Leonardo
Boff - 14 de julio de 2018
La humanidad está bajo varias amenazas: la nuclear, la escasez de agua
potable en vastas regiones del mundo, el creciente calentamiento global, las
dramáticas consecuencias de la sobrecarga de los bienes y servicios naturales
indispensables para la vida (the Earth Schoot Day).
A estas amenazas se añade otra no menos peligrosa, ya señalada por
varios analistas mundiales como los premios Nobel Paul Krugman y Joseph
Stiglizt. Recientemente un economista ítalo-argentino, Robeto Savio,
co-fundador y director general del Inter Press Service (IPS), ahora emérito,
escribió un artículo que nos debe hacer pensar, con el título: Trump
vino para quedarse y cambiar el mundo (ALAI-América Latina en
Movimiento de 20 de junio de 2018).
En él afirma que Trump no es una causa del nuevo desorden mundial. Es
más bien un síntoma. El síntoma de tiempos en que los valores civilizatorios
que daban cohesión a un pueblo y a las relaciones internacionales, quedan
simplemente anulados. Lo que cuenta es el voluntarismo narcisista de un
poderoso jefe de Estado, Trump, que en el lugar de estos valores colocó, pura y
simplemente, el dinero y los negocios. Son éstos los que definitivamente
cuentan. Lo demás son perfumerías dispensables para el dominio del mundo.
El America first debe ser interpretado como sólo
América cuenta, y sus intereses mundiales. En nombre de este
propósito, ya pre anunciado en su campaña, Trump rompió tratados comerciales
con viejos aliados europeos, la Alianza del Transpacífico y abrió una
arriesgada guerra comercial con su mayor rival a China, imponiendo recargos de
importación de productos que suman miles de millones de dólares, además de
cobrar tasas sobre el acero y otros productos a otros países como Brasil.
Es propio de figuras autoritarias y narcisistas hacer de menos a las
legislaciones. Cuando les conviene, pasan por encima de ellas, sin dar mayores
razones. Para Trump vale más la invención de «una verdad» que la verdad factual
misma. Las fakenews son un recurso presente en sus twitters.
Según Fact Schecker, desde que asumió la presidencia, ha dicho unas 3.000
mentiras. La verdad y la mentira valen para él en la medida que respaldan sus
intereses. Curiosamente, venció los principales pleitos, y tiene la aprobación del
44% de la opinión pública, y del 82% de aprobación del Partido Republicano.
No tolera críticas, y se cercó si asesores súcubos que le dicen para
todo «sí», bajo el riesgo de ser, si no, despedidos sumariamente.
Si es reelegido –lo que no es improbable–, el estilo de gobierno y la
negación de toda ética pueden tornarse irreversibles. No olvidemos que Hitler y
Mussolini también fueron elegidos y crearon sus mentiras, vendidas como
«verdades» todo un pueblo. Podemos estar frente a un mundo marcado por la
xenofobia, por la exclusión de miles y miles de inmigrantes y refugiados, por
la afirmación excesiva de los valores nacionales en desprecio de los valores de
los otros.
Tales actitudes, transformadas en políticas oficiales, pueden ser fuente
de graves conflictos, cuyo «crecimiento» puede incluso amenazar a la especie
humana. Cerca de 1300 psicoanalistas y psiquiatras norteamericanas denunciaron
desvíos psicológicos graves en la personalidad de Trump.
Cómo será el destino de la humanidad, puesta en manos de un narcisista
de este tipo, cuyo paralelo sólo se encuentra en Nerón, que se divertía
asistiendo al incendio de Roma, con la diferencia de que ahora no se trata de
un incendio cualquiera, sino del incendio de la entera Casa Común. Como es
imprevisible y a toda hora puede cambiar de posición, nos preguntamos, entre
asustados y aterrorizados, cuáles serán sus próximos pasos.
Que Dios, que se
anunció como «el apasionado amante de la vida» (Sabiduría 11,24) nos libre de
las tragedias que pueden ocurrir, dada la irracionalidad de alguien que anuncia
«un solo mundo y un solo imperio» (el imperio norteamericano).