La política no está
hecha de confrontación de ideas, de proyectos políticos y de lecturas
diferentes de nuestra situación de crisis, que no es solo nuestra, sino del
mundo.
En la maraña de las
discusiones actuales relativas a la corrupción hay que desvelar lo que está
oculto y pasa desapercibido a los ojos poco críticos. ¿Qué es lo que está
oculto? La voluntad persistente de los grupos dominantes que no aceptan la
ascensión de las masas populares a los bienes mínimos de la ciudadanía y
quieren mantenerlas donde siempre fueron mantenidas: al margen, como ejército
de reserva barato para su servicio.
La investigación
jurídico-policial de los delitos de Petrobras implica a grandes empresas, al PT
y también a muchos otros partidos, el PPS, el PMDB y el PSDB, beneficiados con
subsidios y propinas para sus campañas. ¿Por qué está siendo llevada de manera
que se centra únicamente en los miembros del PT? El objetivo principal parece
no ser la condena de los delitos, que obviamente deben ser investigados,
juzgados y castigados. Pero el PT no está solo en este embrollo, la mayoría de
los grandes partidos están metidos en él. ¿Cuál de ellos no recibió millones de
Petrobras y de las empresas para sus campañas? ¿Por qué el Ministerio Público,
la Policía Federal y el juez Sergio Moro no los investiga, ya que pretende
limpiar el país? ¿Alguno de esos candidatos vendió su casa de campo, su sitio o
alguno de sus bienes para financiar su campaña millonaria? Se financiaron por
la caja B, ilegal, considerada práctica corriente en nuestra democracia
de bajísima intensidad.
Es ingenuo y
engañoso pensar que estos cuerpos, incluyendo los diversos niveles de la justicia
hasta los más altos, no están imbuidos de intenciones y de ideología. Que nos
lo digan los clásicos de la ideología como Jürgen Habermas y Michel Foucault
que demostraron que no hay ningún espacio social inmune a intereses, y por eso
al discurso de la ideología, y que no se mueva por algún propósito. Es propio
del discurso ocultador de los golpistas enfatizar la completa independencia de
estas instancias y su carácter de imparcialidad. La realidad del pasado y del
presente revela otra cosa muy distinta.
Un determinado
propósito ideológico de los órganos de poder vinculados al poder policial,
jurídico y de las supremas cortes articulados con medios de comunicación
privados de ámbito nacional, de reconocido carácter conservador cuando no
reaccionario y antipopular, serviría de nexo de unión entre todos ellos con la
intención de garantizar cierto tipo de orden que siempre los benefició y que
ahora con el PT y aliados ha sido puesto en jaque.
¿Por qué el intento
sistemático de desmontar la figura de Lula, llevado bajo coerción a declarar en
la Policía Federal, después de haberlo hecho tres veces antes? Es el deseo
perverso de destruirlo como referencia para todos aquellos que ven en él el
político venido de lo más profundo de nuestro país, sobreviviente del hambre,
que finalmente, con su carisma, llegó al centro del poder. Él consiguió la cosa
más importante para una persona: su dignidad. El pueblo siempre había sido
considerado por los dueños del poder como plebe, ignorante y sobrante. Sufrido,
se cansó de ver frustrada su esperanza de mejorías mínimas. La conciliación
entre las clases, tónica de nuestra sociedad política, siempre se hizo para
allanar el camino de los grupos poderosos y negar beneficios al pueblo. Con el
PT hubo una inflexión en esta lógica excluyente.
Ahora se hace
visible el propósito de las clases que no aceptan haber sido un día apeadas del
poder. Quieren volver a cualquier coste. Se dan cuenta de que por la vía
electoral no lo van a conseguir debido a la mediocridad de sus líderes y a la falta
de un proyecto que devuelva esperanza al pueblo, lacayos que son del poder
imperial globalizado. Quieren conseguirlo manipulando las leyes, suscitando
odio e intolerancia como nunca antes la había habido en esta proporción en
nuestra historia. Es la lucha de clases, sí. Este tema no es algo del pasado.
No es invención. Es un dato de la realidad. Basta ver lo que se dice en los
medios sociales. Parece que se abrió la boca del infierno para las palabrotas,
la falta de respeto, la voluntad de demonizar al otro.
La política no está
hecha de confrontación de ideas, de proyectos políticos y de lecturas
diferentes de nuestra situación de crisis, que no es solo nuestra, sino del
mundo. Es algo más perverso: es la voluntad de destruir a Lula, de liquidar al
PT y ponerlo contra el pueblo. Temen que Lula vuelva para completar las
políticas que fueron buenas para las grandes mayorías y que les dieron
conciencia y dignidad. Lo que los dueños del poder más temen es a un pueblo que
piensa. Lo quieren ignorante para poder dominarlo ideológica y políticamente y
asegurar así sus privilegios.
Pero no lo
conseguirán. Son tan obtusos y carentes de creatividad en su hambre de poder
que utilizan las mismas tácticas de 1954 contra Vargas o de 1964 contra Jango
(João Goulart). Se trataba siempre de detener las demandas del pueblo por más
derechos, lo que suponía reducción de los privilegios y una mejora de la
democracia. Pero los tiempos han cambiado. No van a prosperar porque ya hay una
acumulación de conciencia y de presión popular que los llevará al ridículo, a
pesar de sus portavoces mediáticos, verdaderos “escarabajos peloteros”, que
recogen lo peor que encuentran para seguir mintiendo, distorsionando,
inventando escenarios dramáticos para desfigurar la esperanza popular y así
lograr su retorno por la fuerza y no por los derechos democráticos.
Pero, “No, no
pasarán…”
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