sábado, 25 de junio de 2016

La histórica resistencia contra el poder monárquico y dictatorial

Por Franklin Pimentel Torres. 25 de junio de 2016 
La construcción de una sociedad democrática en nuestro territorio isleño sigue siendo una tarea pendiente. De hecho, en algunos períodos hemos avanzado; en otros hemos vuelto para atrás. Estamos en un momento de franco retroceso.
Antes de las pasadas elecciones escribí un artículo (Neo-dictadura y democracia ético-política, http://acento.com.do/2016/opinion/8346494-neo-dictadura-democracia-etico-politica/7-5-2016) en que planteaba la tendencia que existe en el país a que el poder partidario y económico, tanto en el nivel local, municipal, regional o nacional esté cada vez más centralizado en personas concretas, como representantes de una corporación económico-partidaria dominante, en la que se ejerce un tipo de liderazgo con la mentalidad de que las instituciones y los bienes públicos son una propiedad del partido en el poder, del grupo dominante y de las y los incumbentes de una determinada función pública.

Las pasadas elecciones, con el uso abusivo de recursos del Pueblo Dominicano, administrado por el gobierno danilista, al servicio del proyecto reeleccionista, son un ejemplo del peligro que significa para la débil democracia dominicana, el fortalecimiento descontrolado de estos grupos de poder económico-partidario, que se articulan con otros poderes fácticos como el empresarial, el militar y el religioso para imponer sus reglas de juego y para mantener una simple “democracia” formal, que no es real.

Andrés L. Mateo (El espacio dictatorial, http://acento.com.do/2016/opinion/8359375-el-espacio-dictatorial/ 23-6-2016) se ha referido al estilo autoritario de gobierno de la corporación dominante formada por los dos grupos económico-partidarios enfrentados al interior del PLD. Ha afirmado que “una nueva casta” ha asaltado el poder político (¿Se mueven las castas dentro del PLD? http://acento.com.do/2016/opinion/8357664-se-mueven-las-castas-dentro-del-pld/,16-6-2016). Es evidente que las intuiciones y propuestas de A. Mateo no están muy lejos de la realidad que se vive.

Desde los inicios de la constitución de la República Dominicana, en el primer espacio de gobierno, llamado Junta Central Gubernativa (1844), estuvieron enfrentados el grupo de los Trinitarios que proponía la construcción de una sociedad democrática y el otro grupo al servicio de los intereses de los hateros, que era defensor de un tipo de gobierno monárquico, centralizado, y puesto al servicio de los intereses de los grupos de la gran burguesía terrateniente. En poco tiempo se impuso el grupo liderado por P. Santana . J.P. Duarte fue exiliado y la gente ligada al movimiento trinitario fue perseguida; llegando al extremo de que María Trinidad Sánchez y su sobrino Francisco del Rosario fueron vilmente asesinados.

El período histórico 1844-1863 fue dominado por el sector conservador, ligado a la burguesía hatera (P. Santana) y comercial (B. Báez), hasta que este grupo decidió la anexión a España con el liderazgo de Pedro Santana. Esto provocó la revolución popular llamada guerra de la Restauración. Esta guerra de guerrilla terminó con la derrota del ejército español, el retiro de las autoridades española y la re-constitución del gobierno nacional.

Algunos de los gobiernos del grupo de los restauradores, provenientes del partido azul, se distinguieron por sus prácticas democráticas como el de G. Luperón (1879-1880), el A. Meriño (1880-1882), el de Ulises Francisco Espaillat (1876); pero otros, como el de Ulises Heureaux (1882-1884; 1887,1889-1899), terminaron en la implantación de gobiernos que rompieron con el Estado democrático de derechos e impusieron el poder unipersonal, representante de las élites comerciales.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX tenemos gobiernos que responden a la tendencia centralizadora. Incluyendo el gobierno invasor norteamericano que impuso su poder entre 1916-1924. El gobierno dejado a la partida de los invasores, liderado por Horacio Vázquez (1924-1930) abrió el camino para el gobierno usurpador de R.L. Trujillo, militar que había surgido de las filas del ejército creado durante los años de la invasión norteamericana.

El gobierno de Trujillo fue en el siglo XX el modelo de gobierno centralizado, monárquico. No obstante hubo sectores que hicieron fuerte resistencia a dicho gobierno. Entre ellos podemos señalar a los diferentes grupos que organizaron expediciones armadas desde Cuba, como las de Cayo Confites (1947) y las del 14 y 20 de Junio (1959). Debe destacarse también el surgimiento del movimiento 14 de junio que tuvo vigencia hasta la revolución de abril del 1965. Otro grupo significativo fue el que se articuló en torno al proyecto político del Partido Revolucionario Dominicano, surgido en Cuba en torno al año 1937, el cual tiene entre sus líderes más significativos al profesor Juan Bosch.

Podemos señalar que el modelo de gobierno más democrático, durante el siglo XX, fue el que se instauró en 1963, liderado por Juan Bosch y que contó con una de las constituciones más democráticas e inclusivas de la historia de la República. Sabemos que dicho gobierno duró solo 7 meses. No obstante, una vez depuesto, se generó la inquietud en un importante sector de la población sobre la necesidad de recomponer la constitucionalidad perdida por el golpe de estado de septiembre de 1963 y reponer a Bosch en la presidencia. Eso provocó la revolución de abril de 1965 (abril-septiembre, 1965), una de la expresiones más democráticas y comprometidas de la historia patria.

Lo que ha sucedido en los últimos 50 años es historia reciente. De esos, 22 años estuvieron marcados por la presencia de J. Balaguer con su gobierno centralizado; 12 de ellos liderados por el Partido Revolucionario Dominicano, que ha sufrido un proceso de regresión y desnaturalización interna (1978-1982;2000-2004) y el PLD (1996-2000; 2004-2016) que se ha convertido en el partido que heredó del reformismo a los sectores sociales más conservadores y anti-democráticos y que lidera un gobierno con características autocráticas, de acumulación de riquezas en pocas manos y de corrupción impune.

Más que lamentarnos de la falta de éxito de la histórica resistencia popular ante el poder centralizado, es interesante sacar las lecciones históricas que de alguna manera pueden orientarnos para definir estrategias e iniciativas para hacer frente, desde las comunidades, las organizaciones comunitarias, los sectores organizados de los sectores progresistas, la prensa crítica, para ir definiendo una propuesta democrática de sociedad, fundamentada en otros criterios y valores, que vayan más allá de los intereses personales, familiares, comunitarios, partidarios, y corporativos.


En definitiva, la construcción de una sociedad democrática en nuestro territorio isleño sigue siendo una tarea pendiente. De hecho, en algunos períodos hemos avanzado; en otros hemos vuelto para atrás. Estamos en un momento de franco retroceso. No obstante, eso nos desafía a seguir luchando por la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, porque como ha dicho recientemente la ONG internacional OXFAM, sobre la base de la desigualdad social no se puede construir una sociedad realmente democrática.

sábado, 18 de junio de 2016

¿Quién desagraviará a las víctimas del poder?

Por Franklin Pimentel Torres. 18 de junio de 2016 2
¿Quién desagraviará a los sectores más empobrecidos del país por la falta del dinero para invertir en salud, educación y vivienda, por la falta de pago de impuestos de las empresas de Félix Bautista y de una buena parte del gran empresariado nacional?
En esta semana  se ha estado desarrollando  en Santo Domingo una asamblea general de la Organización de Estados Americanos (OEA), en donde ha sido aprobada una enmienda de “desagravio”, por el papel jugado por el organismo continental en legitimar la tercera invasión norteamericana del siglo XX a nuestro territorio isleño (Haití, 1915, R. Dominicana: 1916, 1965).

Esta declaración de la OEA, que ha sido presentada por el oficialismo como una gran hazaña, se ha quedado corta, ya que la misma no incluyó el desagravio de los principales responsables de la invasión, el gobierno de los Estados Unidos de América, representados en la asamblea de la OEA por J. Kerry, Secretario de Estado.

Según uno de los diccionarios de nuestra lengua materna, consultado por el autor de estas líneas, “agravio” es un perjuicio que se hace a alguien en sus derechos e intereses”. Y “desagraviar” significa “borrar o reparar el agravio hecho, dando al ofendido satisfacción cumplida”. En ese sentido no nos debemos dar por satisfechos con lograr declaraciones propagandísticas y populistas como el de la OEA. Es necesario ir más allá, a la raíz de los hechos y no solo exigir reparaciones a los de fuera, sino también a los grupos de los poderes fácticos: económicos, partidarios, militares, religiosos, de nuestra tierra que desde el inicio de la constitución de la República (1844) han agredido y siguen agrediendo, con sus hechos cotidianos, a los grupos más empobrecidos y excluidos de la sociedad isleña y de la sociedad dominicana.

¿Quién pedirá perdón por el agravio hecho a J.P. Duarte por el largo exilio venezolano y a las y los trinitarios por las vejaciones sufridas, por el asesinato de la valerosa María Trinidad Sánchez y de su sobrino, Fco. Del Rosario Sánchez, acciones todas instrumentadas por P. Santana y su equipo, representantes de los intereses económicos de los hateros? ¿Quién pedirá perdón y desagraviará a G. Luperón y demás líderes y lideresas por desconocer los frutos y la propuesta de la gesta popular liberadora llamada impropiamente “restauración” y al pueblo que luchó en un combate desigual con el ejército del poderoso imperio español, durante los años de 1863-1865? ¿Quién pedirá perdón por el grupo económico-partidario liderado por Ulises Heureaux que frustró el sueño del partido azul, que propugnaba por un proyecto democrático , en una nación solidaria? ¿Quién pedirá perdón al pueblo dominicano por las víctimas de las largas y sangrientas tiranías de Trujillo y de J. Balaguer?

¿Cuándo los poderes fácticos desagraviarán al pueblo dominicano por haber frustrado el proyecto de la Revolución Democrática de 1963, con su luminosa Constitución y su gobierno liderado por una persona del talante ético y político de J. Bosch? ¿Cuándo los responsables locales -económicos,partidarios, empresariales, religiosos, militares- pedirán perdón por haber frustrado el propósito de la revolución constitucionalista de 1965? ¿Cuando el liderazgo del PRD y el PLD, concebidos originalmente como instrumentos de liberación del pueblo dominicano, pedirán perdón por haber convertido estas iniciativas impulsadas por Juan Bosch y un grupo de hombres y mujeres comprometidos, en maquinarias de acumulación originaria, de robo, corrupción e impunidad, al servicio de los intereses de minorías indolentes, escandalosamente enriquecidas?

¿Quién desagraviará a las y los que votaron por un/a candidato/a específico/a en las pasadas elecciones y a los que el oficialismo, con todos sus mecanismos fraudulentos, impuso otros u otras? ¿Quién desagraviará a las enfermos que no tendrán atención médica de calidad ni medicinas porque el dinero de los hospitales se malgastó en publicidad, combustible o en compra de conciencias en la pasada campaña electoral y en el día de las elecciones?  ¿Quién desagraviará a las comunidades de Cotuí y de Bonao por los inmensos daños ambientales realizados por Falcondo y la Barrick Gold?
¿Quién desagraviará a los sectores más empobrecidos del país por la falta del dinero para invertir en salud, educación y vivienda, por la falta de pago de impuestos de las empresas de Félix Bautista y de una buena parte del gran empresariado nacional? ¿Quiénes de los que decidieron pagar el doble del valor de las plantas contaminadoras del ambiente de Punta Catalina desagraviará a la mayor parte de la población dominicana por el deficiente servicio eléctrico? ¿Quién desagraviará a Ana M. Belique y a todas las dominicanas y dominicanos de origen haitiano por el permanente crimen del genocidio civil, al haber sido despojados y despojadas de su nacionalidad?

No basta con recordar efemérides históricas como la expedición liberadora del 14 y 20 de junio de 1959, o el proyecto del gobierno de la revolución democrática del 1963, que incluye la gesta constitucionalista del 1965, desconociendo su origen, sus causas y el inmenso sacrificio de las vidas envueltas en esas luchas, inspiradas por indignaciones, opciones y decisiones de transformación social. Es necesario ir más allá.

Las nuevas generaciones, cuyas conciencias están tan manejadas por la publicidad comercial, por la competencia y por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación  al servicio de los oligopolios, necesitan conocer, analizar y entender aquellos acontecimientos como los relacionados con el movimiento 14 de junio y el proyecto de la revolución democrática (1963-1965) que presentaron una propuesta de vida feliz y de bienestar compartido. En este sentido es necesario dar a conocer el aporte que están haciendo instituciones como el Museo de la Resistencia y el Archivo General de la Nación, entre otras iniciativas orientadas a mantener vivas la memoria histórica de las personas y de los hechos que han hecho aportes significativos a los procesos de transformación de la sociedad dominicana.


En estos tiempos de “amnesia histórica impuesta”, como señaló E. Galeano, es necesario mantener la memoria los ideales y las prácticas históricas transformadoras de las personas y de los colectivos que asumieron el compromiso con la creación de una sociedad justa, inclusiva y participativa. Y que esa memoria y esas prácticas inspiren nuestras luchas presentes por lograr una vida digna para todos y todas y en particular para las y los más excluidos. Es la mejor manera de desagraviar a los sectores sociales tradicionalmente pisoteados, heridos y condenados a vivir en el empobrecimiento, la exclusión y la invisibilidad históricas.

sábado, 11 de junio de 2016

Por el derecho a la esperanza

Por Franklin Pimentel Torres. 11 de junio de 2016
¿Cómo avanzar significativamente hacia la construcción de un proyecto que retome la intuición de los trinitarios, de los restauradores y del gobierno de la revolución democrática que se estableció en 1963?
El pasado jueves 2 de junio se presentó en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, el libro, “Por el Derecho a la Esperanza. Escritos urgentes sobre política”, escrito por Matías Bosch. Se trata de una recopilación de artículos, escritos por el autor, que están relacionados con la vida política, las esperanzas y los procesos de transformación social de los pueblos latinoamericanos y caribeños, y en particular del dominicano, venezolano y chileno, en el contexto del proyecto neoliberal imperante en la isla, el Caribe, Latinoamérica y el mundo.

Matías Bosch es un intelectual, hijo de madre chilena y padre cubano. Además es nieto del Profesor Juan Bosch. Es un militante social indignado y comprometido que ha asumido las causas de las y los oprimidos dominicanos como suyas. Desde su papel como coordinador de la Fundación Juan Bosch intenta difundir y mantener el legado ético y político de su abuelo y su compromiso con los sectores sociales más empobrecidos y excluidos, a los que el profesor Bosch llamó “Hijos de Machepa”, tradicionalmente saqueados y pisoteados por las élites económicas y partidarias a las que se refirió como “Totunpotes”.

En la presentación del libro estuvieron presentes el sociólogo Carlos de Peña, quien fue candidato a senador por el Distrito Nacional por Alianza Por la Democracia (APD), y el incansable militante de diferentes luchas ideológicas y políticas, Narciso Isa Conde. Ambos se refirieron a la pertinencia y a la actualidad de los temas tratados en el libro de M. Bosch.
El autor muestra en su escrito estar preocupado por la memoria histórica y política del pueblo dominicano. Por eso al primer bloque lo titula, “Antídoto para la memoria” y el último hace referencia a “otras crónicas sobre el olvido”.

La tesis fundamental del libro es que no se trata de escoger entre proyectos económicos y partidarios como los del PLD, el PRM, el PRD y el PRSC o el de los llamados partidos emergentes, que en definitiva representan el mismo proyecto, al servicio del gran empresariado y de la oligarquía económica, partidaria y militar del país. El desafío es para M. Bosch que las y los “hijos de Machepa”, tal como señaló Juan Bosch, desde una conciencia de clase, se articulen en un proyecto socio-económico y político que les permita hacer contrapeso al proyecto de la oligarquía y les permita aportar a la transformación socio-política de esta sociedad nuestra, para hacerla más equitativa, democrática, solidaria y justa, en donde se luche por un bienestar compartido.

El autor manifiesta su esperanza en las capacidades y posibilidades del pueblo dominicano para asumir su propio destino y su proceso de transformación social. Y eso lo hace haciendo un llamado a la memoria histórica. Por eso señala: “¿Cómo este pueblo, al que a menudo se le endosa la culpa de ser ‘clientelista”, apenas concluida la tiranía (1961) fue capaz de elegir un gobierno revolucionario (1963) sin pedir nada a cambio? ¿Cómo fue posible la gesta heroica cívico-militar de 1965? ¿Qué ha faltado para que el pueblo –los hijos e hijas de Machepa- alcancen el verdadero poder para construir una sociedad democrática, libre, justa y digna para todos y todas? ¿Cómo superar un orden social impuesto con golpes de Estado, invasiones, dictaduras, fraudes electorales?”.

Propone la articulación de fuerzas sociales compuestas por grupos de obreros, obreras, por sindicatos, organizaciones campesinas, grupos de mujeres, microempresarios, grupos de educadores/as, educadoras, de comunicadores y comunicadoras con un liderazgo identificado con los intereses de los sectores socialmente excluidos y oprimidos, que tienen vocación de asumir el poder político. Pues, tal como señala M. Bosch: “Lo único que garantiza pactos y acuerdos que no sean ‘negociados’, es precisamente lo que queda cada vez más invisibilizado en todo este debate: la construcción de una nueva correlación de fuerzas en la República Dominicana, expresado estoy social y políticamente (…). Los acuerdos deben consistir en la materialización de un poder real.”

¿Cómo avanzar significativamente hacia la construcción de un proyecto que retome la intuición de los trinitarios, de los restauradores y del gobierno de la revolución democrática que se estableció en 1963?

M. Bosch hace referencia a la lección del movimiento político PODEMOS, de España. Al interior de un sistema de partido hecho al servicio de los sectores oligárquicos, representados por el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), surge una nueva fuerza que propone otra lógica social, económica y política, que desde dentro del sistema produce grietas y va asumiendo cuotas de poder, al servicio de un proyecto social, económico y político más inclusivo, pensado desde los sectores y clases subordinadas de la sociedad española.

M. Bosch invita a retomar la invitación a “matar el miedo”, que hiciera J. Bosch a su regreso al país, desde el exilio (octubre, 1961), provocado por la tiranía trujillista. Y disiente de quienes sostienen que en las pasadas elecciones las dos corporaciones económico-partidarias principales del país –PLD y aliados y PRM y aliados- “obtuvieron” más del 95% de los votos por culpa de la falta de unidad de los llamados partidos emergentes, como Alianza País y Alianza por la Democracia que obtuvieron entre los dos menos del 3% de los votos, no formaron un bloque de contrapeso; pues tampoco estas opciones, formadas fundamentalmente por sectores de clase media, están en condiciones de sustentar una propuesta que represente los intereses populares y hasta ahora no han mostrado la capacidad para colaborar en la articulación de un polo alternativo al poder apabullante de la corporación dominante.


En definitiva, el derecho a la esperanza revolucionaria, inspiradora de una necesaria transformación social no es un sueño inalcanzable; se construye cotidianamente con las luchas de ideas, con la formación de la conciencia histórica, crítica y con acciones políticas bien definidas, orientadas a la articulación de un frente o bloque popular. Este debe estar sustentado por un movimiento social y político, constituido con el protagonismo de las y los hijos de Machepa, que sirva de real contrapeso al proyecto del actual poder económico y partidario y que esté al servicio de un proyecto país, con bienestar compartido.