miércoles, 25 de febrero de 2015

Observaciones y apuntes sobre los resultados de una encuesta

Observaciones y apuntes sobre los resultados de una encuesta
Por Franklin Pimentel Torres. 21 de febrero de 2015 - 12:08 am - 9 Comentarios
http://acento.com.do/2015/opinion/8224077-observaciones-y-apuntes-sobre-los-resultados-de-una-encuesta/

En las últimas semanas han salido a la luz pública varias encuestas relacionadas con la realidad social y económica y sobre las preferencias electorales para las candidaturas de las elecciones del próximo año. En este artículo se harán algunos comentarios y análisis a partir de los resultados de la encuesta Gallup-Hoy, considerada como uno de los instrumentos de análisis  social, económico y político con mayores niveles de credibilidad entre la población dominicana en general.
Hacemos el acercamiento desde una perspectiva de análisis del desarrollo de la conciencia ético-política reflejada en los resultados de la última encuesta Gallup-Hoy, publicada por el diario Hoy entre los días 9 al 14 del presente mes de febrero.
Un primer elemento a destacar es que la mayor parte de la población vuelve a preferir, de cara a las elecciones del próximo año, a algunas de la misma gente y de los mismos equipos económico-partidarios que han gobernado las últimas décadas y  que son los primeros responsables del empobrecimiento, de la corrupción, de la degradación ética, económica y política que vivimos en República Dominicana. Ese segmento de la población se hizo muy dependiente de caudillos y de partidos-empresas, que han creado una amplia red de clientelismo, de compra conciencia, y de voluntades, mediante el reparto de migajas económicas (a través de planes como Progresando con Solidaridad) o de alimentos por parte de la presidencia, o de canastas navideñas para la clase media, o de habichuela con dulce en Semana Santa, por parte del Congreso Nacional, como ocurrió el año pasado.
Los candidatos con más preferencia son los del PLD con Leonel Fernández (39.0 y 39.8 en dos escenarios respectivamente) y Danilo Medina (69 y 70.5%). Llama la atención la baja en la popularidad de Leonel. Es significativo, además, el auge y la supuesta popularidad de Danilo, sobre todo porque cuando se le pregunta a la gente por temas tan fundamentales como el desenvolvimiento de la economía, del empleo, de la seguridad ciudadana, la gente contesta que ha empeorado sus condiciones de vida, durante el período de la actual gestión gubernamental. Esto sin dejar de reconocer que la excepción la constituyen algunos programas relacionados con la educación: la Jornada extendida, el Plan Nacional de Alfabetización y el proyecto de las Estancias Infantiles dirigidas a atender los niños y las niñas en la primera infancia: 0 a 3 años.
Un elemento significativo es la ausencia del liderazgo del partido reformista y el declive de los líderes tradicionales de los dos grupos provenientes de lo que fue el tradicional Partido Revolucionario Dominicano. En cuatro escenarios posibles Miguel Vargas, líder del actual PRD minoritario tiene un rango de preferencia que va desde el 1.9 al 6.3 % e Hipólito Mejía de un 10.7% a un 17.8% según dos diferentes escenarios. Otro elemento importante es que las mayores tazas de rechazo la tienen la tienen dos expresidentes: Hipólito Mejía (41.2%) y Leonel Fernández (30.8), y Miguel Vargas (11.4%).
Llama la atención, además, que hay un sector minoritario de la población que está apostando hacia nuevos liderazgos. Ese sector prefiere a Luis Abinader en el nuevo proyecto político-partidario del PRM. De hecho Luis estaría teniendo un 13.4 ó un 23% según que el candidato del PLD sea Leonel Fernández o Danilo.  No obstante, el elemento más significativo ha sido el posicionamiento de Guillermo Moreno, de Alianza País, quien saca un 8.9% si compitiera contra Danilo y un 23.8% si compitiera contra Leonel.
Al PLD como partido gobernante se le presenta un gran dilema: apoyar a Leonel, buscar la manera de cambiar la Constitución para postular la reelección de Danilo u optar por una tercera opción. Las dos primeras opciones serían nocivas para el desarrollo democrático del país. La primera porque sería postular a un líder desgastado, relacionado por la opinión pública como cómplice con hechos de corrupción; entre ellos los significativos casos de Félix Bautista y Víctor Díaz Rúa; a los que se pueden añadir los casos de los supuestos financiamientos de actividades partidarias y personales provenientes de  narcotraficantes Quirino, Arturo del Tiempo y Figueroa Agosto. La segunda, porque significaría utilizar el cambio de la Constitución para beneficiar intereses partidarios. El ideal sería que el PLD asumiera el reto de postular a una tercera persona.
El gran desafío del momento para los sectores sociales comprometidos con los intereses de las mayorías es fortalecer una opción política que sea capaz de ofrecer una alternativa diferente con capacidad de generar esperanza y re-encantamiento en la población. Eso pasa por la construcción de un liderazgo ético, con visión de un proyecto-país diferente y  por una articulación de fuerzas alternativas, que sepan entender el momento en que vivimos; que vean más allá de las elecciones, como la oportunidad de ir avanzando en la construcción de un poder verdaderamente popular, democrático y participativo.
Ese proyecto-país alternativo se debe construir desde las familias, las comunidades, los municipios, y desde las organizaciones, colectivos y espacios educativos. En esta tarea quienes trabajamos en el área educativa, quienes participan en los proyectos partidarios emergentes, en las organizaciones populares y comunitarias, así como en la prensa consciente, tenemos una tarea indelegable en la construcción de este proyecto de Vida Digna para toda la población y en particular para los sectores sociales más empobrecidos y excluidos.


sábado, 14 de febrero de 2015

La seguridad ciudadana como derecho

La seguridad ciudadana como derecho
Por Pablo Mella. 14 de febrero de 2015 -
http://acento.com.do/2015/opinion/editorial/8221966-la-seguridad-ciudadana-como-derecho/
Solo un abordaje de este tipo permitirá construir un plan coherente de la participación de la ciudadanía en temas de seguridad, sobre todo de los sectores urbanos, donde vive cerca del 75% de la población dominicana.
El tema que más inquieta a los dominicanos y dominicanas desde hace tiempo es el de la seguridad ciudadana. Sin embargo, la manera de comprenderla y de abordarla reproduce el autoritarismo que permea todas las relaciones sociales  en nuestra sociedad. Casi nadie analiza la seguridad ciudadana en relación con la vida democrática, el trato justo y la institucionalidad.
Una idea de inseguridad ciudadana asociada a la ausencia de medidas represivas no hace más que aumentar el problema. Como en otras partes de América Latina, el enfoque militarista o policiaco hace confundir seguridad ciudadana con la doctrina de la “seguridad nacional”. Existe evidencia empírica de que un giro militarista de la seguridad tiene como efecto la sofisticación del crimen organizado.
¿Cómo entender la seguridad bajo un enfoque de derecho? En primer lugar, asumiendo que la seguridad ciudadana es una responsabilidad estatal, no privada. Esto implica que la participación de la ciudadanía debe de estar muy bien delimitada. En este esquema no caben las soluciones privadas armadas, como lo son la proliferación de compañías de seguridad o el porte personal de armas de fuego.
En segundo lugar, el enfoque de derecho establece un vínculo esencial entre seguridad e institucionalidad. Así, la reforma policial consistiría en su profesionalización, su desmilitarización y su reorientación hacia labores preventivas. No se justifica que fuerzas policiales completen su salario haciendo de guardianes privados armados. Igualmente, se procuraría crear órganos especializados de investigación científica que evalúen regularmente los nuevos focos de inseguridad, no solo delincuencial. La inseguridad, como toda realidad social contemporánea, cambia de rostro constantemente.  Podría pensarse, por ejemplo, en una “Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana” periódica coordinada por un organismo especial del Ministerio del Interior.
La institucionalidad toca también al rol que le corresponde jugar al Ministerio Público en materia de seguridad. A él deberían de estar adscritos los órganos especiales de investigación de delitos, como son los encargados del narcotráfico. Las instituciones dominicanas de este tipo, como la DNCD o la DICAN, acusan también pronunciados rasgos militaristas. Igualmente, forma parte de un plan de seguridad el acceso a la justicia y la confiabilidad en la misma. La corrupción pública no puede quedar impune, pues desacredita a los tribunales expandiendo una sensación de desprotección en la ciudadanía.
Por último, como ha señalado el sociólogo francés Loïc Wacquant, el “estado de la inseguridad” promovido por las políticas sociales neoliberales tiene como contraparte una “criminalización de la pobreza y de los migrantes”. Parecería en el mundo contemporáneo que los pobres y los migrantes son la causa de la inseguridad, cuando en realidad muchas de las situaciones de incertidumbre se deben a los procesos de desigualdad producidos por la concentración de la renta a escala global.
La institucionalidad de la seguridad consiste también en reforzar el papel de los ayuntamientos, siguiendo lo establecido por la ley 176-07. El tratamiento adecuado de los espacios públicos y el alumbrado de las calles se encuentran entre las medidas que más aumentan la seguridad. Solo basta iluminar el Parque Independencia, dejarlo sin vallas y asignarle cuatro policías municipales, para aumentar enormemente la seguridad en el mismo centro de la ciudad; o hacer algo similar en el Parque de la Trinitaria, a la entrada de la Capital. En general, la creación de zonas de recreo públicas seguras aumenta sustancialmente la seguridad sobre el territorio. Es lo que probado el Parque Iberoamericano.

La seguridad ciudadana debe abordarse en términos más democráticos y bajo un enfoque de derechos.  Solo un abordaje de este tipo permitirá construir un plan coherente de la participación de la ciudadanía en temas de seguridad, sobre todo de los sectores urbanos, donde vive cerca del 75% de la población dominicana.

sábado, 7 de febrero de 2015

La formación profesional que requiere el docente actual


La formación profesional que requiere el docente actual
http://acento.com.do/2015/opinion/8220005-la-formacion-profesional-que-requiere-el-docente-actual/
Por Margarita Santana Peña. 7 de febrero de 2015 - 8:51 am - Deja tus comentarios
Margarita Santana Peña

Margarita Santana Peña

Se ha desempeñado por treinta y dos años como docente en los niveles primarios y secundarios. En la actualidad es docente, además, de Educación Superior e integrante de la Red de Educación Ética y Ciudadana. Es Doctora en Ciencias Pedagógicas y posee especialidad en Psicología Educativa.
El presente artículo, aborda  la formación que requiere el y la  docente para mejorar su  práctica pedagógica, como formador de personas con los principios éticos y la práctica ciudadana comprometida que requiere el país en la actualidad.
La lucha por el cumplimiento de la ley 66’97 que asigna el  cuatro por ciento (4% ) para la Educación y la continua vigilancia para que realmente se ejecute lo asignado,  ha  creado  expectativas  en la población de que este ejercicio ciudadano pueda traducirse  en la mejora de la educación pública. No obstante, la tarea va más allá de eso, porque se requiere sobre todo unir voluntades, sensibilidades y proyectos concretos para lograr maestros y maestras bien formados para el quehacer educativo.
Estos recursos económicos  destinados  a ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la educación, no deben quedarse solo en la construcción de aulas, desayuno escolar y contratación de docentes.  Es necesario priorizar la formación del  docente y la mejora de sus condiciones de vida y de trabajo para que pueda cumplir adecuadamente con la responsabilidad de educar los niños, niñas, jóvenes y adultos, con las competencias y habilidades necesarias   que  posibilitan impulsar una educación digna que aporte significativamente a la construcción del país al que aspiramos.
Para alcanzar lo anterior, se deben tener presentes algunos importantes aspectos, entre los cuales señalamos:
Primero: la asimilación  de los valores sociales, morales y éticos centrados en el amor a la a la familia, a la comunidad, al país y a la humanidad, asumidos y expresados en su comportamiento, en la esfera educativa y en la vida social en general.
Segundo: una orientación altruista que, armonizando los intereses comunitarios con los individuales, sepa centrar su vida y su práctica pedagógica de impulsar, promover y acompañar de los procesos de aprendizaje de los niños, niñas, jóvenes y adultos para forjar los profesionales que demanda la sociedad en las presentes y futuras generaciones.
Tercero: una motivación profesional autónoma, que armonizándose con la adaptación a las exigencias externas, se dirija a cumplir con sus deberes de docentes como algo que nace de sí mismos/as, de su individualidad, que surge de su amor a la profesión  y no como un simple medio para conseguir un salario.
Consideremos ahora algunas de las características principales de un/a educador/a comprometido con la educación digna de niños, niñas, adolescentes, jóvenes y personas adultas:
1) Conocer personalmente a las y los participantes y sus respectivos contextos; 2) Unir la teoría con la práctica pedagógica; 3) Dominar el contenido que han de aprender las y los estudiantes/participantes y planificar adecuadamente su desarrollo; 4) Un método pedagógico acorde con un enfoque participativo y liberador; 5) Uso responsable y oportuna de la tecnología para promover los aprendizajes.
Según González, D. (2010): “Un importante rasgo intelectual a desarrollar en el/la maestro/a es la unidad de la teoría con la práctica pedagógica”. El maestro ha de asimilar los conocimientos en función de la labor que desempeña en el aula y a su vez, ésta última debe estar apoyada en la experiencia y en los conocimientos que logra en su preparación profesional.  Sus conocimientos pedagógicos, psicológicos y culturales, debe   saberlos  aplicar y desarrollar en el contexto de la práctica pedagógica. Igualmente, la labor del docente en el aula no puede ser  improvisada, de manera que ignore la cultura pedagógica del país, de la región y  la humanidad y el conocimiento de la realidad del entorno social y del país, sino que se fundamente en ellos.
La formación intelectual del/de la docente debe combinar el buen conocimiento de aquello que va a trabajar con el dominio de los métodos para promover los aprendizajes de las y los participantes. El dominar bien el conocimiento y no tener un método pedagógico adecuado es tan negativo como lo inverso.
La vida social exige cada vez más un docente poseedor de  competencias y habilidades éticas, pedagógicas y tecnológicas,  para que pueda  aportar a la formación de los seres humanos las comunidades y el país  necesitan.
En conclusión, es necesario cuidar la formación inicial y continua de las y los docentes, de manera tal que el amor a la profesión se intensifique con su orientación altruista, humanista, servicial y el compromiso con la mejora educativa que contribuye a la formación de docentes y participantes, para aportar a la construcción de una educación que procura y promueve condiciones de vida digna para toda la población y en particular para los sectores sociales más excluidos y empobrecidos.

lunes, 2 de febrero de 2015

Duarte y su actualidad como referente ético-político

Por Franklin Pimentel Torres. 31 de enero 2015
El día de Duarte cayó este año este año en día lunes. Para algunos la fecha pasó desapercibida. Para otras personas significó simplemente una ocasión más para descansar, para tomar tragos y escuchar música altos decibles o para alargar el fin de semana. En el ámbito oficial y en el mundo de los partidos se hicieron actividades protocolares, aunque  algunas de estas personas que realizaron estas acciones tienen una práctica social, económica y político-partidaria, muy divorciada de los principios y valores que guiaron el pensamiento y la práctica ético-política de Juan Pablo Duarte, de Juan Bosch, de Francis Caamaño y demás referentes éticos.

En las últimas dos semanas algunos de los escritores más críticos como José L. Taveras (¿Duarte? Acento, 13-1-15) se han preguntado por la vigencia del legado duartiano en la sociedad dominicana:   “Duarte solo es necesario para darle un asueto más al festivo mes de enero… No sé si para los que dicen ser dominicanos el nombre de J. P. Duarte todavía les provoque alguna inspiración patriótica… dudo que quede memoria digna del patricio”. Carmen Imbert B.  (Duarte despreciado. Hoy, 26-1-15), por su parte, ha puesto en tela de juicio la permanencia del legado de Duarte en la conciencia nacional: “¿Quién sigue matando su memoria? La respuesta estremece cuando se recuerda que su única pasión fue ‘la patria libre, en paz; su única ilusión, el bien y la justicia para todos”.

Edwin Paraison, (Soy duartiano. Acento, 29-1-15), ha señalado cómo Duarte que, en algún momento fue perseguido por las autoridades haitianas por sus ideas separatistas en tiempos del presidente Charles Herard (1843-1844), valoró al pueblo haitiano y su capacidad de lucha contra el imperio francés, hasta lograr la independencia y la creación de un proyecto país: la primera república en constituirse en el territorio libre de las potencias europeas en la región de lo que es hoy América Latina y el Caribe.

El psiquiatra José M. Gómez (Duarte: sin patología para la política. Hoy, 26-1-15), desde una perspectiva de análisis psicológico, admira la integridad y la sanidad de la personalidad de J. P. Duarte, lo  que lo diferenció de sus opositores políticos: “J. P. Duarte tenía la sanidad familiar y la sanidad en la personalidad que no tenía Pedro Santana… No tenía la personalidad psicopática de Buenaventura Báez, ni su narcisismo, ni su megalomanía, ni perversidad moral ni social para repartir y robarle al Estado… Duarte no podía asesinar, robar y sembrar el terror a lo Lilís o Trujillo para llegar o mantenerse en el poder”. Y concluye diciendo el profesional de la psiquiatría: “J. P. Duarte es el político más sano y sin patología que trascendió y sigue siendo la referencia moral y política del pueblo dominicano”.

Pablo Mella (“Los Espejos de Duarte”, 2013), nos presenta los diferentes rostros de Duarte que se han presentado, respondiendo, por lo general, a los intereses de las élites económico-partidarias aliadas con las élites de las colonias europeas (España y Francia, principalmente) y de los amos del Norte (USA).

En el tiempo actual, de tanta ausencia de referentes éticos, es necesario rescatar la figura, los valores y la práctica política de J. P. Duarte. Es necesario des-empolvar su figura y rescatarla de quienes la utilizan, la manipulan para servir a  sus intereses grupales e individuales. Es hora de denunciar a quienes han hecho del Estado Dominicano un botín que se reparte, desde 1844 hasta el presente, entre los allegados a la corporación gobernante y sus aliados económico-partidarios.

Las educadoras y educadores de todos los niveles, así como las y los líderes comunitarios, las iglesias, las y los comunicadores sociales comprometidos tenemos, tenemos la tarea indelegable de ayudar a recuperar la memoria y la vida de Juan Pablo Duarte, vista desde la perspectiva del pueblo en lucha por conseguir mejores y dignas condiciones de vida.

Para no asfixiarnos por el aire enrarecido de la podredumbre ética y política del liderazgo económico-partidario de la actual realidad dominicana, es necesario oxigenar el espíritu, acudir a la memoria de Duarte y de otros líderes afines a él, para permitir el renacimiento de la esperanza y la decisión de construir un proyecto- país, económico y político, que nos permita visualizar un futuro promisorio, más allá del hastío causado por el clientelismo y el populismo barato.