Pago
de deudas sociales y derecho a emigrar
Por
Franklin Pimentel-Torres. 6/11/2015
Del
4 al 6 de noviembre se ha estado desarrollando en la Universidad de
La Salle, en San José, Costa Rica, un seminario sobre ética,
espiritualidad y religión, con la participación de académicas,
académicos, sociólogos, teólogos, psicólogos, trabajadoras y
trabajadores sociales de diferentes países de América Latina y el
Caribe. También ha habido representantes de República Dominicana y
de Haití.
La
temática principal del seminario ha girado en torno a cuáles
valores y principios éticos, cuál espiritualidad y cuál práctica
social deben asumir quienes profesan las diferentes religiones, para
a aportar al mejoramiento de las condiciones de vida de la población
en general de nuestros países y en particular de los sectores
sociales más excluidos y empobrecidos.
El
seminario no se ha quedado en disquisiciones entre académicos. Ha
considerado realidades desafiantes e indignantes y luchas concretas
de nuestros pueblos por lograr mejores condiciones de vida. Por eso
dos de las temáticas trabajadas en el seminario han estado
relacionadas con el tema del endeudamiento externo e interno de
nuestros países y el fenómeno de la migración, tanto al interior
de nuestros países como hacia afuera.
Franz
Hinkelammert, economista, teólogo e investigador alemán radicado
en Costa Rica, escritor prolijo y persona comprometida con las
luchas sociales de América Latina y el Caribe, planteó que es
ilegítimo exigir a nuestros países pagar las enormes deudas
externas, cuando para pagar el país tiene que disminuir la
inversión en políticas sociales relacionadas con la satisfacción
básicas de la población: alimentación, salud, educación,
nutrición y vivienda, de las comunidades, familias y personas.
El
profesor Carlos Sandoval García, de la Universidad de Costa Rica,
defendió el derecho a migrar de las personas hacia otras regiones o
hacia otros países, cuando como fruto de la pobreza, la exclusión
social y el endeudamiento del país, las familias tienen que salir de
su territorio y de su cultura buscando mejores condiciones de vida. Y
planteó la necesidad de derribar los muros físicos e ideológicos
que se han construido o que se pretenden construir entre los países
para impedir la migración.
Así
como ha ido aumentando la deuda externa e interna en nuestros países,
en la misma medida se incrementa la migración con todo lo que esto
supone como desarticulación social, familiar y comunitaria. Por eso
emigran las y los haitianos para República Dominicana, los
dominicanos y dominicanas para Estados Unidos, Europa y otras
latitudes. Los nicaragüenses hacia Costa Rica. los puertorriqueños
y los centroamericanos, sobre todo Honduras, El Salvador y Guatemala,
hacia Estados Unidos. Los Sirios y los países del Este Europeo hacia
Europa.
Franz
Hinkelammert recordó cómo en la tradición bíblica se plantea el
tema del perdón de deudas cuando para pagar hay que dejar de comer o
satisfacer las necesidades básicas de las personas. Por esto se
refirió a la oración que Jesús enseñó a sus discípulos y
discípulas: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores”… (Mt 6,11-12). Y recordó, además, otro texto
bíblico en donde un rey quiso ajustar cuentas con algunos de sus
trabajadores que le debían una cifra considerable de dinero. Y
señala el texto: “A este, como no pudo pagar, ordenó su señor
venderlo, junto con su mujer e hijos y todo lo que tenía, para que
se le pagara la deuda” (Mt, 18,25-27). Sin embargo el servidor
pidió clemencia y misericordia y le fue condonada la deuda.
No
podemos concluir este artículo sin intentar aplicar lo reflexionado
en el seminario a la situación de nuestro país. De hecho el aumento
de la deuda externa e interna del país y la continua migración
-tanto la emigración como la inmigración- se convierte en un
desafío a enfrentar, con responsabilidad y decisión por el sector
gubernamental y por las organizaciones de la sociedad comprometidas
con los grupos de migrantes y de sus descendientes, con los cuales la
sociedad dominicana tiene una enorme deuda social.
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