Es Rafael Fernández Domínguez quien hace contacto y compromete a Francis
Caamaño Deñó y a otros líderes militares para que lideren el movimiento armado
en pos de reponer al gobierno democrático y a la constitución del 1963.
En los primeros
meses del año 2015 la prensa de los poderosos ha dejado de tratar, por lo
general, noticias de interés para la mayoría del pueblo dominicano y se ha
hecho eco de todo lo relacionado con los intereses de los grupos partidarios
que se disputan el poder. Los temas que importan al pueblo dominicano han sido
sustituidos por la lucha entre el grupo de Danilo por retener el poder y el
Leonel por recuperarlo, el tema de la reelección, la noticia del supuesto
dinero que Leonel le debe a Quirino, y el juicio-teatro teniendo como
principales actores a Félix Bautista, Moscoso Segarra y Domínguez Brito.
Como en esta semana
estamos celebrando el 50 aniversario de la rebelión cívico-militar de Abril
(1965-2015) es tiempo oportuno para considerar el liderazgo que gestó y
acompañó al pueblo dominicano, en lo que se ha llamado el proyecto de la
Revolución Democrática (1962-1965).
Juan Bosch es el
principal líder de este proyecto de la Revolución Democrática. Este educador
popular fue un autodidacta; se fue preparando para ejercer un liderazgo
liberador desde que en los primeros años de su juventud, en el contexto de la
dictadura trujillista, comenzó a escribir y a interpretar la realidad de la
sociedad dominicana; en un determinado momento entendió que debía irse al
exilio a prepararse para articular un proyecto de nación alternativo al legado
por la dictadura trujillista. Es por eso que en el exilio cubano y
puertorriqueño fue articulando elementos que fundamentaron la base ideológica
del proyecto de la Revolución Democrática.
J. Bosch bebió de
las fuentes del pensamiento y la reflexión educativa y política de Eugenio
María de Hostos y se dedicó, en profundidad, a conocer los fundamentos del
análisis marxista de la sociedad capitalista. Eso le ayudó a entender que todo proyecto
alternativo debería realizarse con la alianza y la organización del pueblo
empobrecido y oprimido, con el protagonismo de los hijos e hijas de Machepa.
Por eso que escoge un camino diferente al de los expedicionarios del 1959
y se distancia de la perspectivas y estrategias del movimiento 14 de
junio.
Su capacidad de
conectar con los sectores populares le hizo cercano al pueblo, para el que
Bosch se había estado preparando por muchos años. Los “hijos e hijas de
Machepa” entendieron la propuesta innovadora y esperanzadora de la Revolución
Democrática. Éstos entendieron las características del proyecto de dominación
que mantenían los “totumpotes”; es decir, la oligarquía dominicana.
El golpe de Estado
de 1963 no desanimó a Bosch, sino que siguió trabajando y buscando caminos
nuevos. Para eso, para el proyecto de la liberación nacional fundó un nuevo
partido, el PLD, cuando entendió que su equipo de base, el PRD, se había
alejado del proyecto original.
Bosch, como gran
líder, murió de “asfixia moral”, tal como había dicho Pedro Henríquez Ureña,
refiriéndose al insigne pedagogo puertorriqueño y antillano Eugenio María de
Hostos. En una ocasión renunció también del PLD porque, según sus palabras, sus
integrantes “solo buscaban sus intereses”. Murió en el 2001 después de
comprobar, con profundo dolor, que sus “muchachos” habían hecho alianza, para
alcanzar el poder (1996-2001), con los sectores más opresores de la política
nacional. Además, con su práctica, se habían encargado de desmentir al maestro
cuando afirmó: “Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder
no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos”.
Otro liderazgo
fundamental del proceso de consolidación del proyecto de la Revolución
Democrática es el ejercido por el militar Rafael Fernández Domínguez,
considerado por los historiadores como el principal ideólogo y gestor del
movimiento constitucionalista que se desarrolló entre los años 1963-1965. No es
pura casualidad histórica que ese proceso ocurriera precisamente 100 años
después de que el pueblo y el liderazgo popular se organizaran para la
verdadera lucha por la Independencia –llamado tradicionalmente Restauración-
que fue el conflicto armado en contra del dominio español (1863-1865).
Rafael Fernández
Domínguez es un personaje que tiene que ser estudiado por las presentes y
futuras generaciones. Aun proviniendo de una familia ligada a la dictadura
trujillista, Fernández Domínguez hace una evolución ideológica y decide liderar
un movimiento cívico-militar para reponer el gobierno, la constitución y el
proyecto popular de 1963 que la oligarquía criolla –grupos empresariales,
militares y religiosos, en alianza con el gobierno norteamericano- intentaban
por todos los medios hacer fracasar.
Rafael Fernández
Domínguez es un joven militar que tiene muy claro su papel histórico, entrando
en contradicción con las cúpulas militares que lo deportan del país,
enviándolo como agregado militar fuera del país. Desde el exilio Fernández
Domínguez no deja de pensar y aportar a la articulación del movimiento
cívico-militar. Y pone en primer lugar la causa popular, posponiendo los
intereses personales y familiares. Por eso, en carta dirigida a su esposa
Arlette, en mayo del 1965, unos días antes de regresar del exilio le expresa la
profundidad de sus convicciones y aspiraciones: “En nombre de ese gran amor que
nos tenemos, tienes que luchar con todos los medios a tu alcance para hacer de
mis hijos hombres dignos y de vergüenza, honrados y valientes porque si yo no
puedo llegar a hacer por mi pueblo todo lo que pienso, entonces ellos tendrán
que hacerlo, son mi aporte a la patria que venero, la única herencia que les
dejo, a ti y a Ella; los cuatro varones, sean o no militares, tienen que luchar
y morir si es necesario para verla libre y nuestro pueblo feliz y lo que es
más, que den su vida, si es que tienen que hacerlo, llenos de felicidad; en
resumen, incúlcales mis ideales, y entonces, como dice aquél escrito que puse
en un cuadro en casa: NO HABRÉ VIVIDO EN VANO” (Fernández 1980, 107-108).
El coronel
Fernández regresó de Puerto Rico, el día y fue vilmente asesinado cuando
junto a entrenador de los hombres rana Illio Capocci y otros combatiente fue
vilmente asesinado por las fuerzas norteamericanas que invadieron y violaron,
por tercera vez, en el siglo XX, la tierra de Caonabo, de Enriquillo, de
Toussaint Loverture, de Duarte, de Luperón y de Jean Jacques Dessalines.
Es Rafael Fernández
Domínguez quien hace contacto y compromete a Francis Caamaño Deñó y a otros
líderes militares para que lideren el movimiento armado en pos de reponer al
gobierno democrático y a la constitución del 1963.
Francis Caamaño
Deñó fue un líder cuyas características son parecidas a las de Fernández
Domínguez. Proviene también de una familia ligada a la dictadura trujillista.
Pero es una persona que logra entender el desafío del momento y se convierte en
el líder estratégico de la revolución de Abril. Francis Caamaño realizó una
profunda evolución ideológica y política. Por eso Francis Caamaño ante la
invitación de Fernández Domínguez para involucrarse en el movimiento
constitucionalista le dijo resueltamente: “Rafaelito, cuenta conmigo. Donde tú
mueras, muero yo”. Sus palabras fueron proféticas, porque ambos murieron
asesinados por los enviados de los poderes fácticos: uno frente al palacio
nacional (19-5-1965) y el otro en Nizaíto, Valle Nuevo (16-2-1973).
La revolución
democrática está inconclusa; necesita liderazgos al estilo de Juan Bosch, de
Fernández Domínguez y de Francis Caamaño, aliados al proyecto de mejorar las
condiciones de vida de los hijos e hijas de Machepa, el proyecto de la
revolución democrática, y al mismo tiempo desenmascarar los liderazgos que se
convirtieron en aliados de los “totumpotes”, de la oligarquía. De quienes
abdicaron del proyecto primero, tanto del PRD, como del PLD e hicieron alianza
con la tradición autoritaria representada en las últimas décadas por la
continuidad Trujillo-Balaguer, que tiene en Vincho Castillo y su familia, unos
de los más insignes representantes.
El pueblo
dominicano necesita de esos nuevos liderazgos, que sean capaces de acompañarle
en el proceso de retomar el camino de la Revolución Democrática. Este es un
desafío indelegable para los sectores sociales más comprometidos con la causa
del bien común; aspiración regada con la sangre de nuestros mártires y grandes
referentes éticos, entre los que merecen memoria eterna, Juan Bosch, Rafael
Fernández Domínguez y Francis Caamaño Deñó.







