Por
Franklin Pimentel Torres. 31 de enero 2015
El día de Duarte cayó este año este
año en día lunes. Para algunos la fecha pasó desapercibida. Para otras personas
significó simplemente una ocasión más para descansar, para tomar tragos y
escuchar música altos decibles o para alargar el fin de semana. En el ámbito
oficial y en el mundo de los partidos se hicieron actividades protocolares, aunque algunas de estas personas que realizaron
estas acciones tienen una práctica social, económica y político-partidaria, muy
divorciada de los principios y valores que guiaron el pensamiento y la práctica
ético-política de Juan Pablo Duarte, de Juan Bosch, de Francis Caamaño y demás
referentes éticos.
En las últimas dos semanas algunos
de los escritores más críticos como José L. Taveras (¿Duarte? Acento, 13-1-15)
se han preguntado por la vigencia del legado duartiano en la sociedad dominicana: “Duarte
solo es necesario para darle un asueto más al festivo mes de enero… No sé si
para los que dicen ser dominicanos el nombre de J. P. Duarte todavía les
provoque alguna inspiración patriótica… dudo que quede memoria digna del
patricio”. Carmen Imbert B. (Duarte
despreciado. Hoy, 26-1-15), por su parte, ha puesto en tela de juicio la
permanencia del legado de Duarte en la conciencia nacional: “¿Quién sigue
matando su memoria? La respuesta estremece cuando se recuerda que su única
pasión fue ‘la patria libre, en paz; su única ilusión, el bien y la justicia
para todos”.
Edwin Paraison, (Soy duartiano.
Acento, 29-1-15), ha señalado cómo Duarte que, en algún momento fue perseguido
por las autoridades haitianas por sus ideas separatistas en tiempos del
presidente Charles Herard (1843-1844), valoró al pueblo haitiano y su capacidad
de lucha contra el imperio francés, hasta lograr la independencia y la creación
de un proyecto país: la primera república en constituirse en el territorio libre
de las potencias europeas en la región de lo que es hoy América Latina y el
Caribe.
El psiquiatra José M. Gómez
(Duarte: sin patología para la política. Hoy, 26-1-15), desde una perspectiva
de análisis psicológico, admira la integridad y la sanidad de la personalidad
de J. P. Duarte, lo que lo diferenció de
sus opositores políticos: “J. P. Duarte tenía la sanidad familiar y la sanidad
en la personalidad que no tenía Pedro Santana… No tenía la personalidad
psicopática de Buenaventura Báez, ni su narcisismo, ni su megalomanía, ni
perversidad moral ni social para repartir y robarle al Estado… Duarte no podía
asesinar, robar y sembrar el terror a lo Lilís o Trujillo para llegar o
mantenerse en el poder”. Y concluye diciendo el profesional de la psiquiatría:
“J. P. Duarte es el político más sano y sin patología que trascendió y sigue
siendo la referencia moral y política del pueblo dominicano”.
Pablo Mella (“Los Espejos de
Duarte”, 2013), nos presenta los diferentes rostros de Duarte que se han
presentado, respondiendo, por lo general, a los intereses de las élites
económico-partidarias aliadas con las élites de las colonias europeas (España y
Francia, principalmente) y de los amos del Norte (USA).
En el tiempo actual, de tanta
ausencia de referentes éticos, es necesario rescatar la figura, los valores y
la práctica política de J. P. Duarte. Es necesario des-empolvar su figura y
rescatarla de quienes la utilizan, la manipulan para servir a sus intereses grupales e individuales. Es
hora de denunciar a quienes han hecho del Estado Dominicano un botín que se
reparte, desde 1844 hasta el presente, entre los allegados a la corporación
gobernante y sus aliados económico-partidarios.
Las educadoras y educadores de
todos los niveles, así como las y los líderes comunitarios, las iglesias, las y
los comunicadores sociales comprometidos tenemos, tenemos la tarea indelegable
de ayudar a recuperar la memoria y la vida de Juan Pablo Duarte, vista desde la
perspectiva del pueblo en lucha por conseguir mejores y dignas condiciones de
vida.
Para no asfixiarnos por el aire
enrarecido de la podredumbre ética y política del liderazgo
económico-partidario de la actual realidad dominicana, es necesario oxigenar el
espíritu, acudir a la memoria de Duarte y de otros líderes afines a él, para
permitir el renacimiento de la esperanza y la decisión de construir un
proyecto- país, económico y político, que nos permita visualizar un futuro
promisorio, más allá del hastío causado por el clientelismo y el populismo
barato.
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