominicano, que ha sufrido un
proceso de regresión y desnaturalización interna (1978-1982;2000-2004) y el PLD
(1996-2000; 2004-2016) que se ha convertido en el partido que heredó del
reformismo a los sectores sociales más conservadores y anti-democráticos y que
lidera un gobierno con características autocráticas, de acumulación de riquezas
en pocas manos y de corrupción impune.
Más que lamentarnos
de la falta de éxito de la histórica resistencia popular ante el poder
centralizado, es interesante sacar las lecciones históricas que de alguna
manera pueden orientarnos para definir estrategias e iniciativas para hacer
frente, desde las comunidades, las organizaciones comunitarias, los sectores
organizados de los sectores progresistas, la prensa crítica, para ir definiendo
una propuesta democrática de sociedad, fundamentada en otros criterios y
valores, que vayan más allá de los intereses personales, familiares,
comunitarios, partidarios, y corporativos.
En definitiva, la construcción de una
sociedad democrática en nuestro territorio isleño sigue siendo una tarea
pendiente. De hecho, en algunos períodos hemos avanzado; en otros hemos vuelto
para atrás. Estamos en un momento de franco retroceso. No obstante, eso nos
desafía a seguir luchando por la construcción de una sociedad más justa e
igualitaria, porque como ha dicho recientemente la ONG internacional OXFAM,
sobre la base de la desigualdad social no se puede construir una sociedad
realmente democrática.
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