Se hace necesario hacer cumplir la ley, emanada de la Constitución del
2010, en lo referente a separar las elecciones presidenciales de las
congresuales y municipales.
Acaban de pasar las
elecciones el pasado domingo. Todavía no se conocen todos los resultados, sobre
todo de los niveles congresuales y municipales y sí conocemos de
impugnaciones, solicitudes de reconteo de votos en algunas localidades y
celebración triunfal por parte del oficialismo. Destacan las denuncias hechas
por los partidos de oposición sobre la falta de transparencia y equidad a lo
largo del proceso preparatorio y de la celebración de las elecciones. Acusan al
oficialismo de haber tramado a lo largo del proceso para que así sucedieran las
cosas.
Después de la bulla
infernal, de la apabullante publicidad y de la compra de conciencia, voluntades
y de votos de la campaña y de conocer los acontecimientos sucedidos en la
última semana, así como en el día de las elecciones, hay algunas lecciones
éticas y políticas a asumir por las personas, los grupos y colectivos
humanos que nos negamos a aceptar que el poder económico y partidario, con
vocación de perpetuidad, pretenda vendernos como “fiesta de la democracia” lo
que ha sido un certamen dirigido y manipulado por quienes han usurpado el poder
y los recursos públicos.
Nos negamos a
aceptar que se siga vendiendo como “democracia” y como consulta popular, unas
elecciones que evidentemente han servido, en muchos de los casos, para
consolidar el poder, el ego, las actitudes autoritarias, de las mismas personas
que se han enriquecido a costa del dinero público y que han obtenido poder sin
importar los medios utilizados para esto.
Entre las
principales lecciones que podemos sacar podemos señalar:
El proceso
eleccionario consolidó el poder de Danilo Medina y su nuevo grupo
económico-partidario. Ese grupo que durante mucho tiempo fue marginado al
interno de la corporación Peledeísta, hoy es preponderante. Se trata de
un grupo voraz, con ansias desmedida de dinero y de poder. Llegó al
gobierno en el 2012, pero para eso el partido hizo un tremendo déficit fiscal.
En esta ocasión la
corporación económico partidaria en el poder ha hecho un enorme déficit fiscal,
que fundamentalmente ha sido gastado en publicidad, en compra de voluntades,
y en asfaltado de calles. Y esto a pesar de que en su ejercicio del poder
el grupo “danilista” ha querido mostrarse como diferente, presentándose
como quien maneja con transparencia algunos fondos públicos y que da
oportunidad a los negocios pequeños en las compras del Estado, y a los
ingenieros y arquitectos pobres en la construcción de escuelas. No
obstante, ha mantenido altos niveles de corrupción y la impunidad, particularmente
en las principales obras como el tema de las Plantas de carbón de Punta
Catalina, en la reconstrucción de hospitales, como el Darío Contreras y en todo
lo referente a la construcción de escuelas, entre los más significativos.
Danilo Medina y sus
aliados han “sacado” más del 60% de los votos; no obstante, aunque se trata de
un gobierno “legal”, es ética y políticamente ilegítimo; ¿por qué? Porque
muchos de esos votos son el fruto de la compra de conciencia, de votos y voluntades,
de pactos para no perseguir la corrupción como en el caso del senador por San
Juan de la Maguana y las alianzas con personas y sectores enriquecidos con
dinero proveniente de negocios relacionados con la obtención del dinero fácil:
narcotráfico, empresas evasoras de impuestos y negocios relacionados con las
bancas y las loterías.
Otro de los
aspectos que hace ilegítimo el gobierno de Danilo es que pactó impunidades y
aseguró el poder económico-partidario de legisladores del grupo
económico-partidario cuyo líder visible es Leonel Fernández, a cambio de la
reelección, la cual es ilegítima porque se impuso violando el principio ético
de no legislar en beneficio propio y de no aplicar la ley de manera
retroactiva. Éticamente es ilegítimo que quien fue elegido por una ley que
estipulaba una elección por cuatro años, sin la posibilidad de elegirse de
forma consecutiva, impusiese una ley para reelegirse y mantener el poder
hegemónico de su corporación económico-partidaria.
Esta campaña
reflejó la pérdida de votos y de adhesión de dos corporaciones partidarias que
en el pasado reciente fueron mayoritarias: el PRSC y el PRD. En estas
elecciones ambos partidos se aliaron a otras fuerzas: PLD y PRM. No obstante su
votación no pasó de un 5%. Eso indica que dichas corporaciones van perdiendo
vigencia, después de que fueron corporaciones poderosas.
El PRM, con su
equipo gestor, logró en poco tiempo articular un proyecto económico- partidario
que comienza a hacer oposición al proyecto oficialista. Su cerca del 35% de los
votos así lo confirma. Lograron, además, establecer alianzas con fuerzas
tradicionales como el PRSC y con partidos emergentes. Se convierte así en un
polo de oposición que solo el futuro dirá si sabrá utilizar adecuadamente esa
cuota de poder para aportar a los procesos realmente democráticos de la
sociedad dominicana.
Se hace urgente
seguir trabajando para lograr una ley de partidos y electoral que regule unas
relaciones de equidad entre los partidos que van a los certámenes electorales.
Particularmente se hace necesario una ley electoral que promueva la equidad en
el acceso a los medios económicos y a la publicidad y que obligue a la
transparencia y buen uso de los recursos públicos dados a los partidos.
Se hace necesario
hacer cumplir la ley, emanada de la Constitución del 2010, en lo referente a
separar las elecciones presidenciales de las congresuales y municipales.
Además es necesario que las y los regidores sean elegidos mediante voto popular
y de forma preferencial. Lo mismo se puede decir del voto por los senadores,
que no debe ser arrastrado por el voto de los diputados. Además de asegurar la
cuota femenina.
Se hace necesario
crear espacios de resistencia, indignación y creatividad en la construcción de
una nueva democracia que vaya más allá de lo representativo. Pues tal como ha
señalado L. Adames: “Cada uno de nosotros puede contribuir a crearlos desde el
pequeño espacio donde labora. El educador, fomentando el pensamiento crítico;
el comunicador, denunciando las injusticias sociales; los movimientos sociales,
organizando a los jóvenes; los movimientos culturales, cuestionando los valores
oficiales y todos, presionando para mejorar un sistema educativo que hoy día
contribuye, por su ineficacia, a perpetuar el círculo de la pobreza y de la
dependencia económica que envilece las conciencias y convierte a la democracia
en una farsa” (La perpetuación en el poder y los espacios de resistencia,
Acento, 19-5-16).
En definitiva se
hace urgente que los diferentes sectores sociales críticos, comprometidos con la
causa de las y los más débiles de la sociedad, reforcemos la articulación y la
lucha en la construcción de una sociedad realmente democrática, equitativa y
justa. Para eso será necesario fortalecer el liderazgo social, comunitario y de
los partidos comprometidos, en su ideología y en su práctica, en mantener la
indignación, la resistencia y la creatividad en iniciativas y proyectos de
educación de la conciencia popular, para añadir cada día más personas y
colectivos a la urgente tarea de la creación de otra sociedad posible.
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