sábado, 25 de abril de 2015

La coherencia del liderazgo de la Revolución Democrática

Por Franklin Pimentel Torres. 25 de abril de 2015
Es Rafael Fernández Domínguez quien hace contacto y compromete a Francis Caamaño Deñó y a otros líderes militares para que lideren el movimiento armado en pos de reponer al gobierno democrático y a la constitución del 1963.
En los primeros meses del año 2015 la prensa de los poderosos ha dejado de tratar, por lo general, noticias de interés para la mayoría del pueblo dominicano y se ha hecho eco de todo lo relacionado con los intereses de los grupos partidarios que se disputan el poder. Los temas que importan al pueblo dominicano han sido sustituidos por la lucha entre el grupo de Danilo por retener el poder y el Leonel por recuperarlo, el tema de la reelección, la noticia del supuesto dinero que Leonel le debe a Quirino, y el juicio-teatro teniendo como principales actores a Félix Bautista, Moscoso Segarra y Domínguez Brito.




Como en esta semana estamos celebrando el 50 aniversario de la rebelión cívico-militar de Abril (1965-2015) es tiempo oportuno para considerar el liderazgo que gestó y acompañó al pueblo dominicano, en lo que se ha llamado el proyecto de la Revolución Democrática (1962-1965).

Juan Bosch es el principal líder de este proyecto de la Revolución Democrática. Este educador popular fue un autodidacta; se fue preparando para ejercer un liderazgo liberador desde que en los primeros años de su juventud, en el contexto de la dictadura trujillista, comenzó a escribir y a interpretar la realidad de la sociedad dominicana; en un determinado  momento entendió que debía irse al exilio a prepararse para articular un proyecto de nación alternativo al legado por la dictadura trujillista. Es por eso que en el exilio cubano y puertorriqueño fue articulando elementos que fundamentaron la base ideológica del proyecto de la Revolución Democrática.

J. Bosch bebió de las fuentes del pensamiento y la reflexión educativa y política de Eugenio María de Hostos y se dedicó, en profundidad, a conocer los fundamentos del análisis marxista de la sociedad capitalista. Eso le ayudó a entender que todo proyecto alternativo debería realizarse con la alianza y la organización del pueblo empobrecido y oprimido, con el protagonismo de los hijos e hijas de Machepa. Por eso que escoge un camino diferente al de los expedicionarios del 1959 y  se distancia de la perspectivas y estrategias del movimiento 14 de junio.

Su capacidad de conectar con los sectores populares le hizo cercano al pueblo, para el que Bosch se había estado preparando por muchos años. Los “hijos e hijas de Machepa” entendieron la propuesta innovadora y esperanzadora de la Revolución Democrática. Éstos entendieron las características del proyecto de dominación que mantenían los “totumpotes”; es decir, la oligarquía dominicana.

El golpe de Estado de 1963 no desanimó a Bosch, sino que siguió trabajando y buscando caminos nuevos. Para eso, para el proyecto de la liberación nacional fundó un nuevo partido, el PLD, cuando entendió que su equipo de base, el PRD, se había alejado del proyecto original.

Bosch, como gran líder, murió de “asfixia moral”, tal como había dicho Pedro Henríquez Ureña, refiriéndose al insigne pedagogo puertorriqueño y antillano Eugenio María de Hostos. En una ocasión renunció también del PLD porque, según sus palabras, sus integrantes “solo buscaban sus intereses”. Murió en el 2001 después de comprobar, con profundo dolor, que sus “muchachos” habían hecho alianza, para alcanzar el poder (1996-2001), con los sectores más opresores de la política nacional. Además, con su práctica, se habían encargado de desmentir al maestro cuando afirmó:   “Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta  que se haga rico con los fondos públicos”.

Otro liderazgo fundamental del proceso de consolidación del proyecto de la Revolución Democrática es el ejercido por el militar Rafael Fernández Domínguez, considerado por los historiadores como el principal ideólogo y gestor del movimiento constitucionalista que se desarrolló entre los años 1963-1965. No es pura casualidad histórica que ese proceso ocurriera precisamente 100 años después de que el pueblo y el liderazgo popular se organizaran para la verdadera lucha por la Independencia –llamado tradicionalmente Restauración- que fue el conflicto armado en contra del dominio español (1863-1865).

Rafael Fernández Domínguez es un personaje que tiene que ser estudiado por las presentes y futuras generaciones. Aun proviniendo de una familia ligada a la dictadura trujillista, Fernández Domínguez hace una evolución ideológica y decide liderar un movimiento cívico-militar para reponer el gobierno, la constitución y el proyecto popular de 1963 que la oligarquía criolla –grupos empresariales, militares y religiosos, en alianza con el gobierno norteamericano- intentaban por todos los medios hacer fracasar.

Rafael Fernández Domínguez es un joven militar que tiene muy claro su papel histórico, entrando en  contradicción con las cúpulas militares que lo deportan del país, enviándolo como agregado  militar fuera del país. Desde el exilio Fernández Domínguez no deja de pensar y aportar a la articulación del movimiento cívico-militar. Y pone en primer lugar la causa popular, posponiendo los intereses personales y familiares. Por eso, en carta dirigida a su esposa Arlette, en mayo del 1965, unos días antes de regresar del exilio le expresa la profundidad de sus convicciones y aspiraciones: “En nombre de ese gran amor que nos tenemos, tienes que luchar con todos los medios a tu alcance para hacer de mis hijos hombres dignos y de vergüenza, honrados y valientes porque si yo no puedo llegar a hacer por mi pueblo todo lo que pienso, entonces ellos tendrán que hacerlo, son mi aporte a la patria que venero, la única herencia que les dejo, a ti y a Ella; los cuatro varones, sean o no militares, tienen que luchar y morir si es necesario para verla libre y nuestro pueblo feliz y lo que es más, que den su vida, si es que tienen que hacerlo, llenos de felicidad; en resumen, incúlcales mis ideales, y entonces, como dice aquél escrito que puse en un cuadro en casa: NO HABRÉ VIVIDO EN VANO” (Fernández 1980, 107-108).

El coronel Fernández regresó de Puerto Rico, el día y  fue vilmente asesinado cuando junto a entrenador de los hombres rana Illio Capocci y otros combatiente fue vilmente asesinado por las fuerzas norteamericanas que invadieron y violaron, por tercera vez, en el siglo XX, la tierra de Caonabo, de Enriquillo, de Toussaint Loverture, de Duarte, de Luperón y de Jean Jacques Dessalines.

Es Rafael Fernández Domínguez quien hace contacto y compromete a Francis Caamaño Deñó y a otros líderes militares para que lideren el movimiento armado en pos de reponer al gobierno democrático  y a la constitución del 1963.

Francis Caamaño Deñó fue un líder cuyas características son parecidas a las de Fernández Domínguez. Proviene también de una familia ligada a la dictadura trujillista. Pero es una persona que logra entender el desafío del momento y se convierte en el líder estratégico de la revolución de Abril. Francis Caamaño realizó una profunda evolución ideológica y política. Por eso Francis Caamaño ante la invitación de Fernández Domínguez para involucrarse en el movimiento constitucionalista le dijo resueltamente: “Rafaelito, cuenta conmigo. Donde tú mueras, muero yo”. Sus palabras fueron proféticas, porque ambos murieron asesinados por los enviados de los poderes fácticos: uno frente al palacio nacional (19-5-1965) y el otro en Nizaíto, Valle Nuevo (16-2-1973).

La revolución democrática está inconclusa; necesita liderazgos al estilo de Juan Bosch, de Fernández Domínguez y de Francis Caamaño, aliados al proyecto de mejorar las condiciones de vida de los hijos e hijas de Machepa, el proyecto de la revolución democrática, y al mismo tiempo desenmascarar los liderazgos que se convirtieron en aliados de los “totumpotes”, de la oligarquía. De quienes abdicaron del proyecto primero, tanto del PRD, como del PLD e hicieron alianza con la tradición autoritaria representada en las últimas décadas por la continuidad Trujillo-Balaguer, que tiene en Vincho Castillo y su familia, unos de los más insignes representantes.


El pueblo dominicano necesita de esos nuevos liderazgos, que sean capaces de acompañarle en el proceso de retomar el camino de la Revolución Democrática. Este es un desafío indelegable para los sectores sociales más comprometidos con la causa del bien común; aspiración regada con la sangre de nuestros mártires y grandes referentes éticos, entre los que merecen memoria eterna, Juan Bosch, Rafael Fernández Domínguez y Francis Caamaño Deñó.

jueves, 23 de abril de 2015

Oposición, Complicidad o Negociación Económica

Por Eugenio Sano Breton
La sociedad dominicana y muchas otras sociedades del mundo están viviendo una nueva cultura. La cultura de la corrupción y el enriquecimiento ilícito. Cada día salen en la prensa diferentes casos de denuncia y apresamiento de funcionarios públicos y también privado por desviar fondos a sus cuentas personales o de terceros, regularmente testaferro.




Los hechos y casos lo tenemos por doquier y lo lamentable es que ya nadie se inmuta ante las denuncias y sometimientos. Pero más lamentable es el hecho de que en este país, entre más grande es el alijo menos justicia se hace. Por ello vemos en  las cárceles personas detenidas y sentenciadas por robarse algo de poco valor económico como una gallina, sin embargo no hay ningún preso por la sustracción de millones de pesos públicos.

Al parecer las funciones públicas están destinadas a enriquecer a los incumbente. Pues los cambios en sus vidas y sus posesiones, luego de asumir el puesto, son muy notables, pero nada pasa.

La parte mas triste de esta nueva cultura es la impunidad, el dejar hacer y el dejar pasar, como lo planteo el francés Pierre Samuel du Pont de Nemours (1739-1817), refiriéndose a que “las funciones se asumen o deben asumirse  con una postura practica, a partir de la cual hay que ser tolerante y no preocuparse demasiado por el curso de las cosas”.

Por ello hemos visto como los tribunales se empeñan en buscar subterfugio para no aplicar las leyes correspondientes en los casos demostrados de desfalco de grandes sumas millonarias de fondos público. Como muestra mas resiente tenemos el caso Feliz Bautista y comparte, entre otros.

Otro ámbito donde se cuajan un sin numero de situaciones delictiva son los ayuntamientos. La autonomía que le dan las leyes es usada, en muchos casos, para desviar los fondos públicos y no atender las situaciones, problemas y servicios municipales.

La sala capitular, Consejo de Regidores o Pleno Municipal, tiene como misión y función principal trazar las normativas para garantizar la armonía y convivencia municipal y la fiscalización de las ejecutorias de la sindicatura o alcaldía.

No obstante en la práctica, no siempre es esto lo que impera. La representación de la sociedad, sus reclamos y sus necesidades no son enarbolados ni gestionados por la mayoría de estos ediles. Por ellos es notable la existencia de tantos problemas municipales y la ausencia de acciones municipales para superarlas. Mientras vemos como cambian las vidas y aumentan los bienes de estos.

En muchos ayuntamientos, los regidores del partido en el poder y los de los partidos de oposición no tienen diferencia en sus posiciones y planteamientos. La fuerza del dinero los cautiva y le impide responder de acuerdo a su juramento y a la función que fueron a desempeñar. Más que oposición, más que cómplices son verdaderos negociantes económicos de resoluciones. Esto los lleva a cerrar los ojos para no ver las atrocidades que se cometen con los fondos públicos y mas bien participan de la repartidera del botín.

De ahí las abultadas nominas clientelistas, la situación de inoperancia de los ayuntamientos, y otras irregularidades detectadas en las auditorias realizadas por la Cámara de Cuenta. Entre las mismas están : obras presupuestadas y pagadas en mas de una ocasión y sin iniciar, nomina abultad, mientras falta  personal para las labores y servicios. Así como abandono de las atenciones y asistencia a personas con situaciones especiales de salud, veje y precariedad y enriquecimiento ilícito. Todo esto refleja y demuestra el incumplimiento de las funciones de la sindicatura, del consejo de regidores y sus miembros.

Al parecer el puesto de regidor es muy rentable, de ahí la cantidad de personas, que sin conocer las ley municipal ni la función de esta posición, aspiran a llegar. Ya sabemos que es lo que muchos de estos quieren

Es hora de que se piense en la  necesidad de tener en los cargos públicos a verdaderas autoridades y funcionarios. Personas capaces y con alto nivel de ética y pulcritud. Dispuestos y dispuestas a cumplir la ley a favor de los ciudadanos y la sociedad.


Pero para esto hace falta que los ciudadanos y ciudadanas dejen de ser cómplices de la inoperancia, malas acciones y actos de corrupción de autoridades y funcionarios públicos. Se  requiere que los ciudadanos y ciudadanas reconozcan sus derechos y cuales son las funciones públicas. También hace falta que participen en las actividades y luchas que se desarrollan en contra de la corrupción y la impunidad, a nivel local y nacional, como forma de proteger el patrimonio publico.

sábado, 18 de abril de 2015

Revolución inconclusa y re-generación ético-política

Por Franklin Pimentel Torres. 18 de abril de 2015 -
La actual crisis social, económica, partidaria, cultural y ética de nuestra sociedad  está afectando la calidad de vida de los sectores sociales más empobrecidos y excluidos; con el secuestro y perversión de la justicia, así como la búsqueda de poder y dinero, sin importar si viene del narcotráfico, o del robo de los fondos públicos; o el choque frontal entre los dos grupos económicos-partidarios de la corporación en el poder, liderados por Leonel y por Danilo. Todo esto nos habla de que es urgente una regeneración ético-política de esta sociedad nuestra.



Esta crisis se da en el contexto de la celebración de los 50 años  de la revolución constitucionalista de abril de 1965. Por otro lado, no se puede comprender históricamente la revolución democrática y popular del 1965 sin entender los motivos, las causas que generaron este movimiento popular -llamado constitucionalista- que logró articular un bloque de resistencia ante quienes habían usurpado el poder y ante quienes pretendían mantenerse en él a costa del asesinato de sus principales líderes, el despojo y la apropiación privada de los bienes públicos.

Lo que históricamente podríamos considerar como un fracaso en la ejecución de los proyectos políticos de los dos grandes partidos fundados por Juan Bosch, el PRD y el PLD, se convierte en un desafío para las presentes y futuras generaciones. Y es que el gobierno y la constitución del 1963 se han convertido en un paradigma, en el referente de una revolución inconclusa, tal como señalara el investigador Eliades Acosta (2013) en una excelente obra de investigación realizada por encargo de la Fundación Juan Bosch

La Constitución de 1963, proclamada el 29 de abril de ese año, sigue siendo un referente histórico importante. Fue elaborada por la Asamblea Revisora, constituida por una cámara de diputados con inserción popular y compromiso social. Las y los integrantes de esa cámara fueron elegidos el día 20 de diciembre del 1962, en las mismas elecciones en las que salió electo el profesor Juan Bosch, culminando así una larga etapa de lucha contra la dictadura y los gobiernos monárquicos de Trujillo y sus presidentes títeres.

Según la opinión de varios juristas e historiadores críticos, la Constitución dominicana de 1963 constituye el texto más democrático e inclusivo de la historia nacional y su contenido está indisolublemente ligado al aporte de Juan Bosch y de los hombres y mujeres que, con ansias de libertad y hartos de tiranía, se articularon en torno al primer ejercicio verdaderamente democrático que hubo en el país, desde la génesis de la República en la primera parte del siglo XIX.

No deja de ser interesante que la Constitución del 1963 propone, en su primer artículo, que la finalidad básica de los poderes públicos es “proteger la dignidad humana y promover y garantizar su respeto; “Propender a la eliminación de los obstáculos de orden económico y social que limiten la igualdad y la libertad de los dominicanos y dominicanas (…), y  el desarrollo armónico de la sociedad dentro de los principios normativos de la ética social” (Art. 1).

La Constitución del 1963, aunque no deja de reconocer la importancia de la iniciativa económica privada, señala que “La misma no podrá ser ejercida en perjuicio de la seguridad, la libertad o la dignidad humana” (Art. 3). Se defiende, por tanto, el carácter público de los bienes; por eso se afirma: “Como norma general, la propiedad debe servir al progreso y bienestar del conglomerado” (art. 4). Por eso se legisla a favor de la prohibición de los monopolios a favor de particulares (art. 30).

Un elemento que es necesario destacar es la claridad en identificar la perversidad del robo o apropiación de los bienes públicos: “Se declaran delitos contra el pueblo los actos realizados por quienes, para su provecho personal, sustraigan los fondos públicos o, prevaliéndose de sus posiciones dentro de los organismos del Estado, sus dependencias o entidades autónomas, obtengan ventajas económicas ilícitas” (Art. 5).  Más clara y explícita no podría ser.

La Carta Magna del 1963 tiene una alta valoración del trabajo humano; y hace un énfasis especial en el trabajo de las familias campesinas dominicanas. Por eso se afirma que cada familia debe ser provista de tierra (art. 28). Para éstas se propone buscar un mercado seguro y ventajoso (art. 31). Se promueve, además, la economía solidaria y se propone incluso  convertir las empresas del Estado en una economía cooperativista entre las y los obreros (art. 29).

Es oportuno recordar que la Constitución de 1963 prohíbe explícitamente la reelección presidencial. Prohíbe incluso que el presidente de un período se convierta en vice-presidente en un siguiente período (Art. 123), evitando así buscar subterfugios para que quien esté en el poder busque mecanismos y estrategias para no ceder el poder delegado por el pueblo.


En definitiva mientras los sectores del poder económico-partidario están luchando para ver cuál de los grupos económicos de la corporación en el poder mantiene su hegemonía sobre el otro y sobre el manejo de los fondos públicos, el espíritu de la Constitución del 1963 sigue invitando a realizar un gobierno honesto, con autoridad ética y capacidad para castigar la corrupción y así  promover una Vida Digna para toda la población.  Esa es la manera más adecuada de asumir el espíritu de la revolución inconclusa que propuso el gobierno y la constitución del 1963 y cuya defensa provocó la indignada rebelión popular y constitucionalista de 1965.

jueves, 9 de abril de 2015

Justicia pervertida: libera al delincuente y condena al inocente

Justicia pervertida: libera al delincuente y condena al inocente
http://acento.com.do/2015/opinion/8236870-justicia-pervertida-libera-al-delincuente-y-condena-al-inocente/

Por Franklin Pimentel Torres. 4 de abril de 2015 -

En el texto bíblico del evangelio según Marcos se dice que en el acto de prendimiento de Jesús estaba presente, “Un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley, y los jefes judíos” (Mc 14,43). En el “juicio” amañado que se le hizo al profeta de Nazaret hubo una componenda del poder económico, religioso y político de su tiempo para condenarlo a muerte; aun cuando quienes le acusaban estaban conscientes de que era un inocente y que lo del juicio era un puro teatro, del cual se conocía de antemano el resultado de la sentencia.
Los cargos que se le imputaban a Jesús estaban relacionados con el miedo de los poderes fácticos de perder cuotas de poder ante la popularidad, la palabra profética indignada, y las acciones solidarias y de inclusión social delos sectores más excluidos. Fue acusado de decir que quería ser rey de los judíos, lo cual significaba un acto de rebeldía y subversión contra el emperador romano. Se le acusaba, además, de decir ser “hijo de Dios”, lo cual era equivalente a decir que quería ser rey, puesto que desde la antigüedad en la zona del Oriente Medio se consideraba que el rey era hijo de la divinidad principal. En el caso de Egipto, por ejemplo, el faraón tenía carácter divino. De hecho hubo un faraón, hacia la mitad del siglo 13 a.e.c. que se llamada Ramsés, que literalmente quiere decir en el egipcio antiguo, “hijo de Ra”, el dios sol.
A Jesús lo llevaron, en primer lugar ante el Sumo Sacerdote, jefe del Sanedrín, equivalente a lo que hoy sería la suprema corte de justicia. El texto señala explícitamente: “Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban” (Mc 14,55). La acusación ante el Sumo Sacerdote es que Jesús decía ser “Hijo de Dios”.
Esa corporación gobernante utiliza la estrategia de impedir ni siquiera que los expedientes en contra de sus miembros sean conocidos o que vayan a juicio de fondo. Y es que la magnitud del robo de los recursos públicos no resiste ningún juicio ponderado
Después de comparecer ante el Sumo Sacerdote, presidente del Sanedrín, fue llevado ante Pilato, el gobernador romano, ante quien se le acusó de decir que quería ser rey de los judíos. Pilato, sin embargo, no encontró motivos suficiente para condenar a Jesús. Por eso les propuso liberar a Jesús, siguiendo la tradición de que durante los días de la celebración principal judía, la fiesta de la Pascua, que recordaba la salida de un grupo de los antepasados de la esclavitud de Egipto, se solía soltar un preso. El texto señala que los sumos sacerdotes incitaron a la gente para que pidiera la libertad de Barrabás, un reconocido delincuente y que al mismo tiempo exigiera la muerte de Jesús (Mc 15,11).
Lo acontecido con Jesús y el juicio cómplice con los sectores de poder económico, partidario y religioso lo podemos comparar con lo sucedido en el país a raíz de la sentencia emitida por el juez Alejandro Moscoso Segarra, por la que intenta liberar a su colega Félix Bautista y compartes de los cargos de corrupción que se les imputan y lo que es más importante aún, de devolver al pueblo dominicano el dinero robado y malgastado. Lo mismo ha sucedido recientemente con Félix Rodríguez, el alcalde de San Francisco de Macorís. Pero antes sucedió con Víctor Díaz Rúa y con Leonel Fernández.
La corporación gobernante no está en disposición de hacer justicia al pueblo que ha dejado de percibir mejores servicios en educación, salud, alimentación, seguridad social… con el dinero que se tragado la corrupción impune. De hecho dicha corporación solo suelta migajas en los planes sociales como Progresando con Solidaridad, en tiempo de campañay en los proyectos que supuestamente buscan disminuir la miseria, pero a base de crear relaciones clientelares y de dependencia.
Esa corporación gobernante utiliza la estrategia de impedir ni siquiera que los expedientes en contra de sus miembros sean conocidos o que vayan a juicio de fondo. Y es que la magnitud del robo de los recursos públicos no resiste ningún juicio ponderado. Por eso sus representantes en la justicia –quienes son pagados con dinero público y que supuestamente debieran defender a la población- son muy buenos actores del teatro. Así se entiende que el procurador general de la República y la fiscal del Distrito archivaran el expediente contra Leonel Fernández en el caso Funglode y prepararan un expediente supuestamente contra Félix Bautista, con la certeza de que ninguno de los dos serán sancionados por unas altas cortes dependientes del poder económico-partidario de la corporación gobernante.
Aunque en el juicio contra Jesús se liberó al delincuente y se condenó a muerte al inocente sus discípulos y discípulas articularon un movimiento que asumió la palabra y la práctica del maestro y formaron comunidades fraternas, sororales, solidarias, donde se compartía todo lo que se tenía y se repartían los bienes, a partir de las necesidades de cada persona (Hch 2,44-45).Por eso fueron perseguidos por el imperio romano y muchos de ellos y ellas fueron asesinados, igual que su maestro. Esa comunidad no aceptaba las reglas de juego del imperio romano, en donde unos pocos se apropiaban de los bienes y el pueblo era continuamente despojado.
La decisión tomada de liberar al delincuente, al pervertido,al ladrón y lo que es peor, poner la justicia al servicio de esos intereses, se convierte en un gran desafío para los sectores sociales conscientes de la sociedad dominicana. Es necesario cambiar las reglas de juego en una sociedad que va irremediablemente hacia la auto-destrucción. No es tiempo de lamentarse, ni desanimarse; es tiempo de abonar la esperanza, de fortalecer la conciencia popular; es tiempo para que los actores comprometidos con la vida digna del pueblo dominicano unifiquen criterios, voluntades y prácticas políticas, para luchar sin descanso contra la corrupción impune y para construir un proyecto-país justo, equitativo, inclusivo y como condición, impedir que la corporación gobernante y sus cómplices sigan condenando a muerte al inocente y liberando al delincuente.